SOLO CRISTO, Por: Diego Teh.

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SOLO CRISTO

Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, el sáb/18/Oct en la cong. “Siervos de Jesús” (los puntos I, II, y III); el dom/19/Oct/ a las 10:30 horas en la cong. “Cristo es el Camino” (los puntos IV, V, y VI); y el dom/19/Oct, del 2014, a las 17:00 horas, en la cong. “Roca de la eternidad” (los puntos VII, VIII, y IX).

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   INTRODUCCIÓN: Durante casi medio milenio de años el romanismo había estado desarrollando muchas doctrinas sin fundamento en las Sagradas Escrituras sino solamente en sus propias innovaciones, pero el propósito de sus doctrinas no era edificar correctamente la fe en la revelación de Dios, sino mantener cautiva a la gente bajo su jurisdicción, aún bajo engaño.  Pero, mientras se iban desarrollando estas falsas doctrinas, también se iban levantando personas y grupos que protestaban y hacían las observaciones necesarias con las Sagradas Escrituras para demostrar que tales doctrinas no eran como el romanismo las presentaba.  Fue entonces en el siglo XVI que las innovaciones del catolicismo llegaron al colmo de muchos fieles en toda Europa, por lo que se desató el movimiento conocido hasta el día de hoy como la reforma protestante, cuyos principios doctrinales se resumen en “los cinco solos”: 1) Solo la Escritura; 2) Solo la Fe; 3) Solo la Gracia; 4) Solo Cristo; y 5) Solo a Dios la Gloria.   En este mensaje no pretendo exponer todo el rico contenido doctrinal y bíblico que se desarrolló durante la reforma, sino solamente me enfocaré a hablar de uno de “los cinco solos”, el “SOLO CRISTO”, del cual tampoco voy a hacer una completa presentación ni histórica ni teológica, sino que solamente haré una exposición bíblica básica que nos sirva para afianzar más nuestra fe en Jesucristo.

   La enseñanza que les compartiré en esta ocasión consiste en afirmarles que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa. / ¿Cuáles son las razones por las que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa?  /  Mediante algunos versículos de la Biblia, en este mensaje les presentaré algunas razones por las que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa.

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   La primera razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

I.- SOLO CRISTO MURIÓ POR LOS PECADORES.

   Esta afirmación la tomé de las palabras del apóstol Pablo a los romanos, a quienes les dijo: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).   Los romanos estaban acostumbrados a presenciar la muerte de personas que eran ejecutadas en una cruz.   Por todas partes del imperio romano se practicaba esta penalidad a ladrones, asesinos, y más malhechores, por lo que para los romanos no tenía nada de extraordinario que un hombre más fuese crucificado.  Sin embargo, había algo extraordinario en la crucifixión y muerte de Jesús, pues no se trataba solamente de la aplicación de las leyes romanas que condenaban a la muerte de cruz, sino que detrás de todo estaba la ejecución del plan de Dios.   Esto lo explica el apóstol Pedro a los romanos diciéndoles que Jesús fue “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23).

   La muerte de Jesús había ocurrido aunque ejecutado por una ley romana, era en realidad por el plan de Dios, así que no murió solo por la condenación romana, sino por determinación de Dios “por los pecadores”.  Lo voy a explicar de la siguiente manera: La justicia de Dios exigía que el ser humano que había pecado, tenía que pagar la culpabilidad de su pecado con su propia vida, pero también debía pagarlo siendo al mismo tiempo una persona santa, por lo que esta condición resultó ser totalmente imposible para todo ser humano, pues no hay persona humana que cumpla tales exigencias de Dios.   Pero, para que fuese posible el cumplimiento de esta demanda divina, Jesucristo vino a este mundo haciéndose humano como uno de nosotros y tuvo una vida que en palabras de un centurión romano que presenció su crucifixión “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47), teniendo esta expresión el significado de que se trataba de un hombre extraordinario que era verdaderamente y perfecto “hijo de Dios” (cf. Mateo 27:54; Marcos 15:39).   Jesús fue el hombre perfecto exigido por Dios, y que murió en representación de los pecadores que no podemos pagar la culpa de nuestros pecados.   Por eso, dice el apóstol Pablo, que “Cristo murió por nosotros” los pecadores.   Por eso les enfaticé en este punto que no hay otro que pueda ocupar el lugar de Cristo porque SOLO CRISTO MURIÓ POR LOS PECADORES.

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   La segunda razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

II.- SOLO CRISTO VENCIÓ LA MUERTE.

