DEVOCIONAL DEL SÁBADO 04 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 04 DE JULIO:

TITULO: LA BONDAD HACE SIEMPRE EL BIEN.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que la práctica de “la bondad” que nos corresponde a los creyentes, consiste en evitar hacer toda clase de mal a los demás, y en vez de ello, hacer toda clase de bien sin condición alguna.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: 1 Pedro 3:8-12.

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;

no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.

10 Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; / 11 Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. / 12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal (cf. Sal. 34:12-16).

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Observen en la frase final del versículo 9 de nuestro texto, que el apóstol Pedro, para animar a creyentes en Jesucristo que tengamos actitudes dignas de la vivencia del evangelio, apela al conocimiento de la gracia de Dios que debemos tener sino desde el momento de haber creído, pero sí pronto, demostrando interés de conocer o saber más acerca de la gracia del evangelio.  La razón que el apóstol Pedro indica como razón esencial por la que como creyentes en Jesucristo debemos practicar las mejores actitudes en nuestras relaciones y en nuestro trato con toda persona, es “sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (v. 9e). En otras palabras, si los creyentes somos en realidad herederos de la bendición especial de la salvación eterna desde ahora, y porque teniendo el conocimiento de que somos llamados para que heredemos bendición, estando así garantizado que para la eternidad disfrutaremos de toda bendición divina, no tenemos ninguna razón para no actuar bien o con bondad para con todas las personas, aunque ellas no nos traten de manera correcta.

   Aunque nuestro texto de este momento, no menciona la palabra bondad, la petición que él apóstol hace al decir: sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; / no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:8-9), son elementos de una vida que practica la bondad. Dios es bueno, Jesús es bueno, precisamente porque en su bondad manifiestan estos elementos en su trato con la humanidad. Jesucristo durante su ministerio, nos dice San Mateo que: “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36); y hasta sus adversarios le llamaron “amigo de publicanos y pecadores” (Mateo 11:19). Y hasta el mismo apóstol Pedro que fue testigo de la vida y bondad de Jesús, dice de él en su misma primera epístola: “padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; / el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; / quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:21b-23).  Está diciendo como cuando Pablo escribió a los filipenses: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5), solamente que Pedro, en este caso enfatiza que Jesús practicó todas las formas y maneras la bondad divina con las personas con quienes trató, sin importar cómo ellos le hayan tratado a él.  Esto es lo que Dios espera que también nosotros pongamos en práctica desde el momento que uno cree en su Hijo Jesucristo.

   Como un ejemplo histórico de cómo uno debe responder con bondad a las personas que nos ofenden como elegidos e hijos de Dios, el apóstol Pedro, cita en los versículos 10 al 12, el Salmo 34:12-16, cuyo contexto tiene que ver con David quien se veía afectado por su suegro el rey Saúl quien le había ocultado a su esposa, y por huir de él, no tenía dinero, comida, y se encontraba por ello, lejos hasta del resto de su familia.  Se encontraba en aquellos momentos, escondido en la Cueva de Adulam (cf. 1 Samuel 22:1-2), hasta que después de un tiempo su padre, sus hermanos, y una gran cantidad de otras casi 400 personas que también eran perseguidos por el rey Saúl llegaron a acompañarle en la cueva.  Es relevante saber que a pesar de que a pesar del asedio en el que se encontraban todos ellos, incluyendo a David, él no les aconsejó a hacer lo malo, sino que les dijo: Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré (Salmo 34:11).  Dos veces según el texto citado por Pedro, y como se puede verificar directamente en el Salmo 34:12-16, David les anima que eviten que hablar con mal, y actuar con mal.  Les dice: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; / Apártese del mal, y haga el bien; …” (1 Pedro 3:10-11a).  Por más ofendido que sea una persona, cuando tiene temor de Dios en su vida, uno puede hacer “el bien”, o sea, actuar con bondad.

   Amados hermanos, igualmente nosotros podemos evitar hacer mal a nuestros semejantes con nuestras palabras, actitudes, y acciones, porque el Espíritu de Dios que mora en nuestros corazones (cf. Romanos 8:9,11; 1 Corintios 3:16; 2 Timoteo 1:14; Santiago 4:5), además de producir en nosotros: Amor, gozo, paz, paciencia, y benignidad, también produce en nuestra vida la “bondad” (cf. Gálatas 5:22), con la cual podemos ser como dice el apóstol Pedro: “compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; / no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo”, sin importar cómo sea el trato que ellos nos den a nosotros.

  • CANTEN EL HIMNO: “QUIERO DE CRISTO MÁS SABER” (No. 362).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Bendito Dios, tú nos tratas no con mal sino con bondad.  A tu Hijo Jesucristo, le trataron con mal pero nunca respondió con mal sino con compasión, amistad, y bendición, es decir, siempre con bondad. Muchas gracias porque siendo esta virtud una de las que con más dificultad practicamos, por causa de que es más fácil hacer el mal que el bien, tú no nos dejas incapaces de ser bondadosos, sino que tu Espíritu Santo produce en nuestra vida, entre otras virtudes, también la bondad. Recordando ahora que el apóstol Pedro dice que debemos evitar hacer el mal y a cambio hacer el bien: sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición, Señor, ayúdanos a practicar la bondad, en el nombre de tu Hijo Jesús. Amén.

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