VERDADERAMENTE COMPROMETIDOS CON DIOS, Por: Diego Teh.

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VERDADERAMENTE COMPROMETIDOS CON DIOS

Daniel 3:1-16 (vv. 12-16).

Preparado para predicar por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el día domingo 21 de Septiembre del 2014, a las 10:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Voy a comenzar hablándoles acerca de Myke Tyson, con relación al duro entrenamiento al que se tienen que someter todos aquellos que practican deportes para que puedan obtener el máximo rendimiento en sus competencias.   Él comenzó a entrenar para el cuadrilátero cuando era un adolescente. Después de que su madre murió cuando él tenía 16 años, se convirtió en un estudiante del entrenador de boxeo Cus D’Amato, que había entrenado con anterioridad al campeón de peso pesado Floyd Patterson y muchos otros luchadores. Rápidamente vio un gran potencial en Tyson y se convirtió en un padre sustituto de él. También lo puso en un programa de entrenamiento duro. Uno de los elementos fue el entrenamiento de fuerza. Tyson siguió un régimen que incluía 2,000 abdominales, 500 levantamientos, 500 flexiones y 500 ejercicios de hombros con una barra de 30 kg.  Siguió esta pauta siete días a la semana.   Como la mayoría de los combatientes, Tyson salía a correr por la mañana antes de ir al gimnasio para trabajar en su entrenamiento de fuerza y ??habilidades boxísticas. Corrió tres millas a diario para construir la resistencia. Sin embargo, antes de hacer sus largas corridas, hizo carreras de intervalos y saltos de cuadro pliométricos.  Las carreras de intervalos le ayudaron a construir la velocidad y rapidez, así como la resistencia; y el salto de cuadro le ayudó a construir el poder que se manifestó en los golpes de Tyson[1].   De Tyson nos damos cuenta que cuando una persona tiene bien claro que es lo que quiere lograr, esta persona es capaz de mantenerse comprometido con esa causa, a pesar de los momentos difíciles y desafíos que tenga que enfrentar, pero si esta persona no tiene claras sus convicciones, también es capaz de abandonar cualquier posible aspiración porque no tiene ningún compromiso con ello.

    Los creyentes en Jesucristo de todas las épocas siempre se han caracterizado de ser personas verdaderamente comprometidas con su obediencia a Dios antes que a los hombres.  Durante el comienzo del avance del evangelio, tenemos en la historia de los Hechos de los apóstoles que Pedro y Juan fueron intimidados por las autoridades para que dejaran de hablar y enseñar en el nombre de Jesús, por lo que la respuesta de ellos fue clara y contundente: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19,20), y cuando fueron cuestionados de nuevo, la respuesta fue la misma decisión: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).   Los hijos de Dios de todas las épocas siempre se mantienen con el compromiso de ser obedientes a Dios antes que a los hombres, a pesar de las persecuciones, amenazas, y martirio al que sean sometidos.

    En la lectura bíblica que hemos tenido para este mensaje en el libro del profeta Daniel 3:1-16, encontramos la enseñanza de que una persona que está verdaderamente comprometida con Dios, podría estar injustamente sujeta a reacciones inesperadas por parte de personas que no tienen temor de Dios.  /  ¿Cuáles podrían ser las reacciones inesperadas por parte de personas que no tienen temor de Dios, al que podría estar sujeta injustamente una persona verdaderamente comprometida con Dios?   /   Siguiendo con atención algunos versículos de este pasaje bíblico, les iré indicando cuáles son esas reaccione a las que nos estamos refiriendo.

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    La primera reacción injusta e inesperada de la gente que no teme a Dios, hacia las personas que están verdaderamente comprometidas con Dios, es que:

   I.- OBSERVAN SI ESTÁS VERDADERAMENTE COMPROMETIDO CON DIOS, PARA PROCURAR LA MANERA DE EVITARLO.

   Comencemos observando que “alguno varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos” (3:8).  Le dijeron al rey Nabucodonosor de Babilonia: “Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado” (3:12).   Me pregunto, ¿qué les importaba a ellos si respetaban o no al rey, o si adoraban o no a sus dioses, o si adoraban o no a la nueva estatua que había construido y dedicado ceremonialmente para ser adorado?   Sin embargo, es claro que para que pudiesen acusar aunque sea por malicia a estos tres varones judíos, estos caldeos maliciosos tuvieron que observar la integridad de Sadrac, Mesac, y Abed-nego con respecto a su fiel devoción al único Dios vivo y verdadero, y es evidente que lo que estos caldeos querían es que estos hijos de Dios dejen de ser fieles a Él; pero como sabemos por la historia que ya hemos leído, gracias a que estos hombres de Dios no eran falsos creyentes, ni eventuales siervos, sino verdaderos hijos de Dios verdaderamente comprometidos con Él, no importa si eran observados, y no importan si otros trataban de impedir que sean fieles a Dios, ellos no dejarían a Dios solamente por un hombre aunque sea el ‘poderoso’ Nabucodonosor, no dejarían a Dios aunque sea por una multitud de falsos dioses de los babilonios, ni dejarían a Dios solamente por una estatua de oro aunque estuviese diseñada con toda la majestuosidad posible.

