ACTITUDES INCORRECTAS DE LOS QUE SOLO OYEN A JESÚS, Por: Diego Teh.

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ACTITUDES INCORRECTAS DE LOS QUE SOLO OYEN A JESÚS.

Lucas 18:18-30

 

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “Getsemaní” de Puerto Aventuras, Mpio de Solidaridad, Q, Roo; el día sábado 15 de Noviembre del 2014, a las 18:00 horas, durante una minigira del coro de varones “Ebenezer” de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yuc.

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   INTRODUCCIÓN: Un miembro fiel en asistencia dominical en la iglesia escucha un total de 52 predicaciones matutinas, y 52 predicaciones vespertinas, y si pertenece a una iglesia que también tiene culto los sábados, se agrega a su oído otras 52 predicaciones, escuchando así un total de 156 predicaciones, los cuáles demandaron un arduo trabajo de oración y preparación homilética del pastor o predicadores que tomaron el púlpito durante el año.  Además de todo lo anterior, un miembro fiel participa en otros 52 estudios bíblicos por lo general dominicales y por la mañana, llegando así a un total de 208 entre predicaciones y enseñanzas bíblicas que recibe anualmente.  Suficiente para que ocurran en este miembro de iglesia por lo menos 200 cambios anualmente en su vida.   Multiplíquelo usted por la cantidad de años que una persona ha pasado integrado a la iglesia.   Si lleva cinco años, deben haber en esta persona hasta mil cambios espirituales; y si lleva diez años, pues debe haber en él dos mil cambios espirituales; y mientras más años de escuchar las predicaciones y enseñanzas, pues más cambios se esperan en esta persona.   Desafortunadamente, en muchas personas, a pesar de llevar años de adoctrinamiento en la iglesia, no se ven los cambios esperado en su vida.

   En la historia bíblica que nos ocupa en esta ocasión, Lucas 18:18-30, se nos habla de una persona joven y adinerada que hizo a Jesús una pregunta, la cual le respondieron oportuna y claramente, y en la respuesta que le ofrecieron le indicaron lo que debía hacer, pero simplemente decidió no hacer lo que le indicaron.   La historia de aquel joven adinerado quien simplemente no quiso obedecer la instrucción que le haría beneficiario de la herencia de la vida eterna, nos enseña cuáles son las actitudes incorrectas de una persona que solamente oye las enseñanzas de Jesús.  /  ¿Cuáles son las actitudes incorrectas de una persona que solamente oye las enseñanzas de Jesús?  /  En este mensaje con fundamento en la historia del del joven rico que dialogó con Jesús, les compartiré cuáles son algunas de las actitudes incorrectas de una persona que solamente le gusta oír desde una hasta más de mil enseñanzas cristianas en su vida.

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   La primera actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

I.- QUERER SOLAMENTE SABER PERO NO QUERER OBEDECER.

   Una cosa me llama mucho la atención de este personaje, y no es el hecho de que es descrito como “un hombre principal” (v. 18), sino que me llama la atención el hecho de que demostraba interés de aprender las enseñanzas acerca de la obediencia a Dios y el respeto al prójimo, por lo que al acudir a Jesús, se nos dice que este hombre “preguntó” (v. 18).  El tema de su pregunta fue muy interesante y valía mucho la pena hacer esta pregunta, que fue “¿qué haré para heredar la vida eterna?” (v.18).  Antes de recibir respuesta, Jesús le dijo lo siguiente: “Los mandamientos sabes” (v. 20).   Jesús había observado en él una persona que no era tan descuidada en el aspecto de aprender las leyes como los diez mandamientos, pues le reconoce su capacidad intelectual diciéndole: “sabes”.   Y esta persona, sobre su saber seguía preguntando para saber más.  Y Jesús no le negó la respuesta a su pregunta sino que le dijo que sus esfuerzos de obedecer los diez mandamientos no eran suficientes sino que algo le faltaba, pero cuando le dijeron que cosa le faltaba, al oírlo, “se puso muy triste”, se dio la media vuelta, y “se fue” (Mateo 19:22), no interesándose en hacer lo que le dijeron que debe hacer para heredar la vida eterna, sino que en vez de seguir a Jesús “se fue”, abandonándole, sin la mínima intención de obedecer la enseñanza que le fue dada en aquel momento.   Este es el tipo de personas que si de tomar un estudio bíblico, o de escuchar una predicación, o de leer un devocional se trata, están tan interesadas con tal de solamente alimentar su conocimiento.  Saber es muy bueno, sin tener absolutamente nada de malo.   Pero lo malo surge, cuando ese conocimiento se queda solamente almacenado en la memoria, y no hay decisión de hacerse un verdadero y buen discípulo de Jesús.

