DEVOCIONAL DEL MARTES 21 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 21 DE JULIO:

TITULO: LA TEMPLANZA IMPLICA LA ABSTENCIÓN DE LOS DESEOS CARNALES.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que “la templanza” que el Espíritu de Dios produce en nuestra vida nos capacita para abstenernos “de los deseos carnales”, y para desear a Dios y el bien que procede de Él.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: 1 Pedro 2:11.

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   La templanza es un don del Espíritu Santo con el cual los cristianos somos capacitados para no permitir que algún pecado tome control de nuestra vida.  Al contar con este don divino, no hay excusa de que cierto pecado nos arruinó la vida o nuestra espiritualidad, pues con ello, uno tiene toda la capacidad para abstenerse de lo que el apóstol Pedro, según nuestro texto, llama: “deseos carnales que batallan contra el alma” (v. 11).  La única razón por la que alguien puede estar controlado por el pecado, y no puede evitar este control sobre su vida, es porque uno no cuente con este don divino de la templanza, cuya única razón de no tenerla es porque en realidad, uno no es realmente cristiano por no haber iniciado una relación de fe en Jesús como el único y suficiente Señor y Salvador; pues todo aquel que es cristiano cuenta con ello, y por ello siempre será más que vencedor; en su vida siempre habrá victoria mas victoria sobre las tentaciones, y el pecado.

   Nuestra alma que no es solamente el elemento que mantiene con vida nuestro cuerpo, sino que también es el recurso con el cual nos mantenemos en relación con Dios o nos separamos de Él, y también es el elemento con el que se controlan todos nuestros pensamientos, nuestra voluntad, nuestras decisiones, y nuestras acciones que son ejecutadas por nuestro cuerpo; pero, nuestra alma también está afectada por la presencia e influencia del pecado, de tal manera que puede hacer que el cuerpo humano ejecute acciones pecaminosas.  Sin embargo, el cuerpo humano que también está afectado por la presencia e influencia del mismo pecado, también tiene una rebeldía propia, que aun cuando el alma de tal persona ya es regenerada por el Espíritu Santo por tratarse de un elegido de Dios y de un creyente en Jesucristo, no siempre quiere accionar con las instrucciones del alma, sino que el cuerpo busca hacer lo que propiamente le satisface, y se rebela contra lo que es bueno y agradable a Dios, y busca someter a su propia alma para ceder a la tentación y al pecado.

   Al respecto de una persona que con su alma o espíritu tiene deseos de orarle a Dios, pero que su cuerpo no está dispuesto a dedicar tiempo para ello, Jesús dijo: “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41b; Marcos 14:38b). El apóstol Pedro quien escribió el texto de nuestro devocional, estaba presente en aquel momento que Jesús dijo estas palabras, porque él era uno de los que aquella ocasión que debieron dedicar unas dos o tres horas de oración no pudieron orar, no porque no querían sino porque les ganaba el sueño aun queriendo orar.  Y esta batalla entre el cuerpo y el alma se da en otros muchos aspectos de la vida.  Por eso, el apóstol Pedro escribe a los creyentes que: “… os ruego, … que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (v. 11).

   En Génesis 3 tenemos un ejemplo de cómo los deseos especialmente contra lo prohibido, pueden traer consecuencias lamentables en la vida de una persona. Eva, de tanto mirar aquel fruto prohibido por Dios, finalmente su deseo motivado por el tentador, le llevó a tomar una decisión equivocada que afectó su alma, la de su esposo, sus hijos, etc… y que siendo ellos nuestros primeros padres, hasta el día de hoy heredamos de ellos las consecuencias temporales, las terrenales, y hasta las eternas. Ahora, nuestros propios deseos acerca de cosas no permitidas por la voluntad de Dios, si las cometemos solamente sentiremos satisfacción inmediata y temporal, pero pronto su efecto pasará y seremos todavía más infelices e insatisfechos.  Cuando los israelitas viajaban a través del desierto hacia la tierra prometida, sus deseos desordenados les trajo consecuencias hasta de muerte. En el Salmo 106 leemos al respecto de ellos, que: “Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; y tentaron a Dios en la soledad. / Y él les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos» (Salmo 106:14-15). Estos ejemplos, son suficientes para que también nosotros tengamos cuidado de no permitir que nuestros deseos carnales nos destruyan, porque como bien dice el apóstol Pedro: “batallan contra el alma”.

   Las personas felices son las que nada desean de este mundo con sus deseos carnales, sino que, si hay algo que desean, lo que desean está disponible en Dios y no en el mundo.  Solo el Señor lo es todo en su vida y todos sus deseos están en Él, el único que los puede satisfacer plenamente es Dios, como bien declaró el salmista Asaf: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra» (Salmo 73:25). También David, confiado, presenta a Jehová todos sus deseos: «Señor, delante de ti están todos mis deseos» (Salmo 38:9a).

   Gracias a Dios que nos ha dado “templanza”, con lo que podemos abstenernos de los “deseos carnales que batallan contra el alma”, y con lo podemos desear todo lo que procede de Dios.

  • CANTEN EL HIMNO: “EN JESUCRISTO, PUERTO DE PAZ” (No. 363).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

´ Dios bendito, Padre y dueño de nuestras almas, y fuente de todo bien que vale la pena desear.  Algunas veces los deseos de la carne que batallan con nuestra alma, buscan destruir nuestra relación contigo, con la familia, con los amigos, y con el prójimo en general, pero no queremos que eso nos pase más. Gracias por darnos por medio de tu Espíritu Santo, la templanza que nos hace falta para que no seamos dominados por ningún deseo carnal.  Por favor, fortalece nuestra templanza, para que los deseos carnales que dañan la salud de nuestra alma y sus emociones no tomen ningún control en nuestra vida; y ayúdanos a no desear carnalmente nada de este mundo, sino a desearte a ti y todo el bien que tienes para ofrecernos para tener una vida espiritualmente saludable.  Te lo pedimos en el dulce nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

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