SUBLIMES EXPERIENCIAS DE LA PERSONA QUE ESPERA EN DIOS, Por: Diego Teh.

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SUBLIMES EXPERIENCIAS DE LA PERSONA QUE ESPERA EN DIOS

Lucas 2: 25-35.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Getsemaní” del  fracc. Paseos de Itzincab, de Mérida, Yuc; el domingo 28 de Diciembre del 2014, a las 11:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Dios siempre ha querido que el ser humano, en especial sus hijos desarrollen en su vida la paciencia y la esperanza.   Dios siempre nos hace esperar para disfrutar sus más sublimes bendiciones.  Desde que Dios prometió que un descendiente de Eva nacería para acabar con las artimañas de Satanás mismo, tuvieron que transcurrir un aproximado de dos mil años hasta que Jesús nace en este mundo, pues como escribió el apóstol Juan Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8), pero hubo que esperar como dos mil años.   Y desde que Jesús se fue de regreso al cielo todavía faltan como diecinueve años para que se cumplan también otros dos mil años, mientras tanto los creyentes de cada generación estamos esperando que él regrese por segunda vez.  Dios nos está enseñando a esperar por motivos verdaderamente sublimes para nosotros los pecadores, según el apóstol Pedro dando oportunidad para “que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

    En nuestra historia bíblica de hoy, tenemos también el caso de un hombre llamado Simeón quién “esperaba la consolación de Israel” (v. 25), quien por el contexto inmediato de la narración deducimos que no se trataba de un jovencito sino de una persona en edad adulta avanzada, quien evidentemente se había pasado no en vano toda su vida en espera del nacimiento de la verdadera esperanza primeramente para los israelitas pero también para el mundo entero.

    En el mensaje que les quiero presentar en esta ocasión, basado en un sencillo análisis de la persona de Simeón, les compartiré la enseñanza de que una persona que se propone esperar en la manifestación de Dios vive las mejores experiencias espirituales que puedan ocurrirle a un ser humano.  /  ¿Cuáles son esas experiencias espirituales que ocurren en una persona que se propone esperar en la manifestación de Dios?  /  En este mensaje me propongo presentarles cinco de estas experiencias espirituales.

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    La primera experiencia espiritual que ocurre en una persona que espera en la manifestación de Dios, es que:

I.- DESARROLLA UNA EXCELENTE ESPIRITUALIDAD.

   Primero, observemos cómo San Lucas describe a Simeón diciendo: “…y este hombre, justo y piadoso,…” (v. 25).  Lo que esta descripción nos indica es que se trataba de una persona que vivió de una manera congruente entre lo que cree y en su forma de vivir.  Por fe estuvo esperando la manifestación de Dios para la nación de Israel y por esa misma fe desarrolló una excelente conducta fundamentada en la misma fe que profesaba.   Esperando la manifestación de Dios para beneficio de su pueblo, no podía Simeón vivir de otra manera, pues, si no, no hubiera tenido el privilegio de  recibir en sus propios brazos a la encarnación de nada menos que de Dios mismo.   Justicia y piedad son las dos descripciones que identifican a este hombre como una persona que verdaderamente esperaba en Dios.

    Al respecto de Simeón no se nos dice que haya sido un sacerdote, o dedicado a algún ministerio en el templo, pero por el hecho de que San Lucas presente como relevante que no un sacerdote en turno sino un simple hombre llamado Simeón fuese el primero en tomar en sus brazos al recién nacido Jesús, y que tanto José y María hayan tenido la confianza de entregárselo en sus manos, es una indicación de que Simeón era un hombre respetado en Jerusalén, sin duda alguna no por una investidura religiosa sino por su comportamiento “justo y piadoso”.

    Amados hermanos, al igual que Simeón, por la misma esperanza que ahora tenemos en Jesús también somos invitados o exhortados en palabras del apóstol Pablo, a que también vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12b), como resultado de una vida congruente entre lo que creemos y lo que vivimos.   Esto sería una de las mejores experiencias que viviríamos gracias a la fe que ahora también nosotros tenemos en Dios.

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    La segunda experiencia espiritual que ocurre en una persona que espera en la manifestación de Dios, es que:

II.- ESPERA UNA BENDITA ESPERANZA.