   El apóstol Pedro, en su primera predicación a los habitantes de Jerusalén, les recuerda que en el pasado, David como profeta de Dios “habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción” (Hechos 2:31), y luego les aseguró que “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual nosotros somos testigos” (Hechos 2:32).

   Hacer resucitar a alguien no es nada complicado para el poder de Dios, pues por ejemplo, en la época del profeta Eliseo, un niño fue resucitado (2 Reyes 4:32-37), e igualmente un israelita que iba a ser sepultado en la tumba de Eliseo fue resucitado (2 Reyes 13:21).  Jesús mismo presidió la resurrección del hijo de una viuda de un pueblo llamado Naín, con solamente tocar el féretro del hijo difunto (Lucas 7:11-15).  También resucitó a su amigo Lázaro después de cuatro días de haber estado muerto, e incluso ya estando en el sepulcro (Juan 11:11-44).   Pero todas estas resurrecciones ya mencionadas fueron gracias a la intervención del poder de Dios, pues ninguno de ellos resucitó por sí mismo, sino que Dios en su pura gracia quiso concederles el volver a la vida por un poco más de tiempo.   Pero en el caso de la resurrección de Jesús no se trata de ninguna gracia a su favor, sino es el mismo poder de Dios que habitaba en él lo que le hizo volver a la vida luego de haber estado también por tres días en los sepulcros de Jerusalén.   En otras palabras venció por sí mismo el poder de la muerte establecida para los seres humanos pecadores.   Aunque el texto dice que “A este Jesús resucitó Dios”, y otro texto dice que el Espíritu de Dios le levantó de los muertos (cf. Romanos 8:11), hay que recordar que Jesús es Dios mismo, y que había dicho “…yo pongo mi vida, para volverla a tomar.  Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo.  Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. […]” (Juan 10:17,18).   Y eso fue lo que sucedió.  Resucitó por si mismo garantizando la vida eterna de los pecadores redimidos, por lo que con mucha razón dice el apóstol Pablo a los Corintios: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55).

   Amados hermanos, lo que ahora nos toca hacer, lo dice San Pablo con las siguientes palabras: “…los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).  Si usted considera que Jesús murió y resucitó por usted, entonces, de manera natural, usted querrá y deberá vivir solamente para la gloria de Cristo.

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   La tercera razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

III.- SOLO CRISTO SALVA DE LA CONDENACIÓN.

   Debido a que en el nombre de Jesús un cojo había sido sanado por medio del ministerio de los apóstoles Pedro y Juan, “se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas,  /  y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes” (Hechos 4:5,6), para cuestionar con qué potestad o en nombre de quién (4:7) habían propiciado la sanidad del cojo.  Dentro de todo el argumento de respuesta para explicar que fue en la potestad y nombre de Jesús que aquel hombre había sido sanado, la afirmación fundamental que hace el apóstol Pedro a estos hombres importantes de Jerusalén fue: “y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).   Con estas palabras les debió haber quedado bien claro que en el nombre de Jesús no solamente puede haber sanidad para una personas, sino que la salvación que todo ser humano necesita para librarse de la condenación eterna que pesa sobre toda persona no puede ser hallada por ningún otro medio, persona, o institución, sino solamente en el nombre de Jesús, pues por eso les comunica bien claro que “en ningún otro hay salvación” y que “no hay otro nombre bajo el cielo […] en que podamos ser salvos”, sino solamente en Jesús.

   Amados hermanos, no hay otro que ocupe el lugar que Cristo ocupa porque solo Cristo es el Salvador de los que por causa del pecado están bajo condenación.  La salvación llega al ser humano no por pertenecer a determinada iglesia o denominación que profese ser cristiana o evangélica, sino solamente por medio de aceptar que Jesucristo murió por nosotros.   La salvación no llega al ser humano por el hecho de practicar las disciplinas de la lectura de la palabra de Dios, practicar la oración, ser un buen cantante, o buen músico de himnos de adoración, sino solamente por medio de ejercer fe salvadoramente en Jesucristo.   La salvación tampoco llega por hacerse miembro en plena comunión de alguna iglesia, o por hacer profesión pública de la fe como requisito de admisión dentro de la membresía de una iglesia local, sino que la salvación llega solamente por medio de la pura gracia de Jesucristo sin complemento alguno que el ser humano genere o que haga en obediencia alguna aun a Dios mismo, pues todo lo que el hombre haga nunca será suficiente para lograr su salvación.

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   La cuarta razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

IV.- SOLO CRISTO PERDONA LOS PECADOS.

