LO QUE NO HACE EL BAUTISMO, Por: Diego Teh.

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LO QUE NO HACE EL BAUTISMO

Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de Lepán, Tecoh, Yuc; el día sábado 25 de Abril del 2015, a las 19:00 horas, con motivo del bautizo del infante, hijo del pacto: Edrei Brito Uicab, hijo de Daniel Brito, y de la hermana Sandra Uicab.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy como parte de este culto tendremos el bautizo del infante Edrei Brito Uicab.  Aprovechando esta ocasión especial, no voy a argumentar si es correcto bautizar a un infante o si hay que bautizar solamente a los adultos que han creído; ni siquiera voy a argumentar a favor del modo del bautismo por aspersión o efusión que he adoptado para administrar este sacramento, ni tampoco voy a argumentar en contra del modo por inmersión practicado por otras denominaciones cristianas; ni abordaré el asunto del rebautizamiento de aquellos que van de denominación en denominación pensando que por cada cambio de iglesia hay una necesidad de bautizarse de nuevo; sino que solamente me he propuesto compartirles un mensaje que he intitulado: LO QUE NO HACE EL BAUTISMO, con la intención de concientizar a cada creyente a no confiar en este sacramento como suficiente por sí solo para la salvación.  No pretendo desanimar ni a los padres de Edrei, ni a algún otro padre de familia que desee bautizar a sus hijos menores de 12 años, ni a algún creyente adulto que todavía no haya cumplido con este sacramento de la fe cristiana.  Al contrario invito a todos los adultos que no han sido bautizados a que se bauticen; e igualmente invito a los padres que no han bautizado a sus hijos, que lo hagan lo más pronto posible; pero en todos los casos, que decidan recibir el bautismo entendiendo primeramente qué creer en Jesucristo como Salvador es más importante que el mismo bautismo.

   En este mensaje, solamente tengo la intención de evitar que alguien piense que tras recibir la aplicación del agua como sacramento de la fe cristiana ha obtenido como niño o como adulto alguna gracia especial o salvífica de parte de Dios.   Tengo que aclarar que no estaré diciendo que el bautismo no sirve para nada, sino que siendo sacramento de la fe cristiana, tiene una estrecha relación con la salvación por medio de Jesucristo, sino no hubiera sido instituido por Jesucristo mismo como un elemento importante en el proceso de hacer discípulos (Cf. Mateo 28:19).  /  Pero lo que voy a responder en este mensaje es ¿Por qué el bautismo no otorga alguna gracia especial o salvífica de parte de Dios?  /  Mediante una breve observación y análisis de diversos textos bíblicos, les presentaré algunas razones al respecto.

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   La primera razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

I.- NO QUITA LOS PECADOS DE NADIE.

   Más o menos como seiscientos años antes de Jesús, Dios a través del profeta Jeremías mandó exhortar a los habitantes de la ciudad de Jerusalén que se estaban portando rebeldes y desobedientes en contra de Dios, lo cual significaba que estaban acumulando pecado sobre pecado en contra de ellos mismos.   El mensaje que ellos recibieron de Dios por medio de Jeremías, fue: Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor” (Jeremías 2:22).  Estas palabras son tan claras para indicar que no existe agua alguna que tenga la propiedad de quitar pecados, ni siquiera preparándolo como lejía, ni siquiera usando jabones con alto poder quita manchas.  Si alguien pretendiera usar algún agua compuesta de alguna otra sustancia con el objetivo de intentar eliminar la mancha de su pecado, Dios le diría como a aquellos antiguos Jerusalenitas: “la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí”; pero afortunadamente hay solución para las manchas del pecado.

   En la historia del Santo evangelio, leemos que Juan el Bautista, mientras predicaba en las orillas del río Jordán, cuando se percató del acercamiento de Jesús hacia él en el mismísimo momento que Juan estaba bautizando a gente pecadora (algunas arrepentidas, otras no), señala a Jesús delante de toda la gente que le escuchaba, y dijo de él con toda precisión: “He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” (Juan 1:29).  Juan mismo estaba descartando que aun su propio y legítimo bautismo que estaba ministrando a la gente no servía para quitar los pecados de nadie, y deja muy claro que únicamente Jesús es quien desde aquel entonces podía quitar los pecados de los seres humanos, y sigue siendo cierto después de su muerte en la cruz.  No es el bautismo lo que quita los pecados sino Jesús “el Cordero de Dios”.

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   La segunda razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

II.- NO SALVA DE LA CONDENACIÓN ETERNA A NADIE.

   Una de las verdades que se enseña en las Sagradas Escrituras es que todo ser humano por ser pecador lo único que merece es recibir la pena de la condenación eterna, “Porque la paga del pecado es muerte,…” (Romanos 6:23), pero no solo muerte física sino la de la separación eterna de la presencia de Dios.  Por eso dice también la palabra de Dios que: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Todo pecador está destituido de la gloria de Dios y está condenado a no tener acceso a la gloria de Dios.  Pero afortunadamente hay manera de salvarse de la condenación, pero les anticipo que no es por medio del acto del bautismo.