   En el año 1887, en la iglesia donde predicaba el pastor Dwigth Lewis Moody, un joven decidió consagrar su vida al servicio de Dios, y como estaba convencido de su decisión mencionó palabras que sirvieron de inspiración para el ministro de música de aquella iglesia congregacional, así como del pastor presbiteriano de otra iglesia, quienes como resultado escribieron el himno: PARA ANDAR CON JESÚS, cuyo coro dice: “Obedecer y confiar en Jesús, es la regla marcada para andar con Jesús”.   Las palabras de aquel joven que consagró su vida a Dios, fueron: “En realidad no sé cómo le voy a hacer, pero yo voy a confiar y a obedecer a Dios”.   Esto fue lo que no pudo decidir aquel joven rico que abordó a Jesús.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros hemos y seguimos acumulado conocimiento abundante acerca de la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pero lo que Jesús más espera es no que sepamos más sino que obedezcamos más.

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    La segunda actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

II.- HACER SOLAMENTE LO QUE LE PARECE MÁS FÁCIL.

  Cuando este joven se dio cuenta de que Jesús si valoró su conocimiento sobre los mandamientos de Dios, presumió diciéndole a Jesús “Todo esto he guardado desde mi juventud” (v. 21).  Pero cuando Jesús le dijo que hay algo que le faltaba hacer, me imagino que pensó que si se trataba de algo sencillo, lo haría con todo gusto.   Pero cuando le dijeron qué era lo que tenía que hacer, dice San Lucas que el joven “oyendo esto, se puso muy triste” (v. 23).  La razón de su tristeza fue porque Jesús le estaba pidiendo algo que no le era fácil hacer.  Tenía que vender todo lo que tenía y darlo a los pobres, y luego seguir a Jesús como discípulo.  Era más fácil decir: “Nunca he cometido adulterio”, “nunca he matado a alguien”, “nunca he hurtado los bienes de otros”, “nunca he dicho falso testimonio contra alguien”, y “nunca he faltado en honra a mi padre y a mi madre”, que deshacerse de todo aquello que había conseguido no sé si por trabajo o por herencia.    Este es el tipo de personas que solamente obedecen lo que les es fácil de obedecer y que pueden presumir que lo obedecen, pero cuando alguna obediencia requiere de algún sacrificio o renuncia de algo del que hay que desprenderse, mejor dejan a Dios a un lado, dándole la espalda como lo hizo el joven rico hacia Jesús.

   ¿Qué sucede cuando las personas hacemos solamente las cosas fáciles, y no nos esforzamos por hacer las cosas que nos parecen más difíciles?  Lo que sucede es que simplemente no aprendemos, y no progresamos en nuestro aprendizaje práctico.  Aunque teóricamente puede que sepamos o entendemos cómo se hace, pero si no lo hacemos, quedamos solamente con información en la memoria, pero no se ven los resultados de nuestro conocimiento por medio de las cosas que hacemos.  Me ha tocado ver a algunas personas que se han interesado en aprender a tocar la guitarra, porque de alguna manera les gusta ver y oír la ejecución de ese instrumento, y quisieran personalmente tocarlo, incluso con la mentalidad de usar su habilidad para dedicar las alabanzas a nuestro Dios, pero cuando los interesados ven difícil la pulsación de las cejillas, o cuando sienten que les duele las yemas de los dedos por la presión que hacen sobre las cuerdas, algunos abandonan su interés por aprender a tocar la guitarra.   Todo eso, porque no quisieron avanzar hacia una etapa ciertamente un poco difícil en el aprendizaje, pero que finalmente los hará excelentes ejecutores de la guitarra.

   Amados hermanos, en cuanto a la obediencia que debemos prestar a las enseñanzas de Jesús que escuchamos durante nuestra vida, no debemos asumir la actitud de hacer solamente lo que nos parece fácil o solamente lo que nos conviene, sino aunque obedecer algo nos parezca o sea algo difícil, debemos hacerlo porque eso corrige las vanidades de nuestra vida y nos conduce por medio de Jesús a los caminos de obediencia a Dios.

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    La tercera actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

III.- DEJAR QUE LO TERRENAL LE IMPIDA BUSCAR EL REINO.

   Analizando la historia de este joven rico que alegremente abordó a Jesús, observamos que luego de escuchar la recomendación de Jesús, de que vendiera todo y que lo diera a los pobres, San Lucas nos dice que la razón de la profunda tristeza del joven fue “porque era muy rico”  (v. 23).   No cabía en su mente la idea de deshacerse de todo, porque no sería poco lo que perdería sino todo lo que poseía.  Pero, yo creo que Jesús no está en contra del tener riquezas, pues él mismo lo da a quien él quiere, pero cuando una persona se aferra a lo que tiene y se olvida de Dios, es cuando Jesús pide que uno se deshaga de aquel impedimento.  Cuando Jesús se dio cuenta de la tristeza de aquel joven, aprovechó decirles a la gente que le rodeaba durante aquel viaje que hacían, que ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!  /   Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.  /  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (vv. 24b-26).   Con estas palabras, Jesús está dejando lo suficientemente claro que no hay salvación para la persona que prefiera estar aferrada a sus riquezas como a cualquier otra atracción, sin querer por causa de ello entrar en el reino de Dios.   Este es el tipo de personas que en este momento ponen un sinfín de pretextos o realidades terrenales para no querer nada con Dios y así se les hace difícil entrar en el reino de Dios.