   El apóstol Pablo, en una sinagoga de Antioquía de Pisidia, después de que se leyera las Escrituras y se pidiera si alguien tenía algo que decir al respecto de la lectura, aprovechó hablarles de Jesús, diciéndoles entre otras cosas lo siguiente: “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, / y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:39).   Aquí el apóstol Pablo les estaba diciendo que la misma ley de Moisés no perdonaba, sino solamente “por medio de él (de Jesús) se os anuncia perdón de pecados”, y recalca de nuevo que “en él (en Jesús) es justificado todo aquel que cree”.   Y esta es la verdad: SOLO CRISTO PERDONA LOS PECADOS.

   San Marcos en su relato acerca de aquel hombre paralítico que cargado por cuatro de sus amigos fue llevado ante Jesús a quien pidieron por su sanidad,  nos dice que lo primero que Jesús hizo fue decirle al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5).  Estas palabras de Jesús desató una gran inconformidad en los presentes, especialmente en los escribas que se encontraban en aquella casa, pero Jesús les confirmó y aclaró lo siguiente: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): / A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa” (Marcos 2:10,11).  Con esta acción de sanidad más difícil que expresar palabras de perdón, Jesús les dejó claro que si él puede sanar con el solo poder de su palabra, entonces también podía verdaderamente perdonar pecados, lo que estaba significando una declaración de que si solamente Dios puede perdonar pecados, él entonces era Dios.

   Amados hermanos, 1) para recibir la gracia de la salvación eterna de Dios toda persona necesita del perdón de sus pecados, y usted debe pedir SOLO A CRISTO el perdón de sus pecados adquiridos por naturaleza, pues de otra manera, usted no podrá ser salvo; 2) para recibir la gracia de la santificación cotidiana de parte de Dios, todo creyente necesita pedir también SOLO A CRISTO el perdón de los propios pecados cometidos ya sea deliberada o involuntariamente, pues SOLO CRISTO PERDONA LOS PECADOS.

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   La quinta razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

V.- SOLO CRISTO MEDIA ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES.

   El apóstol Pablo en su primer carta a Timoteo, le dice: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,…” (1 Timoteo 2:5).  En el contexto de estas palabras, San Pablo estaba pidiendo que se ore por todos los hombres, incluyendo a todos los que gobiernan pueblos, ciudades, estados, países, e incluso imperios, con el fin de que también ellos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.  Cuando San Pablo dice que hay “un solo mediador”, estaba indicando que las oraciones que se dirijan a Dios por las personas no salvas debe ser en nombre de Jesucristo el único mediador designado por Dios mismo; pero también estaba indicando que la salvación de estas personas solamente podía darse también a través de Jesucristo el único y solo mediador, pues no hay nada ni nadie más que pueda hacer esta función, porque no existen ni dos ni más mediadores entre Dios y los hombres sino solamente uno que se llama Jesucristo.  En otras palabras y con toda claridad les confirmo que SOLO CRISTO es el único mediador.

   En la antigüedad, Dios instituyó a los descendientes de toda una familia que por más de 1500 años fueron los sacerdotes del pueblo de Dios entre los israelitas.  Estos sacerdotes tenían la función de recibir algún animal, ave, o harina, de todo aquel que reconocía su pecado, y lo ofrecía en ofrenda a Dios, acercando a este pecador delante de Dios, y luego declaraba perdonado al pecador.  Pero tras la muerte y resurrección de Jesucristo, nos enseña la palabra de Dios que: “entró (al cielo) por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre…” (Hebreos 6:20), ya no siendo necesario más sacerdotes, sino solamente él.   Por eso allá en los cielos, él único mediador es SOLO CRISTO, y no hay nada ni nadie ni en el cielo, ni en la tierra, que pueda realizar esta función que él realiza a favor de nosotros los pecadores.

   Amados hermanos, que hermosa verdad de que SOLO CRISTO media entre Dios y los hombres para la salvación, por eso no somos los pastores, ancianos, diáconos, evangelistas, y/o maestros de la fe los que acercamos a Dios a la gente, sino que es SOLO CRISTO quien acerca a Dios, tal como dijo: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).   Nosotros, solamente comunicamos el mensaje del evangelio, pues es Jesucristo mismo quien con el poder de su Palabra y Espíritu, convence irresistiblemente a las personas para aceptar la salvación.   Nadie debe pensar que se ha acercado a Dios solamente porque mantiene una buena amistad con algún ministro del evangelio u otro creyente a quien acompaña a la adoración aunque lo acompañe de manera frecuentemente, pues ninguno de nosotros servimos como mediadores de la salvación, sino SOLO CRISTO.

