DEVOCIONAL DEL MARTES 07 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 07 DE JULIO:

TITULO: POR MEDIO DE LA AUTÉNTICA FE HAY SALVACIÓN.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que “la fe” auténtica, es un don de la gracia de Dios, que Él otorga previo al momento para que tengamos la capacidad de creer en Jesucristo, y así recibir en él, nuestra salvación eterna.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Efesios 2:8-9.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

no por obras, para que nadie se gloríe.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Está bien claro que la salvación de una persona ocurre no de manera colaborativa en el que Dios hace una parte y el ser humano hace su propia parte.  Aunque así pareciera, en realidad no es así, porque la fe de la cual habla el apóstol Pablo en estas palabras no se trata de algún esfuerzo con el cual los seres humanos contribuyamos a la gloriosa salvación que ya gozamos los que creemos en Jesucristo.  Para entender estas palabras con mayor claridad, es necesario observar el contexto en el cual el apóstol escribió estas palabras. Necesitamos comenzar nuestro análisis desde el primer versículo de Efesios 2 en el que leemos que: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).  Aunque el apóstol está usando un lenguaje figurado y comparativo, la ilustración es muy clara evidenciando que si quienes recibimos la vida que Dios da, estábamos en condición de muertos, entonces, estando muertos ¿qué acción pudimos haber hecho?  La respuesta es: Ninguna. En todo caso el que llevó a cabo toda la acción para darnos vida es Dios.

     Luego, en el bloque de versículos 4 al 7, donde relata que por lo menos Dios hizo cuatro cosas “para con nosotros”, dice que: “… Dios, … NOS amó, / … NOS dio vida / … NOS resucitó, y … NOS hizo sentar en los lugares celestiales” (Efesios 2:4-7), la pregunta es: ¿y qué nos tocó hacer?  La respuesta es: Nada.  Y la razón es obvia, porque no teníamos vida.  Estábamos muertos, y nos tuvo que resucitar.  Todo tuvo que ser su obra divina.  Incluso acerca de todo lo que sigue después de habernos dado vida, tampoco será por nuestras acciones, pues desde el momento que “NOS dio vida”, que “NOS resucitó”, también “NOS hizo sentar en los lugares celestiales”.  Pero, alguien dirá que no entiende esto porque en su experiencia solamente sabe que se sienta en su casa, en el transporte, en el trabajo, en lugares públicos, pero nunca se ha visto sentado en el cielo.  Lo que el apóstol está diciendo con esto, es que hasta el último detalle de la salvación que Dios otorga al ser humano, está garantizado desde ahora, que así se cumplirá en la eternidad, afirmando que quien hace esto es Dios, y no el ser humano, aunque este se haya declarado creyente en Jesucristo. Es por esto que entre los versículos 4 al 9, en dos ocasiones el apóstol recalca que: “por gracia sois salvos” (cf. vv. 5, 8); y en tres ocasiones menciona que todo lo que Dios hace para salvar a una persona, es “con Cristo” (cf. vv. 5, 6), o “en Cristo” (cf. v. 7).

   En los versículos 8 y 9, la base para nuestro devocional de este momento, San Pablo recalca por segunda vez que “por gracia sois salvos”, pero añade lo que no había dicho antes: “por medio de la fe” (v. 8a).  En la frase siguiente cuando explica: y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (v. 8b), se refiere primeramente a que la salvación no nos ocurre por causa de alguna obra humana que nosotros llevemos a cabo, sino que la salvación “es don de Dios”.  Pero como “la fe” tiene que ser parte de este fenómeno divino de la salvación de un pecador, pero que no puede ser fe alguna insuficiente que provenga del mismo ser humano, entonces “la fe” necesaria, también tiene que ser un “don de Dios”; y de esto se encarga el Espíritu de Dios, quien no solamente da fe para no vivir conforme a los deseos de la carne (cf. Gálatas 5:19-22), sino también fe para iniciar esta nueva vida que dio da.  Esto implica que, para que Dios de vida espiritual a un pecador muerto en sus delitos y pecados, primero le dona la fe, y cuando el pecador use esta fe para creer en Jesucristo, entonces es cuando recibe de Dios la vida, la resurrección espiritual, y todos los demás beneficios de la salvación.

  Quiero recalcar también que, aunque “la fe” es un “don de Dios”, esta fe no salva a ninguno de los pecadores que la usan, porque aunque Pablo dice que la salvación por gracia es “por medio de la fe”, quien salva es Jesucristo, y no la fe por sí misma.  Es así como la salvación, dicho ya bien claro por Pablo en dos ocasiones, es “por gracia” (cf. vv. 5, 8); y “la fe”, es parte de la gracia de Dios que también Él da previo al momento de iniciar su entrega de los beneficios de la salvación.  Es así como la salvación queda enteramente en manos de Dios porque nada podemos hacer nosotros por nosotros mismos, y que si él no hubiese querido hacer todo por nosotros, nos hubiésemos quedado en la condenación que bien merece nuestro pecado, sin que haya alguien más que pudiese salvarnos, pues nosotros no podíamos hacer absolutamente nada por nosotros mismos.  Todo es por obra de él.

   Con todo lo anterior concluimos que la fe auténtica que sirve como medio para la salvación, no es algo que surge o deba surgir del ser humano, sino que tiene que ser dada previamente por Dios al pecador para creer en el único y suficiente Señor y Salvador que es Jesucristo.  De esta manera, la salvación no es por obras, porque ni todas nuestras obras juntas podrían hacer la función que la fe dada por Dios puede llevar a cabo en el proceso de nuestro creer en Jesús. A Dios sea la gloria por producir en nosotros por medio de la fe, el poder y querer creer en Jesús para nuestra salvación.

  • CANTEN EL HIMNO: “¡SEÑOR, BENDITO SEAS!” (No. 324).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Amoroso Dios, muchas gracias por enseñarnos a través de tu palabra que el pecado mata nuestra espiritualidad y relación contigo; y lo peor de todo, es que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos inmersamente muertos en ello.  Para regresarnos a la vida de relación contigo, tú haces todo por nosotros.  Primero nos diste a Jesucristo tu Hijo eterno, para que él sea el único y suficiente Señor y Salvador de nosotros los pecadores para que no quedemos en la condenación eterna que impone la paga del pecado.  Luego nos das la fe especial para creer en él, y en él nos cambias de la condición de muerte a la vida que trasciende de lo terrenal a lo celestial. En todo esto, amoroso Dios, aunque queramos colaborar no es posible porque nada que provenga de nosotros es útil y suficiente para acceder a la salvación, por eso hasta la fe que necesitamos tú también nos lo das.  Consérvanos con esa fe, y en la gracia de tu salvación.  Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Salvador. Amén.

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