¿DÓNDE ESTÁS TÚ?, Por: Diego Teh.

dondeestastu

¿DÓNDE ESTÁS TÚ?

Génesis 3:1-9 (v. 9).

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el día sábado 20 de Septiembre del 2014, a las 19:00 horas.

 

http://www.diegoteh.com/bosquejos/audiodelossermones/140920dondeestastu.mp3

   INTRODUCCIÓN: La pregunta que nos ocupará una y otra vez en este mensaje es “¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:9).  En su contexto, tiene que ver con Adán quien después de haber desobedecido a Dios juntamente con su mujer, y tras oír la voz de Dios que se paseaba en el huerto del Edén, por vergüenza, ambos “se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.  /  Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:8,9).   Sin duda que la descripción que se nos da cuando el texto bíblico dice que Adán y su mujer “se escondieron de la presencia de Jehová”, es solamente un literalismo que indica la intención de no querer ser vistos por Dios porque se habían dado cuenta de que le habían desobedecido, y porque sabían que hay una penalidad establecida previamente que sería la muerte.   En realidad, ante Dios, dice el autor de la epístola a los Hebreos “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13), por lo que Adán y Eva no estaban perdidos de la mirada de Dios.   La pregunta no es propiamente una búsqueda divina, sino un llamado para no seguir huyendo de Dios sino para proceder al arrepentimiento correspondiente.

   Hoy, ninguno de nosotros estamos geográficamente localizados en aquel antiguo Edén, ninguno de nosotros estamos escondidos tras uno árboles como lo hicieron Adán y Eva, sino que estamos aquí en el bello puerto yucateco de Celestún; sin embargo, aquella antigua pregunta la podemos aplicar a nuestra vida como si hoy fuera dirigida específicamente a cada uno de nosotros.

   Para efecto de los objetivos de este mensaje, aplicaré la pregunta “¿dónde estás tú?”, a algunas de las diversas áreas de relación entre Dios y nosotros.  /   Cuáles son algunas de las diversas áreas de relación entre Dios y nosotros, en las que podemos aplicar esta pregunta?  /   Durante el desarrollo de este mensaje, iré mencionando algunas de las diversas áreas de relación entre Dios y nosotros, en las que podemos aplicar la pregunta divina “¿dónde estás tú?”.

   La primera área de relación entre Dios y nosotros, en la que aplicaremos la pregunta, “¿dónde estás tú?”, es:

I.- CON RESPECTO A LA IRA DE DIOS.

   Como ya nos dimos cuenta en nuestra lectura de Génesis 3, Adán y Eva, se habían convertido en merecedores de la ira de Dios, quien debió ejecutar inmediatamente en ellos, la aniquilación de toda su existencia, tanto terrenal como eterna.   Ellos sabían que habría un castigo por su desobediencia por lo que querían huir de la aplicación del castigo del cual se habían hecho merecedores.   Al esconderse de la presencia de Dios, lo que precisamente querían era huir no solo de la presencia sino de la ira de Dios, pero lo hacían de la manera incorrecta, escondiéndose “entre los árboles del huerto” (v. 8).   Afortunadamente, con la pregunta “¿dónde estás tú?”, estaban siendo invitados a salir de su ‘escondite’ para que fuesen tratados no con la ira     que se merecen, sino con misericordia siendo vestidos con pieles y alejados del otro árbol que los podría hacer vivir para siempre pero sin poder tener comunión con Dios.

   Estimados oyentes, ¿dónde estás tú con respecto a la ira de Dios?   A través de toda la Biblia se habla de la realidad de que Dios se aira en contra del pecado y aún del pecador, pero siempre se describe que primeramente es tardo en airarse, y luego se enfatiza que es más grande en misericordia; pero la ira de Dios a la que me refiero es la que no ha ocurrido sino que ocurrirá hasta el día de juicio establecido al final de los tiempos.   Juan el Bautista, hablando acerca de Jesucristo dijo: “el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).   La ira de Dios reservada para ese gran día, consiste en que todas las personas juzgadas que no hayan acudido a Cristo como su Salvador personal, serán arrojadas al destino eterno de condenación infernal.   Pero, hablando de los que ya acudimos a Cristo, dice el apóstol Pablo, que “pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).   La ira de Dios se evita no huyendo de Dios mismo como pretendieron hacer Adán y Eva, supuestamente escondiéndose entre unos árboles, sino que se evita la ira de Dios mediante un encuentro con Dios, ahora por medio de Jesucristo su Hijo, donde uno es confrontado con su pecado.   Por eso la pregunta: “¿dónde estás tú con respecto a la ira de Dios?” ¿Ya eres salvo de su ira?  Si no has sido salvado de Su ira, Jesucristo quien derramó su sangre por aquellos que aceptarían ser salvados, te invita a aceptar que solo por medio de él puedes salvarte de tan indeseable ira divina.