    Amados hermanos, esto es una preciosa lección para aquellos que pasamos por pruebas similares de parte de aquellos que intentan separarnos de nuestro servicio a Dios.   Hasta nuestro Señor Jesucristo, aunque no por amenaza sino por incentivo le pidieron por Satanás mismo que postrado le adorare y a cambio le daría todos los reinos del mundo, pero como estaba igual y verdaderamente  comprometido con su Padre Dios para cumplir con la redención de nosotros los seres humanos, pues no cambió su compromiso ni con la oferta de todos los reinos del mundo.   Hoy, le invito a que permanezca usted fiel a Dios y a su Hijo Jesucristo a pesar de los intentos que otros han de estar haciendo para que usted abandone la fe salvadora.   No vale la pena ningún logro, si una persona renuncia a Dios; pero ser fiel a Dios vale más que todas las recompensas del mundo, y que todas las amenazas del mundo.

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    La segunda reacción injusta e inesperada de la gente que no teme a Dios, hacia las personas que están verdaderamente comprometidas con Dios, es que:

   II.- SE ENOJAN CONTIGO PRECISAMENTE PORQUE ESTÁS VERDADERAMENTE COMPROMETIDO CON DIOS.

   Ahora, observemos la reacción del rey Nabucodonosor luego que el grupo de caldeos maliciosos acusaron a los tres siervos de Dios: “Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego” (3:13).   Me vuelvo a preguntar, ¿qué le importaba a Nabucodonosor que estos sirvan a un Dios distinto a los ‘dioses’ de su preferencia?   ¿Acaso a él se lo impusieron por alguna autoridad bajo evidencia de que sus dioses eran eficaces y poderosos para cualquier situación que se presente?   La respuesta es que no.   Nabucodonosor mismo, cuando puso a estos varones sobre los negocios de la provincia de Babilonia, acababa de confirmar que el Dios de ellos era el verdadero Dios y no los dioses de él, por lo que le había dicho personalmente a Daniel: “Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios,…” (Daniel 2:47), pero resulta que poco tiempo después reacciona con ira y con enojo en contra de Daniel y sus dos compañeros de fe.   Qué tristeza cuando los mismos que nos han manifestado creer en el mismo Dios que creemos, se vuelven infieles y al mismo tiempo buscan la manera de hacernos tambalear en nuestras convicciones cuando ven que con verdadero compromiso servimos para los propósitos de Él.   En el caso de Nabucodonosor, finalmente pudo comprobar que él estaba mal al enojarse con aquellos tres siervos de Dios.  El horno de fuego que fue calentado siete veces más de lo normal, solo sirvió para arremeter en contra de aquellos que se acercaron para arrojar allí a estos varones, pues fueron los únicos en ser abrazados y calcinados por las llamas.   Aunque Sadrac, Mesac, y Abed-nego siempre fueron arrojados a este horno, y aunque cayeron en el centro del fuego, salieron ilesos, “el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían” (3:27), y Nabucodonosor tuvo que reconsiderar su actitud, hasta tener que disculparse y honrar a estos varones (3:30), que fueron valientes en demostrar con sus propias vidas que estaban verdaderamente comprometidos en vivir para gloria del Dios verdadero.

    Amados hermanos, tengan mucho cuidado si en su propia familia surgen enojos porque usted ha decidido servir a Jesucristo porque para usted él es su único y suficiente salvador.   Tengan mucho cuidado también con los fanáticos religiosos que se oponen y enojan con usted por sus creencias, llegando incluso a despreciarle o hasta a limitarle los servicios públicos.   No se desanime si le llegara a tocar a usted esta prueba de fe, sino que tenga cuidado de no tener conductas indignas del evangelio, sino al contrario, ante aquellos que se enojan por el amor que le tiene a Dios y por el tiempo que le dedica a Dios para servirle, que su conducta ante ellos sea ejemplar “para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

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    La tercera reacción injusta e inesperada de la gente que no teme a Dios, hacia las personas que están verdaderamente comprometidas con Dios, es que:

   III.- CUESTIONAN POR QUÉ ESTÁS VERDADERAMENTE COMPROMETIDO CON DIOS, Y NO CON LOS INTERESES DE ELLOS.

