DEVOCIONAL DEL MARTES 09 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 09 DE JUNIO:

TITULO: CON GOZO INEFABLE JESÚS SUFRIÓ LA MUERTE.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que Jesús, a pesar de su tristeza y angustia que pasó por saber que moriría dolorosamente, al mismo tiempo sintió gozo de saber que por su muerte los elegidos de su Padre celestial serían salvos.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Hebreos 12:1-2.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Es normal que nos sintamos gozosos por anticipado tan solo con imaginarnos del resultado favorable o positivo que esperamos conseguir de nuestros proyectos de trabajo. Pero, no es común que estemos planeando y gozándonos de lo bueno que será nuestro trabajo pensando que sería mejor si morimos antes. Incluso, no siempre planeamos resultados para después de nuestra muerte, excepto que dejaremos una casa y algunas propiedades más como herencia, pero todo ello lo tuvimos, generalmente solamente porque nos fue necesario para nuestros planes de vida; pues, por ejemplo, no estamos planeando sembrar un árbol para que dentro de 10 años o más, nuestros hijos o quizá nietos puedan cosechar de sus frutos.  Nos sentimos gozosos más por lo que pensamos que podemos lograr mientras vivimos, que por lo que podemos dejar cuando ya no estemos aquí.  En el caso de nuestro texto de este devocional, nos dice que: “Jesús, … por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz” (Hebreos 12:2).

   No podemos negar que en su naturaleza de humano, no le fue fácil pensar que la muerte sería el punto culminante de su ministerio con el que estaría logrando la salvación eterna de los elegidos de su Padre celestial. Le fue mucho más difícil cuando el momento estaba cada vez más cerca.  La noche anterior de su crucifixión, entendiendo que estaban a punto de arrestarle para llevarle a juicio, les dijo a sus discípulos: Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).  La NVI traduce esto diciendo: “Es tal la angustia que me invade, que me siento morir (Mateo 26:38, NVI).  La DHH dice: Siento en mi alma una tristeza de muerte” (Mateo 26:38). La TLA dice: “Estoy muy triste. Siento que me voy a morir” (Mateo 26:38, TLA). En todos los casos, es evidente que la experiencia de la muerte que le esperaba, le causaron una profunda tristeza y angustia.  Luego, de expresarle su estado de ánimo a sus discípulos, se puso a orarle a su Padre celestial diciéndole durante de dos a tres horas: “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. /…/ Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu voluntad (Mateo 26:39b, 42, NVI). Así se la pasó diciendo: “si es posible…”, y “si no es posible…”; “si es posible…”, y “si no es posible…”; pero a pesar de expresarle su sentir a su Padre divino, siempre le dijo: “lo que quieras tú”, “hágase tu voluntad”.

   A pesar de su sentir de tristeza y angustia, había algo que le apasionaba: “el gozo puesto delante de él”, no gozo por la muerte que no le sería posible evitar, sino gozo por lograr el perdón y la salvación de los elegidos de Dios.  Ese fue su motivo profundo por el que a pesar de su tristeza, angustia, y agonía, también con gozo: “sufrió la cruz”, o sea, “soportó la cruz” (NVI, DHH) hasta la muerte.  Cuando casi al final del versículo 2, el apóstol que escribió estas palabras, al aplicar la expresión de que “por el gozo… (Jesús) sufrió la cruz”, dice que esto los hizo: “menospreciando el oprobio”, o sea, “sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte” (TLA).

   Amados hermanos, si Jesús en su dolor emocional y espiritual, antes de morir también vislumbró el gozo de ver salvos de la condenación a los elegidos de Dios, ¿por qué no gozarnos nosotros también por la decisión que Jesús tomó de someterse a la voluntad de su Padre celestial de que solamente por su muerte, nosotros tendremos salvación y vida eterna?  Si Jesús, finalmente hubiese decidido salvar su vida sin morir por los pecadores elegidos por Dios para salvación, no habría en ningún otro lugar del universo, ni en el cielo, ni en nuestro mundo, que pudiese pagar por nuestra salvación, y nos hubiésemos quedado condenados para siempre. Solamente Jesús reunía en su persona los requisitos para conseguir de Dios nuestro perdón y salvación eterna.  Por supuesto, que Jesús jamás hubiese decidido que no nos haría este gran y eterno favor, pues habiendo una elección divina de por medio, el trabajo divino no podría quedar truncado, sino que tenía que concluirse exitosamente; y así ocurrió.  ¿No es esto motivo para gozarnos con el mismo gozo que ahora Jesús tiene por haber conseguido nuestra salvación?  Claro que suficiente motivo tenemos para gozarnos en Jesús.  Por eso el apóstol Pablo, les dijo a los Filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

  • CANTEN LA ALABANZA: “POR MI MURIÓ » (Marco Barrientos).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

  Bendito Dios de gozo, muchas gracias por haberle dado a tu hijo Jesucristo la visión de salvar a tus elegidos mediante la muerte.  Antes que cualquier obstáculo, lo primero que tuvo por gozo, es hacer todo lo necesario para nuestra salvación, y lo hizo, y nos salvó.  Sufrió la muerte por la gran culpa de Adán, y por nuestras propias y demasiadísimas e incontables culpas de pecados cometidos.  Hoy, al estar él sentado nada menos que al lado derecho de tu trono, está tan feliz, tan gozoso como tú lo estás, compartiendo tu gozo eterno hasta delante de tus mismos ángeles, por vernos salvados nada menos que por su obra redentora.  La vergüenza que él pasó delante de la gente que le vio morir como si fuese un delincuente, ahora, desde que tú le resucitaste, se goza eternamente de ser con todo derecho nuestro eterno Señor y Salvador. Ahora, te pedimos que tu gozo, y el gozo de tu Hijo, sea aplicado permanentemente en nuestra vida por tu Espíritu Santo.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo.  Amén.

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