DEVOCIONAL DEL JUEVES 30 DE JULIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL JUEVES 30 DE JULIO:

TITULO: EL ESPÍRITU SANTO NOS AYUDA EN NUESTRA DEBILIDAD ACERCA DE ESTAS COSAS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que el fruto del Espíritu de Dios, nos hace fuertes ante las debilidades de nuestra naturaleza humana.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 8:26a.

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   En Romanos 8, el apóstol Pablo hace una magistral exposición acerca del poder y obra del Espíritu Santo.  Explica que el Espíritu Santo si está morando en una persona por ser creyente en Jesucristo, una de sus funciones es contrarrestar toda obra de la carnalidad que surge en el creyente para que la carnalidad no le domine, sino que triunfe la obra del Espíritu en él (vv. 5-9).  Explica también con respecto a Jesucristo que el Espíritu Santo fue el responsable de vivificarle para su resurrección, y que también él nos resucitará cuando llegue el momento (v. 11).  Luego, de manera muy particular, explica cómo funciona el Espíritu Santo con respecto a las dificultades o debilidades que llegamos a tener con respecto a la práctica de la oración, especialmente en los momentos en los que no tenemos fuerza espiritual para orar, o bien, no sabemos que decirle a Dios ante determinadas situaciones.  En este contexto, el apóstol Pablo dice: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).  Pero, nuestras debilidades no se limitan solamente con respecto de la oración, sino que se puede observar nuestras debilidades espirituales con respecto a otras áreas de nuestra vida.

   Es evidente en nuestra experiencia que muchas veces hemos sido débiles con respecto a la práctica del amor al prójimo, a la hermandad de la fe, y hasta con la misma familia; y es por eso que el Espíritu de Dios produce “amor” como fruto suyo en nuestra vida.  Lo mismo se puede decir del gozo que deberíamos demostrar especialmente porque sabemos que por ser creyentes ya no hay más condenación eterna para nosotros, pero en momentos dejamos de gozarnos de ello, por lo que el Espíritu produce nuevo y más “gozo” en nosotros.  También en los momentos cuando llegan las adversidades uno tiende a debilitarse por los afanes, la preocupación, la desesperación, y entonces, el Espíritu nos da “paz”.  Por una u otra razón llegamos a explotar de enojo, desesperación, pero el Espíritu aumenta en nosotros su producción de “paciencia”.   Y siempre que somos débiles en hacer para decidir hacer el bien nos da “benignidad” y “bondad”.  Cuando tenemos desánimo para enfrentar los problemas con el poder y la presencia de Dios, el Espíritu nos da la “fe” que se necesita.  Para mejorar nuestra relación y trato con todas las personas, el Espíritu de Dios produce en nosotros su “mansedumbre”.  Y cuando tenemos conflictos internos y personales queriendo anteponer nuestros propios intereses antes que los de Dios, su Espíritu Santo genera en nuestra vida la virtud de la “templanza” para no ser dominados por el poder de lo malo sino para vencer el mal con el bien.

   La razón por la que el Espíritu Santo produce estos nueve frutos en los que somos creyentes en Jesucristo (cf. Gálatas 5:22), es porque como seres humanos somos débiles en toda nuestra propia naturaleza, que si no fuese por estas virtudes o fruto que el Espíritu de Dios produce en nosotros, no podríamos amar bien.  Tampoco podríamos sentir gozo en los momentos difíciles de la vida, y no podríamos ni siquiera percibir la paz de Dios que él quiere que disfrutemos.  Nuestra relación con las personas creyentes o no creyentes, aun sean de nuestra propia familia nunca estará bien, pues, eso es lo que les pasa a quienes no dejar ser guiados por el Espíritu de Dios para mejorar sus relaciones interpersonales con los demás. Somos débiles por naturaleza, y no podemos mejorar nada de nuestra vida por sí solos; pero el Espíritu de Dios que es poderoso, y por el fruto o beneficio que pone en nosotros como efecto natural de su presencia en nuestros corazones, fortalece todas las áreas que pudiesen estar débiles en nuestra vida.  Es a esto que se refiere el apóstol Pablo cuando escribió a los romanos que Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”.

  Estimado hermano, después de haber dedicado más de ocho semanas con las lecturas devocionales diarias de esta serie acerca del fruto del Espíritu, e incluyendo los sermones dominicales semanales también con respecto a este tema, usted ya debe comprender esta verdad: Que el Espíritu de Dios está produciendo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza, en cada uno de nosotros los creyentes en Jesucristo, porque necesitamos todas estas virtudes que no podemos producir nosotros mismos, pues somos débiles para ello.  La buena noticia para nosotros es que: “… los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. / Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. / Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; / y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. / Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Romanos 8:5-9). El Espíritu Santo es nuestro fortalecedor para que no seamos débiles ante el poder de la carnalidad que todavía está presente en nosotros.

  • CANTEN EL HIMNO: “EL FRUTO DEL ESPÍRITU” (No. 265).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

  Muchas gracias Dios por habernos permitido durante estas ocho semanas aprender acerca del fruto que tu Espíritu Santo está produciendo en nosotros.  Ha sido una labor silenciosa en nuestros corazones, pero podemos darnos cuenta que desde que creímos en Jesucristo tu Hijo, nuestra vida ha sido mejor gracia a esta transformación que estás llevando a cabo en nosotros, derrotando nuestras debilidades, pero haciendo fuerte nuestra vida con las virtudes que proceden de ti. No has permitido que seamos destruidos con nuestras debilidades espirituales, sino que por medio de tu Espíritu Santo nos haces fuertes con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanzaPor favor, no dejes de fortalecernos cuando nos veas débiles; te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Amén.

¿QUIEREN PEDIR ALGUNA ORACIÓN?:

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