   Ahora, observemos que además del enojo que Nabucodonosor tuvo en contra de aquellos tres judíos, también se atrevió a interrogarles si “…¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?” (3:14).   Nabucodonosor no tenía por qué hacerles esa pregunta, pues él ya sabía que estos tres varones eran hijos del verdadero Dios, pues él mismo había comprobado hace poco tiempo que el Dios de estos tres judíos es el Dios verdadero cuando Daniel le descifró su sueño, y no solo le descifró el sueño, sino que primero le dijo cuál había sido el sueño de este rey (Daniel 2).   El sueño que había tenido Nabucodonosor era la imagen de una gran estatua.   “La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;  /  sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido” (Daniel 2:32,33).

    Uno de los significados, entre todos los demás significados de esta estatua, siendo que solamente la cabeza de oro fino representaba el reino de este hombre, eso indicaba que un día muy cercano llegaría a su fin (2:39).   Al parecer no le agradó esta revelación de Dios, aunque sí entendió que la revelación provino de Dios.   Como evidencia de su inconformidad con Dios, Nabucodonosor mismo mandó a construir una estatua, pero ahora, toda de oro, dando a entender que su reino no tenía por qué perecer, y quería asegurarse de ello, mediante la lealtad de todos los ciudadanos nativos y cautivos que habitaban su reino, a quienes se les impuso la obligación de postrarse ante aquella estatua.   Quien no lo hiciera, significaba para Nabucodonosor que no quería la preservación del reino.   Esto fue lo que expresaron aquellos caldeos cuando vinieron al rey para acusar a estos tres fieles cuando le dijeron al rey Nabucodonosor: “Rey, para siempre vive” (3:9).   Nabucodonosor sabía que no tenía más esperanza para perpetuar su reino, pero aquellos varones sí sabían los planes de Dios, por lo que estaban tranquilos, y dispuestos a mantenerse fieles a Dios.   Su negativa de postrarse ante aquella estatua de oro construida por Nabucodonosor, era la evidencia de que estaban primera y verdaderamente comprometidos con los planes de Dios y no al de los hombres.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros ya debemos saber cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, y si en verdad estamos comprometidos con Él, no nos dobleguemos ante los intereses humanos que sean contrarios a los de Dios.   Los intereses humanos siempre tendrán su tiempo de perecer, y aunque los humanos hagan todo esfuerzo de preservar lo que Dios ya determinó darle fin, no lo lograrán; por eso como creyentes en Jesucristo debemos vivir no para la gloria de los hombres, sino para la gloria de Dios.   Si alguien intenta arrastrarte para su propósitos pecaminosos, “no consientas” (Proverbios 1:10).

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   La cuarta reacción injusta e inesperada de la gente que no teme a Dios, hacia las personas que están verdaderamente comprometidas con Dios, es que:

   IV.- TE AMENAZAN CON HACERTE UN MAL POR ESTAR VERDADERAMENTE COMPROMETIDO CON DIOS.

   Nada más observemos las palabras amenazantes de las que se valió este rey cuyo fin de reinado se aproximaba.   Como quien dice, eran sus últimas patadas de ahogado, y amenazó a estos tres siervos de Dios, diciéndoles: “Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (3:15).   De su enojo pasó a sus cuestionamientos y ahora a sus amenazas.  La amenaza, aunque él la vincula como castigo de los dioses quienes supuestamente avalan sus decisiones, es evidente que se trata únicamente de la imposición de su poderío y caprichos desesperados o más bien un intento de sobreponerse a sus propias debilidades, pues su determinación de echar al horno a los ‘desobedientes’ era más un intento de atemorizar a la gente para someterlas al fortalecimiento de su reino que estaba decayendo, pues cuando dice “¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?”, deja bien claro que solamente su capricho con el que desea manipular a los habitantes de su reino.   Pero, una persona verdaderamente comprometida con Dios, no se deja intimidar por una amenaza, sino al contrario demuestra toda la realidad de su convicción, aceptando si es necesario, morir por la fe en el Dios vivo y verdadero, antes que caer en la trampa de negar a Dios solamente por una amenaza.

    En Hechos 4, leemos la historia de los apóstoles Pedro y Juan, y un grupo de los primeros discípulos en Jerusalén, quienes fueron amenazados por causa de compartir su fe en Jesucristo, pero tampoco se dejaron intimidar, porque tenían bien claro que “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (4:12), sino que en su momento encomendaron el asunto a Dios mediante la oración, diciéndole: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, / …” (4:29).   Esto nos deja claro que los verdaderos discípulos de Jesús no se dejan intimidar por las amenazas que pudieran recibir de parte de cualquier persona.

    Amados hermanos, qué privilegio para nosotros aquí en nuestro medio, de no recibir amenazas en la actualidad por causa de nuestra fe, sin embargo, si algún día tuviésemos que enfrentar amenazas, que no sean motivos para renunciar a la fe, sino que sirvan como motivación para depender más en Dios por medio de la oración, alabanza, y gratitud a Jesucristo, quien por nosotros soportó toda amenaza tanto de los fariseos y saduceos de su época, como de las autoridades romanas de su época allá en Jerusalén, y que finalmente lo colocaron en la cruz, para que usted y yo seamos beneficiados con la salvación eterna.

