DEVOCIONAL DEL MARTES 30 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 30 DE JUNIO:

TITULO: LA BENIGNIDAD EVITA HACER MAL A OTROS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que Jesús es nuestro ejemplo de benignidad, lo cual podemos poner en práctica a favor de los demás, porque el Espíritu de Dios produce en nuestra vida la benignidad que Jesús practicó.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: 1 Pedro 2:1-3.

Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,

desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

(El original de este escrito utiliza letras griegas que no pueden ser visualizados en esta página. Solamente se ven como signos ????????’)

   Trataremos este texto de una manera especial, no de manera hilativa de principio a fin, sino al revés, del fin al principio.  El conjunto de estos versículos es una sola oración gramatical debido a que desde su inicio en el versículo 1, no hay un punto y seguido, ni punto y aparte, sino hasta el final del versículo 3, lo que hace necesario que señalemos en sus partes qué es lo más relevante y principal en todo lo que dice.  Es muy claro y es justo y correcto señalar que el verbo clave en esta larga oración gramatical, es el verbo desear expresado en imperativo, diciendo: “desead…” (v. 2a); sin embargo, el tenor general de todo lo que dice esta oración gramatical, hace necesario considerar la última frase como la realmente más relevante, que incluso por ello está enunciada en el versículo 3, muy apropiadamente como un versículo totalmente independiente del versículo 2. Se trata de las palabras: “si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (v. 3).  Estas palabras, son la condición para que se pueda cumplir todo lo anterior, por lo que tenemos que entender primeramente a qué se está refiriendo el apóstol Pedro con la expresión “habéis gustado la benignidad del Señor”.

   La “benignidad del Señor”, puede tener un aspecto general que consiste en que Dios o su Hijo tienen una voluntad muy propia de su naturaleza de querer dar al ser humano toda clase de bendiciones, como, por ejemplo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45); sin embargo, “la benignidad del Señor”, tiene un aspecto específico muy especial que consiste en haber tenido la voluntad que nace no por alguna fuerza externa a su naturaleza que le obligue, sino de su propio corazón, con la cual aun siendo Dios decide entrar en acción haciéndose también humano al mismo tiempo, para ponernos a cuenta con la justicia divina que exigía que alguien pague por la culpa de nuestros pecados que nos hacía indignos de tener acceso a Dios. Su benignidad especial, consistió en haber nacido humano; en haber enfrentado peores tentaciones del mismo diablo que tentó a Eva y a Adán, y les hizo pecar, pero que al Señor Jesús no le hicieron pecar; en haber muerto por la injusta pena de crucifixión que por cierto le fue impuesta de manera injusta.  Por todo esto, Jesús hizo una labor que solucionó el problema de la condenación eterna de todos los elegidos de Dios el Padre, para que quienes, creyendo en Jesús, en vez de condenación eterna, reciban salvación y vida eterna.  A esto se refiere el apóstol Pedro, cuando hablar de “la benignidad del Señor”.

   Pero la frase completa de este complemento gramatical, dice: “si habéis gustado la benignidad del Señor”.  La condición “gustado”, a observar no en español, sino en la palabra griega ??????? usada por el apóstol Pedro, es la misma usada por el apóstol Juan en su relato con respecto a su relato de una boda en Caná de Galilea, a la que asistió Jesús al principio de su ministerio, y en la que Jesús convirtió el agua en vino.  Al respecto, relata el apóstol Juan que “… el maestresala ???????? (probó) el agua hecha vino” (Juan 2:9).  Esto nos ayuda a entender que el haber “gustado la benignidad del Señor” al que se refiere el apóstol Pedro, no consiste solamente en tener un conocimiento meramente intelectual de su benignidad, sino que se trata de una experiencia que se siente, tal como se prueba algo y que es percibida sus propiedades por nuestros sentidos.  Y este ‘gustar’ de “la benignidad del Señor”, es algo que no termina al momento de haber comenzado como si fuera una prueba espontánea y final, sino que es una prueba que se experimenta todos los días durante toda la vida.

   En este contexto, el apóstol Pedro, está diciendo que “si habéis gustado de la benignidad del Señor” (v. 3), “DESEAD como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (v. 2). La “leche espiritual no adulterada” se refiere a la palabra de Dios revelada en la pureza del evangelio, que debe ser deseada por el que experimenta en su vida “la benignidad de Jesús”.  Con el aprendizaje, conocimiento y vivencia de la palabra de Dios, es que uno crece en la vivencia de la experiencia de salvación que un creyente, literalmente ya ha recibido.   Pero, el énfasis final de todo esto es, que para desear la palabra de Dios, la cual solamente es posible si uno ha aceptado “la benignidad del Señor”, hay una decisión especial que uno tiene que tomar, y que es explicado por el apóstol Pedro en el versículo 1, en el que en conexión con el versículo 2, dice: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, / desead, … la leche espiritual no adulterada, …” (1 Pedro 2:1-2).

   En todo esto, queda claro que habiendo experimentado y estando experimentando “la benignidad del Señor”, debemos desechar de nuestra vida todo aquello que impide que también nosotros seamos benignos con los demás. “… toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones” (v. 1), Desechando de nuestra vida todas estas cosas, podemos evitar hacer mal a los demás, y al contrario podemos ser benignos con ellos.  Esta solamente es una breve lista a manera de ejemplo, pues realmente debemos desechar de nuestra práctica, todo aquello que nos impide ser benignos con los demás.

  • CANTEN EL HIMNO: “UN MANDAMIENTO NUEVO OS DOY” (No. 404).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Bendito Dios, cuando estaba segura nuestra condenación eterna, y no había nadie capaz de evitar que no pasemos por esa tragedia eterna, tu Hijo, quien siendo Dios juntamente contigo, y no tenía culpa de nuestra condición y destino de condenación, su benignidad fue mayor que sus funciones naturales como Dios celestial.  Reconocemos que por su benignidad vino a dar su vida por nosotros, para librarnos de la condenación eterna que era tan segura, pero que por su muerte expiatoria de la que salió victorioso sobre la muerte, siendo resucitado por el poder de tu divinidad en él, ahora nuestro destino, gracias a su benignidad, es tu gloria eterna, nada menos que contigo y con él. Ayúdanos a tener su actitud de benignidad en todos nuestros tratos con nuestros semejantes comenzando con nuestra propia familia, y con nuestros hermanos en la fe.  Te lo pedimos en el nombre de tu benigno hijo Jesús. Amén.

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