DEVOCIONAL DEL MARTES 28 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL MARTES 28 DE JULIO:

TITULO: LA MANSEDUMBRE ES UNA ACTITUD NECESARIA HACIA LA PALABRA DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que la palabra de Dios debe ser escuchada, recibida y practicada con “mansedumbre”.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Santiago 1:21-22.

21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Estas palabras escritas por el apóstol Santiago, no están dirigidas a una audiencia de incrédulos a quienes se les esté animando a recibir la palabra del evangelio. Está dirigida nada menos que a personas ya creyentes en Jesucristo, que ya han tenido su primer encuentro de fe con la palabra de Dios, en el cual recibieron la palabra de Dios que conllevaba recibir también a Jesucristo en el corazón como el Señor y Salvador de sus vidas. Pero, la relación del creyente con la palabra de Dios no es suficiente únicamente en la ocasión cuando uno llega a tener su primer encuentro de fe con el evangelio.  En realidad, mientras un creyente en Jesucristo todavía esté con vida, siempre tiene necesidad de santificación y crecimiento en la fe que solamente se alcanza por medio del recibimiento de más palabra de Dios.  A partir de ese primer acto de fe hacia la palabra y hacia Jesucristo, necesitamos recibir todos los días la palabra de Dios en el ambiente del hogar, mediante la lectura y memorización; y otras veces durante la semana en las reuniones de la iglesia en la que uno se congrega, mediante el estudio y la predicación de la misma. Para el recibimiento de la palabra de Dios, es necesario tomar en cuenta tres cosas:

   PRIMERO: Observemos que el apóstol Santiago dice que: Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra…” (v. 21a-c). El requisito previo indicado por este apóstol para estar en condiciones espirituales óptimas para recibir la palabra de Dios, es: “desechando toda inmundicia y abundancia de malicia”.  Esto significa dos cosas: 1) que es necesario reconocerse pecador antes de estar en contacto con la palabra de Dios, lo cual puede ser llevado a cabo mediante una oración personal de confesión de los pecados que uno ha cometido; 2) que de manera consciente uno debe evitar entregarse al pecado, pues no es una buena actitud entregarse voluntariamente al pecado, y luego querer acercarse a la palabra de Dios, pues quien tal hace, es muy probable que después de encontrarse con la palabra de Dios, no pasará mucho tiempo cuando nuevamente tal persona ya ha regresado a entregarse al pecado.

   SEGUNDO: Después de que un creyente esté cuerpo y alma preparado para recibir nuevamente la palabra de Dios, observe usted que el apóstol Santiago para el acto y momento de recibir la palabra de Dios, instruye lo siguiente: “recibid con mansedumbre la palabra implantada”.   Lo que este apóstol resalta con estas palabras como condición para recibir la palabra, es que debe recibirse “con mansedumbre”. ¿Cómo recibir la palabra con mansedumbre?  Supongamos que la palabra de Dios se está predicando; no es mansedumbre cuando uno no está prestando atención para tomar la aplicación de la palabra para la vida personal; no es mansedumbre cuando uno solamente está calificando al predicador contra sus errores de dicción u otros detalles porque uno deja de percibir el poder transformador de la palabra de Dios; no es mansedumbre cuando el predicador hace una aplicación, uno primeramente piensa que aquella aplicación es para otra persona y no para uno mismo; no es mansedumbre cuando uno al escuchar una verdad no permite que ella cambie su manera de pensar sino que uno sigue aferrado a su propia manera de entender y hacer las cosas.  Esto no debe ser así.

   TERCERO: No basta con solamente haber escuchado y recibido la palabra de Dios para la vida personal, sino que el apóstol Santiago indica que luego hay otra responsabilidad que llevar a cabo.  Él escribió como instrucción: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (v. 22).  Esta instrucción apostólica es muy clara, que si uno no pone en práctica lo que se expone de la palabra de Dios, uno solamente se está engañando a sí mismo. La espiritualidad no crece, ni aumenta con solamente oír, sino hay que ser intencionalmente decidido para ponerla en práctica.  La santificación necesaria para la vida no mejora, ni avanza si uno solamente oye y no obedece o pone en práctica el evangelio de Dios.  Este resultado de ser hacedor de la palabra, depende mucho si la actitud al recibir la palabra fue con un espíritu de mansedumbre, o si fue con desinterés, negligencia, rechazo, distracción, etc…

   Usted, ¿se prepara antes de recibir la palabra de Dios? ¿La recibe con mansedumbre? ¿se convierte usted en hacedor de la palabra de Dios después de haberla recibido?

  • CANTEN EL HIMNO: “TU PALABRA ES MI CÁNTICO” (No. 10).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

  Dios bendito, muchas gracias porque fue por el conocimiento de tu palabra que tu evangelio llegó a nuestra experiencia y nos enseñó la salvación por medio de tu Hijo Jesucristo. Pero ahora, también hemos aprendido que tu palabra es una necesidad diaria para la santificación de nuestra vida, por lo que debemos estar siempre dispuestos a recibirle de una manera muy especial que el apóstol Santiago dice que debe ser “con mansedumbre”; y también hemos aprendido que después de recibir tu palabra, tenemos la responsabilidad de ser hacedores de ella.   Ambas cosas tendemos a descuidarlas, por lo que te pedimos nos sigas ayudando a tener mansedumbre ante tu palabra, y a ser hacedores de tu bendita palabra.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

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