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   La segunda área de relación entre Dios y nosotros, en la que aplicaremos la pregunta, “¿dónde estás tú?”, es:

II.- CON RESPECTO AL HIJO DE DIOS.

   Con respecto al Hijo de Dios, a Jesucristo, solamente hay dos opciones que se pueden tomar.   La primera opción consiste en recibir al Hijo de Dios, tal como lo hicieron las personas a las que se refiere el apóstol Juan, quien hablando de Jesús dice: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  /  Mas a todos lo que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;…”  (Juan 1:11-12).    La segunda opción consiste en rechazarlo, desecharlo de la vida como lo hicieron las personas que se presentaron ante Pilato el día que Jesús fue juzgado por él para sentenciarlo a ser crucificado.   El apóstol Juan, refiriéndose a aquellas personas, nos dice que “ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale!” (Juan 19:15).

   Estimados oyentes, por eso la pregunta: ¿dónde estás tú con respecto al Hijo de Dios?  ¿Le has recibido como tu Salvador y Señor o te encuentras entre aquellos que claman contra él diciendo “¡Fuera, fuera!”?   Si no le recibes no puedes ser hecho hijo de Dios, si lo hechas fuera de tu vida, no tendrás salvación eterna.   Podrás tener en esta vida, muchas otras cosas, sean malas o aun buenas, pero sin el Hijo de Dios en tu vida, sigues siendo candidato seguro para las llamas del infierno.   Es importante, y ese es uno de mis objetivos en este mensaje, que Jesucristo sea para tu vida, no el Dios desechado, sino el Dios que queda bien recibido en el corazón, creyendo en su obra a favor de tu salvación.   Te invito a que tengas presente en cada momento de tu vida las palabras de la predicación del apóstol Pedro cuando dijo acerca de Jesús el Hijo de Dios, que: “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

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    La tercera área de relación entre Dios y nosotros, en la que aplicaremos la pregunta, “¿dónde estás tú?”, es:

III.- CON RESPECTO A LA PALABRA DE DIOS.

   Cuando Dios habla, Él tiene la última palabra en todo asunto de la vida humana y en todo evento que ocurre en todo el universo.   Pero, todo lo que tiene que decir, está registrado en las Sagradas Escrituras: La Biblia, Su Palabra.   Por eso es importante que cada uno de nosotros reflexione y analice su interés hacia esta palabra de Dios quien como a Adán, hoy nos pregunta de manera individual “¿dónde estás tú?”, afortunadamente no para darnos nuestro merecido sino para darnos nuestro inmerecido amor de Dios.   Por eso la pregunta “¿dónde estás tú con respecto a la palabra de Dios?”:

   Pero, permítanme explicarles primeramente lo que sucedió en una ocasión con un profeta que se llamaba Ezequiel, en cuya época los libros de las palabras ya reveladas de Dios en ese entonces se tenían en rollos de piel o pergamino, por lo que él mismo nos cuenta que en un sueño que tuvo, Dios le dijo que se comiera uno de esos rollos de Su palabra, y nos dice Ezequiel “Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel” (Ezequiel 3:3).   Esta descripción de Ezequiel es una expresión que señala el gusto espiritual que se debe tener por las palabras de Dios.   Otros personajes como el autor del Salmo 1 hablando de este gusto que debe tener una persona piadosa por la palabra de Dios, dice que tal persona: “en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:3), dando a entender que la palabra de Dios es tan importante a tal grado que no de vez en cuando sino día y noche de todos los días es necesario que se medite en ella, y que esa meditación de tiempo completo de la palabra de Dios no debe ser como una pesada responsabilidad, sino como una “delicia”.  Un personaje más, el autor del Salmo 119 expresó a Dios lo siguiente con relación a las palabras de Él, diciéndole: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley!” (Salmo 119:97).

