DEVOCIONAL DEL SÁBADO 11 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 11 DE JULIO:

TITULO: LA AUTÉNTICA FE ES LA VICTORIA DEL QUE HA NACIDO DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que “la fe” en Jesús nos hace victoriosos sobre la influencia del mundo, y nos asegura victoria eterna.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: 1 Juan 5:4-5.

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   En su discurso de despedida, Jesús, consolando a sus discípulos, porque pronto le verían crucificado, porque pronto le verían muerto, porque aun resucitado ya no estaría andando más con ello como en los 3 años anteriores, y porque después de resucitado pronto le verían subir al cielo, les dijo: “…confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Aunque Jesús todavía no había vencido a la muerte en la cruz y en el sepulcro, durante toda su vida había vencido al mundo lleno de tentaciones que le tendió no pocas sino muchas tentaciones y trampas. Si se trataba del diablo mismo, nunca logró vencer a Jesús.  Si se trataba de los religiosos que desde que él comenzó su ministerio, nunca desaprovecharon ocasiones para tentarle y pecar, nunca lograron hacer pecar a Jesús.  Si legiones de demonios hicieron frente a Jesús para dañar su vida y ministerio, tampoco le vencieron, pues ellos mismos rogaron a Jesús, diciéndole: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. / Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil” (Marcos 5:12b-13b); digamos que vencieron a dos mil cerdos, pero no a Jesús solo.  Razón tenía Jesús para decir que había “vencido al mundo”.  Y no está demás decir que posteriormente, su resurrección fue la mejor victoria que tuvo sobre la muerte.  San Pablo dice a los Colosenses que la victoria de Jesús ya era un hecho desde que aún estaba en la cruz, pues dice de él que: “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 3:14). La victoria sobre todos los obstáculos que el ser humano podría tener en la vida para la salvación eterna de su alma y posteriormente hasta de su cuerpo, han sido vencidos por Jesús.

   En nuestro caminar con Jesucristo, que no es una competencia, y por ello no hay perdedores, extraordinariamente todos somos triunfantes, victoriosos, vencedores… Se trata de una vida donde la victoria no solamente para el presente sino también para la eternidad, es segura. El apóstol Pablo explicó esto en su epístola a los romanos preguntándoles y respondiéndoles: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? / …/ Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. / Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, / ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39).  Según Pablo los que creemos en Jesucristo, somos: “más que vencedores”.  Lo somos porque si mil adversarios tenemos, sobre los mil somos vencedores; si “n” millones de adversarios tenemos, sobre los “n” millones somos vencedores.  La victoria consiste en que, si Dios nos ama para rescatarnos del pecado y su correspondiente condenación, y si para ello utilizó a su Hijo para satisfacer su justicia que nosotros no podíamos satisfacer, ya no hay nada que nos separe de su amor.  Si al principio solita “la serpiente” endiablada separó del amor de Dios a Adán y a Eva, pues ahora ni millones de serpientes juntas, ni el diablo y todos sus secuaces, ni nada podrá hacer lo que el diablo hizo una sola vez en el Edén.  “En Cristo Jesús Señor nuestro”, todo está garantizado como victoria eterna para nosotros, porque él ha “vencido al mundo”, mas no porque nosotros hemos sido invictos; y tal victoria eterna para nosotros, ya es un hecho presente que nada lo puede impedir, pues es eficaz, irrevocable, y suficiente.

   Cuando el apóstol Pedro dice: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. / ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:4-5), lo que está enfatizando es que la fe en Jesús quien dijo que “ha vencido al mundo”.  Durante su ministerio, Jesús siempre indicó que la fe en él es la clave de nuestras bendiciones tanto presentes, pero también eternas y celestes.  Solamente noten sus indicaciones que encontré solamente en el evangelio según San Juan: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24); “… el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35b); “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38); “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25); “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46); “creéis en Dios, creed también en mí” (Juan 14:1b); “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).   Creyendo en él, usted puede tener la victoria sobre el mundo, el pecado, el diablo, la carne, etc…, y vivir por siempre con él. No hay mayor ni mejor victoria que pueda existir.

  • CANTEN EL HIMNO: “HALLÉ UN BUEN AMIGO” (No. 293).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Dios victorioso siempre vencedor, una vez el diablo nos venció, pero gracias a tu Hijo Jesucristo que le venció, y así él nos hizo vencedores sobre el diablo, sobre el pecado, sobre el mundo, sobre la condenación, y sobre toda cosa que pesaba contra nosotros y nos tenía antes en derrota.  Gracias por habernos dado el don de la fe, con el cual con tan solo creer en Jesús como Hijo tuyo y salvador nuestro, y con perseverar en fe en él, nos haces eternamente victoriosos.  Por favor, consérvanos siempre en victoria presente y eterna.  Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

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