   En un acontecimiento en la antigua ciudad de Éfeso, un hombre que era carcelero que cuidaba como presos por causa del evangelio a Pablo y a Silas, mientras dormía hubo un terremoto del cuál ni se percató, por lo que casi todos los presos no cristianos excepto Pablo y Silas aprovecharon huir, debido a que las puertas de la cárcel fueron abiertas.  Cuando él despierta y se da cuenta de que los presos habían huido, quiso quitarse la vida, pero los apóstoles impidieron que lo haga, por lo que debió estar agradecido con ellos.  Se sobreentiende que Pablo y Silas le expusieron al carcelero los fundamentos del evangelio, por lo que preocupado por su condición de condenado no por sus autoridades imperiales sino por la justicia divina, les pregunta a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo” (Hechos 16:30), y lo que recibió como respuesta no fue bautízate, sino “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).  San Juan en su versión del evangelio explica lo mismo.  Hablando de Jesús dice que: El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).  Por default hay condenación para todo aquel que no cree, pero la buena noticia es que sí se puede evitar la condenación, obviamente no por recibir el bautismo de agua, sino por medio de creer “en él”, en Jesús.

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   La tercera razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

III.- NO HACE HIJO DE DIOS A NADIE.

   En una ocasión que Jesús reprendió a un grupo de personas que siendo descendientes de Abraham, y que por derecho divino eran el pueblo escogido de Dios.  Estas personas fueron reprendidas porque rechazaban que Jesús sea el Hijo de Dios, y hasta planeaban matarle, por lo que Jesús les dijo: Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.  /   Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.  /  ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.  /   Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:41q-44a).   Estos reprendidos alegaron que “un padre tenemos, que es Dios”, qué falsa pretensión creer que uno puede ser hijo de Dios solamente porque uno es descendiente de un hombre verdaderamente fiel a Dios.  El ser  humano que no se somete a vivir para la gloria de Dios, que no guarda sus mandamientos, y que no le ama, no puede ser un hijo de Dios.  Por eso, a estas personas Jesús les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo,…”.   Pero afortunadamente, es posible dejar ser hijo del diablo y pasar a ser hijo de Dios, obviamente ya entendimos que no es por ser hijo o descendiente de una persona fiel a Dios, ni tampoco por haber recibido el bautismo instituido por Jesús.

   El apóstol Juan, en su versión del evangelio de Jesucristo, cuando hace referencia al rechazo y a la aceptación de la misma gente del antiguo pueblo escogido de Dios, dice de Jesús que: “A los suyo vino, y los suyos no le recibieron.  /  Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:11,12).  La buena noticia es que SÍ es posible ser hecho hijo de Dios, pero este privilegio es dado solamente a quienes reciben el glorioso mensaje de arrepentimiento que Jesús predicó, siendo necesario creer en su nombre que indica que él es el Salvador, pues su nombre Jesús eso significa.  Con esta explicación que el apóstol Juan nos da, nos queda confirmado que el solo bautismo no hace hijo de Dios a nadie, sino que solamente se puede ser hijo de Dios si uno cree y recibe a Jesús como Salvador.  Ojalá que no haya alguien entre los presentes que piense que es hijo de Dios solamente por haber sido bautizado de pequeño o de adulto, aquí o en otra iglesia, pues ya debemos tener claro que solamente Jesús nos hace hijos de Dios.

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   La cuarta razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

IV.- NO LIBRA DE ENFERMEDADES A NADIE.

   Un caso que me gusta recordar es el caso del apóstol Pablo que después de su llamado por Jesús, como todo convertido a la fe en Jesús “fue bautizado” (Hechos 9:18) por otro creyente llamado Ananías (no fue el Ananías que mintió a Dios y a los apóstoles, pues ese ya había muerto).   Eso no impidió que el apóstol Pablo se enfermara, pues años después cuando Pablo escribe la última de sus cartas a los Corintios, comenta que me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;  /  respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.  /  Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:7b-9a).  A pesar de su bautizo, su enfermedad permanecía con él, pues ni siquiera sus oraciones cambiaron la decisión de Dios de mantener a su apóstol con su enfermedad.  Pablo tenía que estar convencido que la misma salud no es lo más importante en esta vida, sino la gracia de haber sido salvado de la condenación eterna, y de tener la seguridad de ello.