   Estimados hermanos, con base a esta breve descripción acerca de la correcta actitud que se debe tener hacia la palabra de Dios, hago a cada uno la pregunta: ¿dónde estás tú con respecto a Su palabra?  ¿Te parece “dulce como miel”?, ¿es tu “delicia […] de día y de noche”?, y ¿puedes decirle a Dios “cuánto amo yo tu ley”?   Quiero aprovechar esta ocasión para invitarte a leer, estudiar, memorizar, meditar, y sobre todo vivir la palabra de Dios, para que tengas una buena ubicación con relación a esa palabra de Dios, y puedas tener una mejor respuesta respecto a la pregunta “¿dónde estás tú con respecto a la palabra de Dios?”, pues es en Su palabra que te darás cuenta de dónde estás con relación a tu ubicación en el conocimiento del Salvador Jesucristo.

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    La cuarta área de relación entre Dios y nosotros, en la que aplicaremos la pregunta, “¿dónde estás tú?”, es:

IV.- CON RESPECTO  AL SERVICIO DE DIOS.

   Es apropiado que la pregunta “¿dónde estás tú?” lo apliquemos a este aspecto de la vida de una persona que ya es creyente en Jesucristo y salvada eficazmente también por medio de Jesucristo.   Un creyente salvo, desde el momento de aceptar el evangelio está consagrando su vida al servicio de Dios, por lo que se espera que mientras va madurando y creciendo en la gracia, debe ir progresando en su servicio a Dios.   No es natural que un creyente no desarrolle la virtud de servicio en nombre de Jesús.  Por eso el apóstol Pablo animó a los Corintios a servir a Dios diciéndoles: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).   Crecer en la obra, se refiere al crecimiento en el servicio de Dios.  Entonces si se crece en la obra, debe ser posible medir ese crecimiento, debe verse los frutos de dicha obra o servicio.   ¿No estás negándote servir a Dios y servir en Su nombre?  ¿No estás estancado sin dar muestras de crecimiento en el servicio a Dios?, porque hay quienes en verdad están sirviendo con todas sus fuerzas, pero hay quienes están sirviendo a medias, y hay quienes en realidad no dan muestras de servicio.  Y en tu caso, ¿dónde estás tú con respecto al servicio de Dios?

   Estimado hermano, esta congregación, sin importar si somos pocos o muchos, tiene muchas oportunidades de servicio en este mismo predio y en las mismas instalaciones de este edificio que usamos como templo; esta congregación tiene muchas oportunidades de servicio a favor de los demás hermanos y familias que la formamos, haciendo algo por ellos en el nombre de Jesús; esta congregación tiene muchas oportunidades de servicio hacia todas aquellas personas de este puerto que pudieran necesitar un favor nuestro en algún momento de su vida.   Desde un sencillo barrer, poner la basura en su lugar, arrancar las hierbas, lavar el piso, dirigir una reunión, recibir a los visitantes, dar una sonrisita con amor, tocar un instrumento, cantar las alabanzas, predicar un sermón, ofrecer una despensa, apoyar con un medicamento, visitar a una familia donde haya un enfermo, accidentado o difunto, y hasta asistir al funeral de un vecino o desconocido, y de otras mil maneras más, se puede realizar el servicio que Dios espera de nosotros.   Pero el caso aquí es ¿lo has dejado de hacer, lo has pensado hacer, lo has querido hacer, lo hiciste alguna vez, lo haces frecuentemente, lo volverás a hacer, lo harás siempre?  ¿dónde estás tú con respecto al servicio de Dios?

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la vida cristiana que nos corresponde, realmente es paso a paso una obra de la libre gracia de Dios en nuestras vidas.   Dios oportunamente pone en nuestra vida el beneficio que hace falta en nosotros, y no nos deja carentes del poder necesario para que podamos iniciar y crecer en una determinada área de crecimiento espiritual.   Dios siempre quiere hallarnos “creciendo en la obra del Señor” (1 Corintios 15:58), “creciendo para ser un templo santo en el Señor” (Efesios 2:21), “creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10), quiere hallarnos con una fe que “va creciendo” y con un amor que “abunda para con los demás” (2 Tesalonicenses 1:3); pero ¿dónde estás tú con respecto a todo lo que Dios espera de ti?.

   Sirva este mensaje para nuestra reflexión.  Que Dios bendiga a cada uno de ustedes.

   

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