DEOVOCIONAL DEL MIÉRCOLES 22 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MIÉRCOLES 22 DE JULIO:

TITULO: LA TEMPLANZA IMPLICA CONTROL DE TODO PECADO.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que “la templanza” es el don de Dios que sirve para no dejarse dominar por ningún pecado.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Proverbios 16:32.

32 Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   En un devocional anterior ocupamos este versículo que tiene qué ver con la ira, pero lo tratamos en relación con la “paciencia” que también es “fruto del Espíritu”. Según este proverbio, la ira se controla con paciencia; queda claro, cuando hace el comparativo entre el fuerte y el que es mejor que el fuerte, diciendo: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte”.  Pero, este mismo versículo, relaciona la ira también con la templanza, al comparar el carácter del que toma una ciudad con quien es mejor que este, al decir: “Mejor es… el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad”.

   Como bien lo indiqué en un devocional anterior, lo que quiere decir esta frase, según otras traducciones es que: “más vale tener control propio que conquistar una ciudad” (NTV); “más vale el dominio propio que conquistar ciudades” (NVI); “más vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades” (DHH); o que: “vale más dominarse uno mismo que dominar a los demás” (TLA).  Todas las versiones coinciden en que enseñorearse del propio espíritu, es tener: “control propio” (NTV), “dominio propio” (NVI); “vencerse uno mismo” (DHH), o “dominarse uno mismo” (TLA). Una persona “que se enseñorea de su espíritu”, es aquella que no permite que sus pensamientos, emociones, y sentimientos le dominen, sino que, al contrario, por el “dominio propio” que posee, tiene la capacidad de tenerlos dominados para que no le hagan reaccionar inapropiadamente ante las situaciones espontáneas, constantes, o permanentes de la vida.  Este dominio propio, en otras palabras, es lo mismo que la templanza.

   En su epístola a los romanos, por ejemplo, el apóstol Pablo les escribió una exhortación que dice: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, / sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:13-14). Las expresiones “andemos como de día, honestamente” (v. 13), y “no proveáis para los deseos de la carne”, indican que los creyentes en Jesucristo ya estamos en condición espiritual de no ser dominados por “la carne”, o sea, por nuestra inclinación a pecar.  Tenemos la “templanza” que nos es dado por el Espíritu Santo (cf. Gálatas 5:22-23), con el cual podemos tener el control hasta en nuestro apetito para no comer ni con ansia ni con exceso para no caer en “glotonerías”.  Podemos, quienes tienen este conflicto, evitar el consumo de bebidas embriagantes, para no caer en “borracheras”. Podemos, quienes tienen este problema, evitar que nuestro único interés sea la satisfacción de cualquiera de nuestros sentidos, especialmente el sexual, evitando así caer en “lujurias y lascivias”.  Podemos, evitar discutir con miembros de nuestra propia familia, provocar enfrentamientos, protagonizar escándalos, y así evitar caer en “contiendas”.  Podemos someternos al contentamiento del plan de Dios para nuestra vida con respecto a todo lo que somos y tenemos, sin tener que enojarnos contra los que tienen lo que nosotros no hemos podido tener, y sin querer tener algo solo para nosotros como si los demás no tuviesen derecho o privilegio de tener también lo mismo o más que nosotros, y así evitar caer en la “envidia”.

   Cuando estábamos sin Cristo, era natural por el pecar que nos dominaba, que hiciéramos todas estas cosas, y más que estas; pero, ahora que somos de Cristo porque hemos creído en él como nuestro único y suficiente Señor y Salvador, ya no es natural que hagamos de nuevo estas cosas.  Por eso, el apóstol Pablo cuando escribe su primera epístola a los Corintios, les dice: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, / ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. / Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. / Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:9b-12).  Sin Cristo, era de alguna manera entendible que uno sea fornicario, idólatra, adúltero, afeminado, homosexual, ladrón, avaro, borracho, maldiciente, estafador, etc…, pero, ahora que uno ha sido justificado por Jesús, y santificado por el Espíritu de Dios, todo ello debe quedar como un asunto del pasado.  Por eso, el apóstol les dice: “Y esto erais”“Erais”, quiere decir, que en el presente ya no somos así, porque el “dominio propio”“templanza” nos ha sido dado para no dejar ser dominado por ninguna de estas cosas.  Es verdad que uno no puede presumir en su estado sin Cristo que puede evitar estas cosas, pero el que está en Cristo, no por presunción sino como realidad de su nueva naturaleza espiritual, sí lo puede evitar no por alguna capacidad propia, sino por la templanza que Dios genera en nuestra vida por medio de su Espíritu Santo.

   Gracias a Dios por darnos templanza.  Esto nos capacita para no dejarnos dominar por ningún pecado, y hace mejor nuestra vida.

  • CANTEN EL HIMNO: “QUE MI VIDA ENTERA ESTÉ” (No. 539).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

´ Dios bendito y santo, son tantos los pecados que asedian nuestra vida queriendo tenernos bajo su dominio, pero muchas gracias a ti que es más grande tu gracia al darnos todos los dones que necesitamos para superar nuestra condición caída en pecado. Muchas gracias por darnos, entre tantos dones, el de la templanza con el que ya no tenemos pretexto para dejarnos dominar por el pecado.  Todo don tuyo, siempre es poderoso para combatir cualquier especia de mal que aceche en contra de nuestro cuerpo y alma.  Con la templanza, ayúdanos, como dice el proverbio, a enseñorearnos de nuestro espíritu, para no caer en descontrol alguno que nos conduzca a pecar otra vez.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

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