   Amados hermanos, el bautizo no es una vacuna, y tampoco es un antibiótico, ni un medicamento ni genérico ni de patente.  Es solamente la aplicación de agua común utilizada como sacramento.   No es la fuente ni el preservador de la vida de nadie.  Cuando alguien necesita salud, la única fuente de tal bendición es solamente Dios.  Al respecto de este asunto el autor del Salmo 103 en los muy profundo de su alma, durante una auto reflexión, refiriéndose a Dios como la fuente de su salud exclama diciendo que: “Él es quien sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3b).  La fuente de la salud y de la sanidad es directa y solamente Dios, no el bautizo, aunque este se haga en nombre de Dios.  Tanto de un infante como de un adulto, la fuente de la vida y la salud es Dios mismo, no el sacramento del bautismo.

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   La quinta razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

V.- NO CONDUCE AL CIELO A NADIE.

   Hay una diversidad de textos bíblicos que nos indican cómo se tiene acceso al cielo de la salvación eterna, pero quiero citarles en este momento uno texto que utiliza lenguaje figurado para explicar cómo es que las personas podemos tener acceso al cielo.  Primero tengo que aclarar que este texto menciona un lugar llamado “Lugar Santísimo” que era un espacio en el antiguo tabernáculo y posteriormente del templo en Jerusalén en el que ningún ser humano podía entrar porque ese espacio representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, pero en este caso se refiere al cielo como lugar de la morada eterna de Dios donde serán trasladados todos los creyentes en Jesucristo.  En aquel “Lugar Santísimo” terrenal, ningún sacerdote podía entrar aunque por su oficio sea una persona consagrada para mediar entre las personas y Dios, sino solamente uno de ellos que era designado como sumo sacerdote podía entrar allí, pero ni siquiera todos los días sino solamente una vez al año, y por un breve momento, pero en el texto que leeremos menciona a Jesús como sumo sacerdote quien consiguió la entrada de los pecadores al “Lugar Santísimo” pero no el terrenal sino el celestial.

   El texto que les ofrezco es el que dice: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  /  por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,…” (Hebreos 10:19-20).  El texto es muy claro en que este caso cuando se refiere al “Lugar Santísimo” se refiere no al espacio del templo conocido por muchos de quienes leerían o escucharían la lectura de la carta, sino que se refiere al mismísimo cielo, lugar de la morada eterna de Dios.  Cuando el texto menciona que hay libertad “para entrar en el Lugar Santísimo”, el del cielo, indica con claridad que es “por la sangre de Jesucristo” que se `puede entrar a tan sublime lugar, mejor que el antiguo tabernáculo, y mejor que el templo construido por Salomón.  De esta manera, las Sagradas Escrituras de nuestra fe no indican nuevamente que el acceso al cielo es por medio de Jesucristo, lo cual descarta que el bautismo tenga virtud alguna para ofrecer y garantizar esta gracia.  Creer que el bautismo concede entrada al cielo, equivale a negar que Jesucristo por su muerte y derramamiento de sangre obtuvo tal privilegio para quienes acepten que dio su vida por ellos.

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   La sexta razón por la cual el bautismo no otorga alguna gracia especial de parte de Dios, es porque:

VI.- NO HACE SANTO NI MÁS SANTO A NADIE.

   La santidad es un requisito establecido para toda persona que acepte que el único y verdadero Dios sea su Dios, y que esté de acuerdo en querer pertenecer a este pueblo de Dios, así como para quien quiera ser salvado de la condenación eterna por Jesucristo.  A todos los creyentes, así como a los que tienen el honor de ser ministros de Dios, se les requiere dicha santidad, pues los hebreos fueron instruidos con las siguientes palabras: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

   Después de que el apóstol Pablo, explica a los Corintios que: “ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, /   ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9,10), les explica: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11).   Una de las tres cosas mencionadas en este versículo que indica que algo espiritual estaba ocurriendo en ellos, es que “ya habéis sido santificados”, y añade que este cambio que se ha y está realizando en ellos es “por el Espíritu de nuestro Dios”.  La explicación apostólica es tan clara, que descarta que la santificación de una persona sea por medio del bautismo, sino solamente por obra del Espíritu Santo de Dios.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, testigos del bautizo que hoy tendré el privilegio de oficiar, y a quienes ya sea en su niñez o edad adulta fueron bautizados, y a quienes algún día recibirán el bautismo cristiano, quiero que cada uno tenga pendiente que el bautismo no es la garantía de su salvación.   Si alguien  recibió el bautismo de pequeño, tiene que aceptar la expiación de Cristo para su salvación.  Si alguien recibió el bautismo en su edad adulta, debe estar seguro que ha recibido en su corazón al Cristo que murió por sus pecados.  Y si alguien desde que se bautizó, ya sea de niño o de adulto, y no ha aceptado a Jesús como su Salvador, por favor acéptelo inmediatamente, sino no hay nada que le pueda garantizar su salvación, pues con todo y su bautismo recibirá la máxima pena eterna por no acudir a Jesús para su salvación.

   

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