   En un sermón del famoso predicador Spurgeon, leí que un padre de familia cuyo hijo se iba a la universidad, le encargó a su hijo que para lograr exitósamente su carrera, lo más conveniente es que se dedicara totalmente a sus estudios, evitando incluso que se dedicara ni en lo más mínimo en asuntos de la religión cristiana.   Pero poco tiempo después el joven se convirtió al cristianismo, y su padre muy enojado con él le dijo: ¿No te encargué que te dedicaras solamente a tus estudios, y si te interesa la religión, espera hasta que termines tus estudios?  El joven que ya estaba muy interesado en saber y vivir las enseñanzas de Jesús, le respondió a su padre: “Papá, tengo muy pendiente tus recomendaciones, pero Jesús me dice que lo que debo hacer es: `Buscad primeramente el reino de Dios…’ (Mateo 6:33) y creo que él tiene mucha razón”.

   Amados hermanos, Dios ha puesto a nuestro alcance su glorioso reino al cual nos convida por medio de su Hijo Jesucristo a entrar en él.   No debemos dejar que los intereses por las cosas terrenales como el trabajo o los bienes que le hicieron difícil al joven rico entrar al reino de Dios, ni debemos dejar que los estudios y los consejos inadecuados como los del padre del joven del relato de Spurgeon, nos impidan acercarnos, entrar, y permanecer dentro del reino de Dios.

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   La cuarta actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

IV.- NO ESTAR DISPUESTO A SER UN DISCÍPULO DE JESÚS.

   La razón por la que Jesús le explicó a aquel joven qué era lo que le faltaba hacer, era para que él pudiera hacerse discípulo de Jesús, porque le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme (v. 22).   Sin embargo, es evidente que no quería hacerse discípulo de Jesús, porque no se interesó en seguir a Jesús, pues no solamente “se puso muy triste”, sino que según Mateo “se fue triste” (Mateo 19:22), y luego que se fue, nunca se nos vuelve a decir en los relatos de los evangelios que haya regresado para seguir a Jesús, y ni siquiera regresó tan siquiera para platicar sobre otro asunto con Jesús.  En otras palabras, lo que el joven estaba expresando con su acción de irse triste, es: ¡Gracias Jesús, si esto enseñas, yo no puedo seguirte como tu discípulo, porque no me conviene!

   Afortunadamente, tenemos ejemplos de que se puede ser rico, y al mismo tiempo se puede obedecer las enseñanzas de Jesús y ser asimismo su discípulo.   Luego que Jesús y el joven rico se separaron en el viaje que hacían, Jesús entró a la ciudad de Jericó donde en el centro de la ciudad fue abordado por otro rico llamado Zaqueo, quien como aquel joven es probable que se había acostumbrado a vivir atado a sus riquezas, por lo que tras oír las enseñanzas de Jesús, decidió responder a Jesús: “Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:10).  Esta actitud es la de una persona que quiere seguir las enseñanzas de Jesús.  Lo que aprende lo obedece.

   Amados hermanos, Jesús espera no que solamente seamos oyente de sus enseñanzas, doctrinas, y predicaciones registradas en las Sagradas Escrituras, sino que espera que con una actitud de obediencia seamos sus discípulos, pues no se puede ser discípulo si no hay voluntad de seguir obedientemente sus enseñanzas.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ha sido para mí un privilegio compartirles en esta ocasión la bendita palabra de nuestro Señor Jesucristo, y quiero dejarles muy claro que aunque la palabra de Dios mora en abundancia entre ustedes, y tienen la oportunidad de escucharla una y otra vez de labios del pastor de esta iglesia así como de todos los que predican entre ustedes, NO se trata de solamente escuchar un número record de predicaciones y enseñanzas sin obedecerlas por causa de las cosas que cautivan el interés personal, sino que se trata de oír las enseñanzas de Jesús pero con una disposición de obedecerle, ya que sus palabras no son perecederas sino que son palabras de vida eterna.   La obediencia es una de las características que Dios espera de todos y cada uno de sus hijos.  En una ocasión, luego de una desobediencia cometida por el rey Saúl, el profeta Samuel le dice al rey que “…Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…” (1 Samuel 15:22), y esta verdad no deja de ser cierta cuatro mil años después de Samuel, sino que hasta el día de hoy, no solamente debemos llenarnos de conocimiento del evangelio, sino que hay que obedecer aunque sea difícil para nuestra experiencia el hacer lo que Dios espera de nosotros.  Debemos ocuparnos en buscar el reino de Dios sin aferrarnos a las cosas terrenales que traen utilidades temporales a nuestras vidas.  Y finalmente, debemos estar decididos a ser verdaderos discípulos de Jesús.

   

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