   Israel no había podido vivir con dignidad durante más de setecientos años como un auténtico pueblo que en realidad había sido escogido como un pueblo especial de entre todos los pueblos del mundo.  Israel era como un pueblo sin Dios, que había quedado a merced de las naciones extranjeras, porque Dios ya no había querido morar en medio de ellos, pues la gloria de Dios ya no posaba sobre el templo de Jerusalén, y ya el arca del pacto desde la conquista de los babilonios desapareció del templo que en el lugar santísimo indicaba también la realidad de la presencia de Dios.   ¡Qué terrible es cuando Dios no quiere estar con los seres humanos!, y motivos justos y suficientes tiene para hacerlo, y los seres humanos siempre lo tendremos justamente merecido.  Por eso desde la época de Jeremías, tras el cautiverio realizado por los babilonios en contra de ellos como pueblo israelita y judío, él exclamó diciendo: El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en medio de mí; llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes; como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá.  /  Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas, porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.  /  Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos” (Lamentaciones 1:15-17).   Desde aquella cautividad babilónica quedaron como un pueblo que “no tiene quien la consuele”.  Y así había continuado su historia en manos de los griegos, los seléucidas, los ptolomeos, y para la época de Simeón en manos de los romanos,  sin que tenga quien la consuele.

    Es en esta condición sin consuelo para los israelitas, que se nos relata por San Lucas que había en Jerusalén un hombre llamado Siméon, que “…esperaba la consolación de Israel…” (v.25).  Claro que no era el único que esperaba en Dios, pero seguramente era uno de los pocos que tenían en Dios su esperanza para beneficio de Israel como pueblo o nación, pues Simeón destaca no solamente por su esperanza sino por su servicio fiel y perseverante en el templo de Jerusalén.   Gracias a su esperanza, pudo tener en sus propias manos, nada menos que a la encarnación del Hijo de Dios.  Pero, lo que nos queda claro en este punto es que su bendita esperanza se cumplió en el nacimiento de Jesús, quien según la profecía era el Divino Emanuel, es decir, era Dios que ahora estaba de vuelta “con nosotros” (con Israel) para consolarlos, pues después de largos siglos de no estar morando entre ellos, ahora había nacido en Belén, y ahora estaba en las manos de un bienaventurado pecador que había confiado durante toda su vida en Dios.

    Amados hermanos, igualmente, como Simeón estamos también con una esperanza no para Israel sino para la iglesia, su pueblo de ahora, aunque especialmente nuestra esperanza es específicamente para nuestras almas personales, por lo que también por medio del apóstol Pablo, se nos exhorta a vivir aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).  Qué mejor experiencia para un hijo de Dios, que como creyente en la esperanza bienaventurada y gloriosa del regreso de nuestro Salvador Jesucristo, estemos aguardando, o sea, esperando el momento de su segunda venida, nuestra bendita esperanza.

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   La tercera experiencia espiritual que ocurre en una persona que espera en la manifestación de Dios, es que:

III.- RECIBE UNA SANTÍSIMA COMPAÑÍA.

   Es interesantísimo observar que San Lucas narra que “…y el Espíritu Santo estaba sobre él…” (v. 25). Cuando el Espíritu Santo viene sobre alguien es porque Dios quiere hacer algo extraordinario a la vista de otras personas.  La persona que cuenta con esta santísima compañía se vuelve un grande instrumento en las manos de Dios para que su obra sea realizada a la vista de otros.  Por ejemplo, fue el Espíritu Santo que daba sabiduría a los que construyeron e hicieron los minuciosos detalles artísticos del tabernáculo de Moisés (Exodo 31:2-5), y del templo de Salomón; fue el Espíritu Santo que estaba sobre Sansón cuando su fuerza se hacía extraordinaria para defender al pueblo de Israel de manos de los filisteos (Jueces 14:6; fue también el Espíritu Santo quien intervino en la engendración de Jesús de manera extraordinaria en la virgen María (Lucas 2:35; Mateo 1:20); fue también el Espíritu Santo que llenó y capacitó a los primeros diáconos de la historia de la iglesia (Hechos 6:3).  Y Simeón fue una de estas personas privilegiadas que contó con la presencia, y guía del Espíritu Santo para esperar en Dios, incluso para acudir al templo para adorar a Dios mismo en compañía de otros fieles.  ¡Qué grato privilegio poder contar con la presencia Divina y todopoderosa del Espíritu Santo!

    Pero lo que podemos observar es que el Espíritu Santo de Dios había acompañado a Simeón no ocasionalmente ni por breves momentos, sino durante toda su vida llena de fe en la esperanza que vendría de Dios para el pueblo de Israel.  Se trata de una presencia reservada para aquellos que creen en las promesas de Dios, y esperan el cumplimiento de tales promesas.   Qué gran privilegio que una persona pueda contar con el grato y santísimo acompañamiento de Dios por medio de su Espíritu Santo.  Esta persona no vive nunca desorientada sino que toda su vida paso a paso, momento a momento es guiada a propósitos específicos en su vida.  Esperar en Dios hace que el ser humano experimente la presencia de su Santo Espíritu.

