DEVOCIONAL DEL SÁBADO 25 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 25 DE JULIO:

TITULO: LA TEMPLANZA IMPLICA HACER MORIR LO TERRENAL.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que “la templanza” que produce el Espíritu de Dios en nuestra vida, es para que podamos tomar la correcta decisión de hacer morir “lo terrenal” que asedia nuestra santificación.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Colosenses 3:5-7.

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;

cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Es verdad que tanto la salvación como la santificación es obra de Dios y no nuestra. Aunque no se descarta que para nuestra salvación hay algo que nosotros tenemos que hacer que se llama creer en Jesús, en realidad no es una obra propiamente nuestra porque la fe para creer no nace de nuestra humanidad, sino que depende del don de la fe que el Espíritu de Dios implanta en nuestro corazón para que podamos creer; así que, aunque pareciera ser nuestra obra, no es nuestra sino de Dios. Igualmente, con respecto a nuestra santificación, no por ser ya salvados de la condenación eterna, por ello ya somos también totalmente santificados, pues nuestra santificación no será completada aquí ni ahora, sino hasta que seamos llevados a la eternidad. Los remanentes de corrupción del pecado no son eliminados de nuestra vida por haber ya creído en Jesucristo, sino que permanecen en nosotros, para que con toda responsabilidad, pero no solos, sino capacitados por el suministro de fuerza de parte del Espíritu de Dios, hagamos morir lo terrenal que está en nosotros, tal como el apóstol Pablo exhortó a los Colosenses diciéndoles: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros” (Colosenses 3:5a). Aclaro, que si bien participamos en el hacer morir estas cosas, no es con nuestra fuerza, sino con el poder del Espíritu de Dios.  Así que finalmente, tanto nuestra salvación como nuestra santificación, no son obras nuestras, porque tanto el tener fe en Jesús, como el hacer morir lo terrenal en nosotros, provienen del poder de Dios que está disponible en nosotros los creyentes.  Este poder solamente está disponible en nosotros porque somos creyentes, pues el que no lo es, no puede en lo absoluto hacer morir en él nada de “lo terrenal”.

   La expresión “lo terrenal” usado en el versículo 5 por el apóstol Pablo, es lo mismo que también en Gálatas 5, llama “deseos de la carne” (cf. Gálatas 5:16-17), u “obras de la carne” (cf. Gálatas 5:19-21), y que de manera general también se llama “pecado” en toda la Sagrada Escritura.  Y en cuanto a los pecados, mencionados en el mismo versículo 5 como “lo terrenal”, que son: “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” no son una lista completa y definitiva sino solamente son ejemplos para traer a la memoria y a la conciencia, diversas categorías de pecados que implican muchas otras más modalidades de pecar, y que debemos hacer morir en quienes tenemos el residuo de estas cosas en nuestra vida (Colosenses 3:5b-6).  Otros textos bíblicos como Romanos 1:28-32; Gálatas 5:19-21; y Efesios 4:25-31; nos pueden ayudar a ver la amplitud de cosas terrenales que podrían ser nuestros deseos acerca de los cuáles tenemos que hacerlos morir para que no dañen más nuestra actual vida espiritual.

   Pero, ¿dónde queda aquí la templanza? Siendo la templanza el don que nos da el Espíritu de Dios, para que tengamos la virtud de poder tomar la correcta decisión de no permitir que ninguna tentación o pecado logre su objetivo de hacernos pecar ni contra Dios ni contra el prójimo, podemos observar que en la instrucción del apóstol Pablo a los Colosenses, acerca de la lista de pecados que ya les ha mencionado, les recuerda: en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:7). El tenor de este versículo es que ahora los Colosenses cristianos ya no viven practicando aquellos pecados, sino que fue vivencia de otro tiempo; sin embargo, siempre está latente la posibilidad de que uno desee y decida volver a hacer lo mismo, pero esto no debe ser así, sino que un creyente en Jesucristo, gracias al donde la templanza que recibe del Espíritu Santo ya puede decidir no volver a cometer pecados que antes fueron su mayor debilidad, mucho menos de cometer algo que nunca antes había sido un problema para él.  Con el uso de la templanza, suministrada por el Espíritu Santo en los que somos creyentes en Jesucristo, podemos hacer morir lo terrenal, o deseos u obras de la carne que día a día nos asedian, intentando apartarnos del camino de salvación y de santidad, pero no lo lograrán porque la santificación iniciada en nosotros siempre irá en aumento, lo cual confirma nuestra segura salvación.

   Usted, ¿está haciendo morir “lo terrenal”, decidiendo no seguir practicando los pecados que antes amaba practicar?  No diga que no puede, porque si usted ha creído en Cristo, usted cuenta con el recurso necesario para lograrlo: La templanza, don y poder del Espíritu Santo.

  • CANTEN EL HIMNO: “OH SEÑOR, PROCURO EN VANO” (No. 90).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

Dios eterno que no permites que nada pecaminoso entre a tu cielo eterno sino solamente el que tiene santidad1, muchas gracias por habernos dado a tu Espíritu Santo que ejerce su poder en nosotros y a través de nosotros dándonos “la templanza”, para que mientras los deseos carnales batallan contra nuestra alma2, nosotros podamos tomar la sabia, prudente, y razonable decisión de no permitir que el poder de “los deseos carnales”, o sea, de “lo terrenal”, nos hagan pecar, sino que al contrario, con este suministro de tu mismo divino poder, los hagamos morir de inactivad porque en nuestra vida no tienen más cabida, pues desde que creímos en Jesucristo tu Hijo, ya no pertenecemos a ellos, ni a nosotros mismos, sino solamente a ti.  Que el don de tu Espíritu, necesario para combatir el pecado, nunca haga falta en nuestra vida.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

1.- Hebreos 12:14.        2.- 1 Pedro 4:11.

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