CON ACCIÓN DE GRACIAS, Por: Diego Teh.

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CON ACCIÓN DE GRACIAS

 Salmo 100.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de Lepán, municipio de Tecoh, Yuc; el día sábado 24 de Enero del 2015, a las 19:00 horas, por acción de gracias ofrecida por los padres de Febe Yaritza, por su cumpleaños y bautizo.

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   INTRODUCCIÓN: Hay una historia popular en Escocia acerca de un jardinero que salvó la vida de un niño llamado Winston Churchill quien estuvo a punto de morir ahogado.  El papá de Winston, lleno de agradecimiento hacia el salvador de su hijo, ofreció pagar todos los estudios del hijo del jardinero quien deseaba estudiar la carrera de medicina.  El hijo del jardinero, fue nada menos que el famoso Alexander Fleming.  ¿Alguien recuerda quién fue este ilustre personaje?   En un momento más identificarán de quién se trata.  Alexander Fleming, finalmente se graduó con grandes honores y llegó a ser el inventor de la penicilina. ¿Ya ubican quién es?   Muchos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, y siendo Winston Churchill ministro de Inglaterra, entre el 18 de Noviembre y 1 de Diciembre del 1943, cayó enfermo de neumonía cuando atendía la famosa conferencia de Teherán, donde también estaban Rooselvet y Stalin.  Su condición fue tal que los presentes temían por su vida.  En aquella ocasión se buscó y solicitó los servicios del mejor médico de la época, y resultó ser nada menos que Alexander Fleming, quien le había salvado la primera vez, y de nuevo el servicio médico de Fleming lo había librado de morir nuevamente.  Imagínese usted cuánta gratitud debió haber en el corazón de Winston Churchill por haber sido salvado de la muerte en dos ocasiones tanto por Fleming padre, como por Fleming hijo; algo similar como también en nuestra salvación intervienen el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.  Tanto como el padre de Winston demostró su gratitud al padre de Alexander, igualmente Winston demostró su gratitud a Alexander.  De manera similar, también debemos demostrar a Dios nuestra gratitud por sus abundantes bendiciones de cada día.

    Nuestro texto de hoy, nos dice: “Entrad por sus puertas con acción de gracias”, y el resto del Salmo nos indica que debemos demostrar a Dios con nuestras actitudes que estamos agradecidos con Él por todas sus bendiciones.  /  ¿Cuáles son las actitudes con las que debemos demostrar a Dios que verdaderamente estamos agradecidos con Él por su bendiciones?  /  Mediante una sencilla observación de las palabras del Salmo 100, iremos encontrando cuáles deben ser tales actitudes, que evidentemente son actitudes que están presentes en nuestros corazones, y sin duda en los corazones de los padres de Febe Yaritza.

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   La primera actitud con la que debemos demostrar nuestra gratitud a Dios, es:

I.- RECONOCIENDOLE COMO NUESTRO CREADOR.

   Comenzaremos observando las palabras que dicen “Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado” (Salmo 100:3). A través de toda la historia de la humanidad, ha sido difícil para los seres humanos el reconocer que Jehová es Dios, pues hay quienes hasta dudan de su existencia, y hay quienes a pesar de que les conste su existencia le rechazan decidiendo omitir la obediencia que El pide.   Como resultado los seres humanos, a través de la historia, se han creado según sus propias regiones y culturas, dioses imaginarios a los cuales han adorado porque no quieren reconocer que Jehová es Dios.

   Adicionalmente, quienes no le reconocen como Dios, tampoco pueden aceptar que “Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos”, e incluso se han desarrollado teorías como la de la evolución de que el ser humano procede de un milenario proceso de evolución del mono, hasta resultar en la versión en la que hoy somos.   Pero, para quienes reconocemos que Jehová es Dios, también reconocemos que Él es nuestro Creador, y que por la tanto Él tiene el derecho de recibir nuestra honra y gratitud como la que hoy tiene no solamente los padres de Febe, sino también cada uno de nosotros.

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   La segunda actitud con la que debemos demostrar nuestra gratitud a Dios, es:

II.- SIRVIENDOLE CON ALEGRIA.

   El Salmo 100, exhortando a toda persona, especialmente a los que pertenecen a su pueblo, dice: “Servid a Jehová con alegría;…” (Salmo 100:2).  Esta es otra de las actitudes con las que debemos demostrar a Dios que estamos agradecidos con Él.  Servir, no por obligación o  por esclavitud, sino de manera voluntaria, pero no con pereza, queja, flojera, etc… sino “con alegría”.   Hay quienes lo hacen con alegría pero hay quienes a duras penas prestan el más mínimo de su servicio a Dios, sin estar dispuestos a servirle en cosas mayores que requieran tiempo, fuerzas, distancia, etc… Les falta alegría, porque no están convencidos de que es Jehová el único y verdadero Dios quien los bendice cada día de sus vidas.