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   La sexta razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

VI.- SOLO CRISTO ES EL TEMA DE LA EVANGELIZACIÓN.

   Cuando el apóstol Pablo escribe su primera carta a los Corintios, les comenta que cuando tiempo atrás él llegó a aquella ciudad para predicar el evangelio, no llegó sintiéndose un autosuficiente predicador, pues él mismo les testificó que cuando estuvo antes con ellos “no fui con excelencia de palabras o de sabiduría” (1 Corintios 2:1), para que la fe que se produciría en ellos “no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5).   También, cada vez que tenía que hablar ante la gente, sentía temor y le daba hasta temblor, pero qué bueno que experimentaba temor y temblor, porque así tenía cuidado de no decir cualquier ocurrencia a la gente, y se veía en la necesidad de ocuparse primeramente en saber lo que es la verdad acerca de Jesucristo y luego lo predicaba.   Por eso, acerca de lo que él hacía antes de predicarles cada sermón, les hace una clarísima explicación, diciéndoles: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2).  Esto nos indica que para la proclamación del evangelio, SOLO CRISTO es el conocimiento fundamental y necesario de adquirir, especialmente en lo que concierne al motivo de su crucifixión, pues solamente así la predicación del evangelio resulta poderosa.

   Amados hermanos, este testimonio del apóstol Pablo nos es un buen ejemplo de lo que cada uno de los que amamos a Jesucristo debemos hacer por habernos dado cuenta de la valiosa salvación que hemos recibido por medio de SOLO CRISTO.  Debemos ponernos la responsabilidad de profundizar nuestro conocimiento acerca de Cristo, para que tengamos la facilidad de compartirlo a la gente que todavía no ha probado la efectividad de la gracia salvadora.  Las personas que tienen dificultad para saber qué decir acerca de la persona y obra Cristo, simplemente no saben qué decir porque no se han propuesto como Pablo “saber […] a (de) Jesucristo, y a éste crucificado”.   Pero aquellos que desean testificar acerca de la obra de Cristo en sus vidas, y de la salvación que puede ocurrir en la vida de otras personas, tenemos que “saber” más acerca de Cristo, pues SOLO CRISTO es el personaje clave y central de la salvación.

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   La séptima razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

VII.- SOLO CRISTO ES EL ÚNICO CAMINO HACIA DIOS.

   Para instruir a Tomás y alejarlo de sus dudas, Jesús mismo le dijo en una ocasión: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).  Con estas palabras, Jesús deja bien claro que el camino a Dios, o sea el camino al cielo es él solamente, y no deja opción para la existencia de otro camino, y lo confirma cuando le dice de nuevo a Tomás que “nadie viene al Padre, sino por mí”.

   Existe una idea popular que no va de acuerdo con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, que promueve que todas las religiones llevan a Dios o al cielo. Sin embargo, la declaración de Jesús es muy definida y clara que solamente él puede conducirnos hacia Dios.

   Amados hermanos, gracias a Dios que nos enseñó el camino de la salvación, el camino hacia él, el camino hacia el cielo.  Nadie más tiene los méritos de poder acercarnos a Dios sino SOLO CRISTO.  Ningún camino religioso, ningún hombre religioso, ninguna obra religiosa, ninguna adoración religiosa, ninguna oración religiosa puede llevar a un pecador a reconciliarse con Dios, sino SOLO CRISTO.

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   La octava razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

VIII.- SOLO CRISTO ES EL ÚNICO HIJO DE DIOS.

   Como 15 siglos antes de Jesús, los israelitas que atravesaron el desierto rumbo a la tierra prometida, pasaron en un área del desierto donde había muchas serpientes venenosas, que mordieron a muchos de ellos y murieron.   Pero para que no murieran les fue ordenado elaborar una serpiente de bronce y que fuese levantando en un lugar visible, para que cuando alguien fuera mordido por aquellas  serpientes venenosas, simplemente tenía que mirar aquella serpiente de bronce, y se salvaba de la muerte.

   Jesús, en su conversación con Nicodemo, le explicó que así como aquella serpiente fue levantada a la vista de los israelitas del desierto para que no mueran si eran mordidos por las serpientes, así también sería levantado el Hijo del Hombre, o sea Jesús mismo, para que en este caso no para que las personas no muramos de mordeduras de serpientes, sino para que el ponga su mirada en Jesús crucificado “…no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15,16).   Hablando, entonces, Jesús de él mismo, le dice a Nicodemo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).   Pero con estas palabras, Jesús describe que tal como en el desierto solamente fue levanta una serpiente de bronce, y no dos, así Dios “ha dado a su Hijo unigénito”, o sea que Dios solamente tiene un Hijo, y no dos.   En otras palabras, SOLO CRISTO es el único Hijo de Dios.