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   La quinta reacción injusta e inesperada de la gente que no teme a Dios, hacia las personas que están verdaderamente comprometidas con Dios, es que:

  V.- QUEDAN INCONFORMES CUANDO LES CONFIRMAS QUE ESTÁS VERDADERAMENTE COMPROMETIDO CON DIOS.

   Observemos ahora, primeramente la respuesta de estos tres varones judíos verdaderamente comprometidos voluntariamente con Dios.  El texto bíblico de esa historia nos dice que “Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto” (3:16).   Estaban convencidos de que por nada del mundo deberían adorar la estatua de oro que pretendía proclamar la falsa perpetuidad del reino e imperio de Nabucodonosor.  Ellos conocían los valores eternos que sí valen la pena incluso dar la vida por ellos, por lo que sabiendo que aquella estatua no es más que la representación de una vana ilusión de un hombre que ha ganado una sentencia de parte del Dios eterno y verdadero, pues, resultaba natural que se negasen a adorarla.  Estos varones entendían muy bien que quien tiene la última palabra en todas las cosas no es el ídolo que un hombre puede crear con materiales terrenales, sino Dios quien determina en su voluntad lo que debe ocurrir, en este caso que el reino de este hombre llegue a su fin.   Pero, Nabucodonosor, no contento con la decisión final de estos varones, mandó calentar el horno siete veces más de lo acostumbrado, y luego ordenó el arrojamiento de estos tres varones en su interior, quienes lo único que dijeron fue: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará” (3:17), y así sucedió: “el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían” (3:27), y a Nabucodonosor no le quedó de otra que volver a reconocer lo que “…el Dios de ellos, […] envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios” (3:28).   Personas capaces de dar hasta la vida por sus convicciones acerca de Dios, sin dejarse convencer o amenazar para abandonar su fe, son las que están verdaderamente comprometidas con Dios.

    Desde el 606 d.C hasta el siglo XIX, dentro de los más de 50 millones de asesinados por la iglesia católica romana, entre herejes y verdaderos cristianos, uno de ellos fue Juan Huss quien fue quemado vivo en el año 1415.   John Fox, en El libro de los mártires, dice que cuando se puso la cadena alrededor de Juan Huss para asegurarlo a la estaca donde lo quemarían vivo, dijo con una sonrisa: “Mi Señor Jesucristo estuvo atado con una cadena más dura que ésta por amor a mí, ¿por qué, entonces, debo avergonzarme de esta [cadena] oxidada?”  Cuando se le pidió retractarse, Huss declinó y dijo: “Lo que enseñé con mis labios, lo sellaré ahora con mi sangre”[2].   Esta decisión solamente la pueden tomar personas que están verdaderamente comprometidas con Jesucristo y su mensaje redentor; y dejarán confirmado en la mente y conciencia de quienes tengan alguna duda, que ellos no están vacilando con la fe cristiana sino que están verdaderamente comprometidos con la causa del evangelio, y dispuestos a dar hasta la vida por sus convicciones, pues no cambiarían jamás de opinión.

   Amados hermanos, no estamos para complacer a los caprichos de los seres humanos como nosotros, no importa si están inconformes con nuestra decisión, es más valioso que permanezcamos confiando en lo que verdaderamente pertenece a Dios, y no en aquellas cosas que no pertenecen a Él.   Mantengámonos con la misma convicción de aquellos tres varones que con toda claridad dijeron a Nabucodonosor que “No es necesario que te respondamos sobre este asunto”.   Hagamos caso también a la exhortación apostólica dada a los Hebreos, que dice: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23).

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   CONCLUSIÓN: Para concluir con este mensaje, solamente quiero recordarle que cuando un creyente en Dios tiene voluntariamente un verdadero compromiso de servir a Dios, es muy posible que frecuentemente se vea en invitaciones, adversidades, y amenazas, que busquen desanimarlo en el servicio activo que está realizando; pero quiero recordarle también que si enfrentamos tales circunstancias con la debida actitud de firmeza, los enemigos de nuestra fe quedarán boquiabiertos con respecto a la actuación de Dios a través de nuestras vidas.   Sigamos fieles a nuestro compromiso con Dios, no dejando que ninguna causa externa y ni siquiera ninguna causa de nuestro interés personal influyan para que dejemos de servir al Dios que vale la pena servir.

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[1] http://www.ehowenespanol.com/programa-entrenamiento-mike-tyson-info_119962/

[2] John Fox; El libro de los mártires; CLIE; Barcelona, 1991; p. 175.

   

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