DEVOCIONAL DEL LUNES 15 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL LUNES 15 DE JUNIO:

TITULO: LA PAZ DEL CREYENTE INDICA QUE HA SIDO JUSTIFICADO POR DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que el Espíritu Santo de Dios produce fe en nosotros para poder creer en Jesucristo, y entonces, Dios el Padre nos justifica como si nunca hubiésemos pecado, y entonces por ello “tenemos paz para con Dios”.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 5:1-2.

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;

por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   El apóstol Pablo algunas veces se refirió a Dios como “el Dios de paz” (Romanos 15:33; 16:20; Filipenses 4:20; 1 Tesalonicenses 5:23). Igualmente, el que escribió a los hebreos le llama “el Dios de Paz” (Hebreos 13:20). Pero, Dios, no solamente es “Dios de paz”, sino que por ser santo también aborrece el pecado, por ser justo debe aplicar sin excepción la pena que la falta de cada quien debe recibir. Su propia naturaleza santa, justa, y perfecta hace que él justamente tenga que tomar acciones de ira, y castigo contra el pecado.  Es por eso que con acción no de paz, pero que resultaría en paz, al haber Adán pecado de desobediencia, Dios le sacó del Edén, y ordenó quién sabe a cuántos querubines”, y puso en el acceso “una espada encendida que se revolvía por todos lados” (Génesis 3:24). Esto no se ve ni es pacífico.  Pero, eso fue lo menos que expresó Dios contra ellos, porque lo que realmente debió aplicar en ellos es la muerte física inmediata. Gracias a la paz de Dios, él no los mató, pero desde entonces se hizo necesario que alguien muera en lugar de él, y ese suplente sería nada menos que el propio Hijo de Dios.

   En la mente de Dios, desde aquel principio del pecado, su Hijo ya había sido inmolado. En la visión apocalíptica que tuvo el apóstol Juan, el Hijo de Dios, ilustrado como un Cordero “fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8).  La ira de Dios por tan solo un pecado, se descargó desde el principio de la creación sobre el Cordero de Dios.  Esto no fue paz para el Hijo de Dios, pero resultó en paz de Dios para el ser humano, y por ello el ser humano obtuvo “paz para con Dios” por medio del Hijo, el Cordero “inmolado”. Obviamente, la aplicación visible de la ira de Dios contra su Cordero, su Hijo, ocurrió en el año 33, todo ello solamente por un pecado cometido por Adán.

   Esta “paz para con Dios”, derivado no de ser humano alguno sino de “el Dios paz”, está garantizada para aquellos por quienes Jesús el Cordero, el Hijo de Dios “fue inmolado”, sin embargo, no es automático que uno ya esté en “paz para con Dios”. Es necesario creer que Jesús es el Hijo de Dios, y que en su muerte él tomó nuestro lugar para pagar tanto la culpa de Adán como nuestras propias culpas.  Quien cree en él, recibe todos los beneficios que corresponden al plan de salvación contra la condenación.  El apóstol Pablo especifica que esta “paz para con Dios” requiere de tener fe, o sea, creer, en Jesús.  Él dice: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).  Pero, gracias a la fe en Jesucristo, lo primero que ocurre en las personas que creen es que son: “Justificados”.  La justificación, aunque requiere de la fe de una persona, es un acto de la libre gracia de Dios, por el cual él perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de él: mas esto solamente en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada, y que recibimos por la fe únicamente” (Cat. Menor. Resp. 33).  Creer en Jesucristo no es un acto y proceso sin beneficio.  Dios nos declara justos como si nunca hubiésemos cometido un solo pecado, entonces, por ello, Dios ya no nos ve con ira, sino con amor como a hijos obedientes.  Esto hace que nosotros tengamos “paz para con Dios”.

   Los dos versículos apostólicos de nuestro devocional, indican que lo esencial que debemos tener es fe; luego, pero en realidad al mismo momento que usamos la fe en Jesucristo, somos “justificados”; luego, por haber sido justificados, el siguiente beneficio es que “tenemos paz para con Dios”; y luego, por eso mismo “tenemos entrada por la fe a esta gracia” (del evangelio, de pertenecer al reino de Dios).  Ya no hay ira de Dios para los que creemos en él, “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:9), pues la ira de Dios no es para nosotros sino para los hijos de desobediencia, o sea, para los que no creen en Jesucristo (cf. Efesios 5:6; Colosenses 3:6).  En todo esto, quiero enfatizar que cuando el apóstol Pablo dice a los Gálatas: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, PAZ, paciencia, benignidad, bondad, FE (Gálatas 5:22ss), el Espíritu Santo es quien aplica entre otros beneficios divino, tanto la “fe” como la “paz”.  Tanto esta fe como esta paz que primero es “para con Dios”, al ser producidos por el Espíritu Santo en la vida de una persona, tal persona puede sin impedimento alguno iniciar y guardar una relación espiritual eterna de comunión con Dios desde ahora.  Gracias a la gracia de Jesucristo, y a la obra del Espíritu Santo de producirnos “fe”, Dios el Padre nos justifica, y luego el Espíritu Santo sigue fortaleciendo en nuestra vida la paz que seguimos necesitando tanto para con Dios como para con nuestro prójimo, y para nuestra propia vida.

  • CANTEN EL HIMNO: “DIOS DESCENDIÓ» No. 292.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Bendito Dios santo y justo, pero también “Dios de paz”, que merecemos ser castigados con la muerte física inmediata desde que heredamos el pecado, es decir, que no merecimos ni siquiera comenzar a vivir.  Muchas gracias, porque no nos aplicaste tu ira, ni lo has querido aplicar ahora, y ya no lo aplicarás nunca contra nosotros. Muchas gracias por haber provisto para nosotros, que tu propio Hijo unigénito sea en quien descargaste toda tu ira, cobrándole a él, el pecado de todos nosotros.  Muchas gracias porque por haber tu Hijo aceptado dar su vida por nosotros los pecadores, él consiguió que nosotros tengamos paz contigo. Y muchas gracias también porque tu Espíritu Santo produjo en nosotros la fe necesaria para obtener tu paz, y sigue produciendo en nosotros no solamente más fe, sino también más paz para contigo, para con nuestro prójimo, y para nuestra vida personal.  Te pedimos que tu Espíritu Santo continúe ahora y siempre, dándonos fe y más paz.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, Amén.

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