DEVOCIONAL DEL LUNES 22 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL LUNES 22 DE JUNIO:

TITULO: LA PACIENCIA INDICA GRANDEZA DE ENTENDIMIENTO.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que la paciencia es un fruto del Espíritu que se alimenta con el conocimiento del evangelio que renueva y acrecienta nuestro buen entendimiento acerca de cualquier circunstancia.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Proverbios 14:29.

29 El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   A simple vista nuestro texto parece no hablar de paciencia sino del contraste entre la ira y el entendimiento, y de la consecuencia de la impaciencia que conduce a la necedad; sin embargo, habla de la paciencia en contraste con la impaciencia.  La paciencia que será el tema esencial de este artículo devocional se encuentra incluida en la expresión: “el que tarda en airarse” con la cual describe a una persona paciente.    La Nueva Versión Internacional traduce esta misma frase refiriéndose a: El que es paciente” (NTV); y la versión Dios Habla Hoy también describe a la persona con tal carácter como alguien que es: “paciente”.

   Pero, considerando la paciencia con respecto al área de la ira, es bueno comprender primero qué diferencia hay entre el enojo y la ira.  El enojo es el primer grado con el cual uno siente que la actitud de alguien, o la expectativa que uno tenía acerca de algo, no es como uno lo esperaba; pero, la ira es llegar (todavía no pasar), sino llegar al límite del enojo hasta su grado máximo permitido. Se excede de la ira cuando el enojo de uno se convierte en actitudes y acciones generalmente inapropiadas, fuera de lugar, que entonces ya se convierte en pecado.  Es a esto que el apóstol Pablo se refirió cuando le dijo a los Efesios: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo (Efesios 4:26).  Uno se puede enojar un poco o mucho y uno no peca si uno no peca con malos pensamientos contra el prójimo, y si uno no agrede con palabras e incluso con golpes a terceras personas. Para no llegar a cometer estos actos bárbaros, es necesario tener “PACIENCIA”.  Según nuestro proverbio, la paciencia implica no airarse pronto; es decir, es necesario aprender a controlar el enojo.  No significa que uno no pueda legítimamente enojarse, sino que uno no necesita llegar al grado de la ira, porque entonces, uno se está exponiendo al grado de pecar.  Para esto, se necesita “paciencia” para controlar el enojo, para considerar si vale la pena llegar al grado de la ira o no. La paciencia es un recurso del poder de Dios para evitar la comisión de algún pecado. El que no tiene este recurso, el que no es paciente, sino que es impaciente dice nuestro proverbio que: “el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad”.  Esto es lo que nosotros no debemos hacer; no debemos enaltecer la necedad.

   Para no enaltecer la necedad, el proverbista dice que “el paciente” (NVI), “el que tarda en airarse es grande de entendimiento”.  El entendimiento está involucrado para ser paciencia. Hay que ser entendidos, pues quien no procura primeramente entender el porqué de muchos problemas, conflictos, o circunstancias, inmediatamente lo convierte en un mal entendido, y reacciona conforme a su mal entendido.  Esto le puede pasar a cualquier persona, sin embargo, si primeramente procuramos acrecentar nuestro entendimiento del porqué suceden las cosas en nuestro entorno, entonces seríamos más comprensivos, menos preocupados, menos enojados, y menos airados, sino más pacientes, pues la paciencia requiere que uno sea “grande de entendimiento”.  Esto es lo que muchas veces nos hace falta, pero podemos mejorar en ello.

   Pero, con respecto del tener paciencia, hay que tener cuidado de no tener una paciencia imprudente y no enojarse cuando es necesario, como decía el teólogo Agustín de Hipona: quien no se irrita, cuando hay causa para ello, peca: la paciencia imprudente fomenta los vicios, aumenta la negligencia e invita a obrar el mal” (La ciudad de Dios, 105); y tiene razón.  Sería imprudente, por ejemplo, si un padre no se enojara contra la irresponsabilidad de su hijo que en la escuela no tiene buenas calificaciones, que en la casa pelea con sus propios hermanos, o que no quiere ayudar en los quehaceres de la casa. No sería pecado enojarse por todo ello, porque de fondo ese enojo no es motivado por una causa pecaminosa que surge del propio corazón pecaminoso de un padre, sino que el motivo surge del amor que el padre le tiene a su hijo, evitando con ello que su hijo no caiga en el vicio de la irresponsabilidad para estudiar, de la pereza para no contribuir en los deberes propios del hogar.  Este es un padre que controla su enojo con la paciencia y con el amor que Dios siembra mediante “el fruto del Espíritu” Santo (cf. Gálatas 5:22), en el corazón de los que somos creyentes.

   Pero, para concluir, observen que solamente el “grande de entendimiento”, puede poner en práctica la paciencia responsable y consciente.  Usted, ¿se considera “grande de entendimiento”?  Talvez usted nunca se había autoevaluado desde esta perspectiva, pero no creo que usted no tenga grandeza de entendimiento.  Nuestra manera correcta de pensar acerca de todo, es importante.  Por eso el apóstol Pablo les dice a los romanos: “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2).  El entendimiento que es renovado con el evangelio, se refleja en una vida transformada con muchas virtudes, entre ellas con el tener paciencia, porque el entendimiento del evangelio nos enseña a ser pacientes.

  • CANTEN LA ALABANZA: “ESPERAR EN TI” (Jesús Adrián Romero).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Padre paciente, que eres “lento para la ira, y grande en misericordia”1, y que quieres que seamos como tú, danos por medio de tu Espíritu Santo el fruto de la “paciencia”.  Lo necesitamos para actuar sin precipitaciones ni necedades2.  Transforma nuestras impaciencias en paciencia como la tuya, para no agredir ni en palabras ni con violencia a nadie, ni de nuestra familia, ni de nuestros hermanos en la fe, ni de la gente en general.  Señor, pero ayúdanos a aprender siempre tu voluntad por medio del conocimiento de tu evangelio, que es el primer paso para crecer en buen entendimiento de toda realidad.  Te lo pedimos para que seamos correctamente pacientes.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo.  Amén.

1.- Salmo 86:15; 103:8; 145:8.                   2.- Proverbios 14:29.

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ESTÉN PENDIENTES DE LOS DEVOCIONALES DE CADA DÍA.
 

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