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   La novena razón por la que no hay otro ser que pueda ocupar el lugar que solo Cristo ocupa, es porque:

IX.- SOLO CRISTO DEBE SER ADORADO.

   Cuando el apóstol Pedro en una ocasión visitó a Cornelio en su casa en la ciudad de Cesarea, Cornelio salió a recibirle, pero nos dice el relato que  Cornelio “… postrándose a sus pies adoró.  / Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hechos 10:25,26).  Pedro, consciente de que no es alguien que deba ser adorado, no recibió para sí mismo la adoración de Cornelio, pues comprendía que la adoración pertenece SOLO A CRISTO.   Pedro, argumenta que la razón por la que él no debía ser adorado es porque “yo mismo también soy hombre”.

   Lo mismo ocurrió en otra ocasión cuando Pablo y Bernabé en una ciudad llamada Listra le dijeron a un cojo de nacimiento “Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó y anduvo” (Hechos 14:10), por lo que la historia continuó así:  Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.  /  Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.  /  Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.  /  Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces  /  y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14:11-15).  Esta historia nos dice que la gente pensó que los apóstoles eran dioses con semejanza de hombres, y hasta el mismo sacerdote de Júpiter (no de Dios) quería ofrecer sacrificios a Bernabé a quien la gente había relacionado con Júpiter, pero los apóstoles lo impidieron diciendo a aquel sacerdote pagano y a los de Listra que “también nosotros somos semejantes a vosotros”, o sea que no hay nada extraordinario en ningún siervo de Dios que le haga merecedor de adoración alguna, sino SOLO CRISTO es quien debe ser adorado, porque él es Dios digno de ser adorado.

   Amados hermanos, es bueno tenerle respeto, obediencia en el Señor, a todo siervo de Dios que es legítimamente constituido en toda iglesia local, pero nunca nadie debe tenerlos como si los siervos de Dios fueran dioses.  Tanto, Pedro, como Pablo, y Bernabé, nos recuerdan que solamente son hombres al servicio de Dios, que “anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo” (Hechos 14: 15).   Cualquier persona que exija esta gloria que SOLO A CRISTO le corresponde, debe usted identificarlo como un falso profeta, falso pastor, o falso maestro.  Abandónelo inmediatamente, y dele adoración a nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, es muy importante esta doctrina de “SOLO CRISTO”, porque nos enseña a NO poner nuestra confianza espiritual en organizaciones o personas humanas aunque estos sean verdaderos siervos de Dios pues 1) ninguna organización y ningún ser humano murió por nosotros por causa de nuestros pecados, 2) ninguna organización y ningún ser humano ha tenido el poder de la vida eterna en sus propias manos como Cristo quien puso su vida por nosotros y la volvió a tomar con vida en su resurrección, garantizándonos así una vida eterna en su gloria celestial, 3) ninguna organización y ningún ser humano tiene poder para salvar de la segura condenación eterna, sino SOLO CRISTO puede hacerlo, 4) ninguna organización y ningún ser humano puede verdaderamente perdonar nuestros pecados, sino SOLO CRISTO, 5) ningún objeto, persona viva o muerta por más santa que sea o haya sido, puede ser mediador entre Dios y los hombres, pues SOLO CRISTO es el mediador autorizado por Dios, y 6) ningún tema que se predique que no sea cristocéntrico puede ser poderosamente salvador sino SOLO CRISTO es el tema central de la predicación evangélica.   Es por eso que el apóstol que escribió a los Hebreos les dijo que se debe tener “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).   No ponga usted sus ojos para salvación ni siquiera en la iglesia presbiteriana ni esta iglesia local porque no somos nosotros los que morimos por usted; no ponga usted sus ojos ni siquiera en algunos de los pastores con los cuales tiene mucha amistad o simpatía, pues, no somos el Cristo; no ponga sus ojos en la libreta de miembros en plena comunión de la iglesia, o en su constancia de admisión como miembro de la iglesia, pues ninguno de estos documentos oficiales de la iglesia garantizan la salvación de usted, sino SOLO CRISTO.   Por todo lo anterior, mis amados hermanos, les animo a que fortalezcan su fe en SOLO CRISTO.

   

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