   Algunas veces, actuamos como los hijos quienes cuando reciben la orden de hacer una responsabilidad en la casa, manifiestan su falta de voluntad en obedecer a sus padres, y si obedecen no necesariamente con alegría.   Dios no quiere este tipo de hijos en su pueblo.  Dios quiere un servicio personal que tampoco sea por competencia contra otro, que sea una manifestación de una vida personal de adoración constante por medio de nuestras acciones.  Por eso, una vida de servicio a Dios con alegría es una manera de rendirle gratitud por sus infinitas bendiciones que recibimos a diario no solamente en nuestras familias como cuando un miembro de la familia, cumple un año más, como es el caso de Febe en este día; sino también por sus infinitas bendiciones espirituales con las que Él nos mantiene en su gracia salvadora.

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   La tercera actitud con la que podemos demostrar nuestra gratitud a Dios, es:

III. REGOCIJANDONOS EN SU PRESENCIA.

   Otra exhortación que encontramos en este Salmo es: “Venid ante su presencia con regocijo” (Salmo 100:2b).  El adorador de la época del autor de este salmo, cuando acudía al santuario de Jerusalén, estaba seguro de que allí se iba a encontrar con Dios, y le era motivo suficiente para estar con Él con regocijo, pues el adorador no mereciendo estar delante de Dios sino mereciendo ser fulminado por la gloria de la santidad de Dios, era tratado con misericordia y permanecía con vida delante de Su presencia.  ¡Cómo no estar delante de Él con regocijo!   Si usted asiste a un funeral sin duda que reflejaría algún pesar o tristeza en su rostro.  Si usted estuviera frente a una persona ilustre o famosa estrechándole las manos, sin duda que usted le mirará a los ojos y le compartirá la mejor de sus sonrisas.  Si usted estuviera ante un criminal, usted sentiría temor y seguramente hasta desearía y haría todo lo posible para alejarse de su presencia.   Pero dado que usted como adorador se encuentra delante de la presencia de Dios quien misericordiosamente le preserva la vida, usted tiene razones suficientes para manifestar delante de Él mismo no solamente un síntoma de gozo, sino un regocijo, o sea, un gozo profundo.

   Hoy, igualmente que en el pasado allá en el tabernáculo israelita, y luego en el templo de Jerusalén, la presencia de Dios aunque no manifiesta a la visibilidad humana como sucedía con la nube de la gloria de Dios que estaba sobre aquellos lugares sagrados, debería ser igual de exterminante para nosotros en la actualidad, pero los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, han traído para nosotros una abundante y mayor misericordia divina que la que tuvieron los israelitas.  El amor de Dios hacia nosotros debe ser motivo para también regocijarnos delante de su presencia.

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   CONCLUSIÓN:   Amados hermanos, les voy a comentar de una mujer que como toda buena madre de familia, quien andaba a la carrera tratando de lograr todas las metas diarias que se había trazado, tenía una cita médica con el especialista, a la que estaba llegando tarde; por lo que en medio de su prisa, no encontraba un buen lugar para estacionarse, por lo que angustiada, levanto su oración al cielo, diciendo: “Señor, por favor, hazme el milagro de proveer para mí, un lugar para estacionarme…”  No acababa de pronunciar aquello, cuando un auto empezó a salir de su casilla, dejando el mejor lugar libre, ante lo cual, ella se apuró a agregar… “Olvídalo Señor, ya encontré uno!”[1].   En vez de agradecerle a Dios el haber tenido un lugar dónde estacionarse, la mujer se atribuyó así misma el resultado a su habilidad de búsqueda. De manera similar a aquella mujer, a veces o quizá muchas veces, los creyentes solemos no ser apropiadamente agradecidos a Dios cuando hemos sido bendecidos por la gracia de Dios.

  En esta ocasión de la acción de gracias que los padres de Febe Yaritza comparten con nosotros, analicemos, cada quien en lo personal si estamos teniendo actitudes de gratitud para con Dios, o estamos teniendo actitudes de arrogancia pensando que son nuestros propios esfuerzos los que nos hacen lograr lo que cada día tenemos. Dios espera que todos seamos personas agradecidas: 1.- Reconociéndole como nuestro Creador; 2.- Sirviéndole con alegría; y 3.- Regocijándonos en su presencia.

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[1] Ilustración tomada en: http://www.sermoncentral.com/sermons/accion-de-gracias-dr-samuel-sanchez-phd-sermon-on-thanksgiving-holiday-139282.asp

   

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