    Amados hermanos, por otra parte, gracias a la fe que ahora tenemos en Jesucristo, hemos sido dotados como a Simeón, de la presencia del Espíritu Santo, tal como dice el apóstol Pablo a los corintios “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).  Es la persona con el poder divino que nos conduce a lograr los propósitos de nuestra vida que están de acuerdo con la voluntad de Dios.  ¡Qué gratísima experiencia espiritual de contar nada menos que con la compañía divina del Espíritu Santo.

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    La cuarta experiencia espiritual que ocurre en una persona que espera en la manifestación de Dios, es que:

IV.- COMPRUEBA UNA CIERTÍSIMA PROMESA.

   En cuanto a la misma razón de vivir de Simeón, San Lucas narra que: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.  /  Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,  /  él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:  /  Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;…” (vv. 26-28).  Lo que aquí quiero señalar es que cada cosa que Dios le reveló a Simeón, este hombre tuvo la dicha de comprobar que Dios si cumple, pues cuando toma en sus brazos a Jesús, se dirige en oración a Dios diciéndole: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra”.   La palabra de Dios se cumple y se cumplió una vez más, pues cuando Dios dice que va a hacer algo, lo hace; y Simeón pudo comprobarlo en la ocasión del nacimiento de Jesús, y estoy seguro que también lo había comprobado en momentos anteriores de su vida.   Una persona de fe en Dios y sus promesas, puede comprobar una y otra vez la fidelidad, el amor, la gracia, y todas las bondades de Dios; pues de hecho somos llamados precisamente para ello, para comprobar la voluntad de Dios.

    Amados hermanos, al igual que Simeón hemos sido llamados para comprobar la voluntad de Dios, a la cual seguramente seremos guiados por su mismo Espíritu Santo, pero es necesario también que sigamos la siguiente instrucción explicada a los romanos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).  Solamente viviendo no conforme a las perversidades de nuestros tiempos, y doblegando nuestro entendimiento equivocado ante la autoridad de la palabra de Dios, entonces, como Simeón, una y otra vez estaremos comprobando que lo que Dios dice, es cierto y se cumple en la vida de cada uno de sus hijos.

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    La quinta experiencia espiritual que ocurre en una persona que espera en la manifestación de Dios, es que:

V.- TESTIFICA UNA GRANDÍSIMA SALVACIÓN.

   Cuando Simeón tomó a Jesús en sus brazos, parte de sus palabras fueron: “Porque han visto mis ojos tu salvación,  /  La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;  /  Luz para revelación a los gentiles,
y gloria de tu pueblo Israel”
(vv. 30-32).  Este hombre no solamente quiso abrazar a Jesús, y decir de él palabras mimosas como normalmente solemos hacer con los bebés que abrazamos, sino que a todos los presentes en el templo en aquel momento, les testificó y confirmó quién era aquella pequeña criatura que estaba visitando por primera vez el templo de Jerusalén.  Todos debieron entender que Jesús es el Dios que no había manifestado su presencia en el templo de Jerusalén por más de seis siglos, pero que ahora se ha manifestado en la persona de su Emanuel, el niño Jesús que había traído salvación, en presencia de todos los pueblos que antes se burlaron de los escogidos de Dios.  Pero las palabras de Simeón se resumen en que Jesús es el Salvador no solo de su pueblo Israel, sino de todos los gentiles para quienes también hay revelación.   Por eso, Dios había traído a aquellos magos del oriente quienes no eran del pueblo de Dios, para también encontrar en Jesús la salvación.

    Amados hermanos, aunque no somos Simeón, tenemos también la misma responsabilidad de testificar acerca del mismo Jesús.  Simeón testificó acerca de la misión universal de Jesús, de que sería salvador y gloria de su pueblo Israel, pero que también sería el salvador de las demás naciones; pero ahora a los creyentes se nos recuerda por el apóstol Pedro lo siguiente: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. 10 Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido” (1 Pedro 2:9,10 – NVI).  ¡Qué gran privilegio y qué grata experiencia espiritual poder testificar acerca de la sublime misión de Jesús de ser el que salvará a su pueblo de sus pecados!  Una experiencia más de los hijos de Dios que confían salvadoramente en Dios por medio de su Hijo Jesucristo.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, nuestra esperanza actual es la segunda venida de Jesucristo nuestro Salvador y Señor, quien nos traerá a los creyentes el cumplimiento pleno de la esperanza que comenzó con su primera venida.  Mientras tanto debemos 1) desarrollar una excelente espiritualidad de justicia y piedad, 2) esperar en la esperanza bendita de su manifestación gloriosa, 3) valorar la presencia del Espíritu Santo para la guía y santificación de nuestra vida, 4) comprobar una y otra vez que no son los planes de la gente sin Dios, sino la voluntad de Dios la que siempre es la mejor para nuestra vida, y 5) testifiquemos acerca de la gran misión de Jesús que sigue realizando hasta el día de hoy, la cual es salvar a los que crean en él como el único y suficiente Salvador.

   

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