POR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO, Por: Diego Teh.

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POR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO

 Efesios 5:18 – 6:18.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la misión “Ebenezer” de la col. Leona Vicario, de Kanasín, Yucatán; el día domingo 24 de Mayo del 2015, a las 10:30 horas; y el mismo día en la congregación “Dios está aquí” de Lepán, mpio de Tecoh, Yucatán, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy, estamos a cincuenta días después de celebrar un aniversario más de la resurrección de Jesús, día conocido en Israel en aquel entonces como día de Pentecostés.  Entre los israelitas, el día de Pentecostés era el día de Acción de Gracias por las cosechas que se habían logrado.  Pero en el Nuevo Testamento, tenemos la historia de que después de que Jesús resucitó, hizo cuarenta días más aquí en la tierra, y luego subió al cielo, pero diez días después de haber subido al cielo, justo en el día israelita del Pentecostés, el Espíritu Santo vino sobre los apóstoles y primero creyentes para investirlos del poder de Dios para ser testigos de la gracia del evangelio Dios y hacer discípulos para el reino de Dios.  Desde entonces, la iglesia de Dios en todos los tiempos ha contado con la presencia y poder del Espíritu Santo para la realización de la comisión que le ha sido encomendada.  Cada creyente, puede llenarse de los poderes que Dios otorga al creyente por medio de su Espíritu para realizar la tarea específica que le corresponde en la iglesia de Cristo.

   Nuestro texto para este mensaje dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18); que en la versión Nueva Traducción Viviente, con más claridad dice: “No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo” NTV, Efesios 5:18).  Probablemente, en la Iglesia de Efeso, siendo creyentes nuevos que se habían convertido del paganismo a la fe cristiana, todavía estaban arrastrando a su nueva fe, los vicios arruinadores y destructivos que aprendieron durante su ignorancia de la voluntad de Dios.  Pero el apóstol Pablo les dice que hay algo mejor con el cual deberían procurar llenarse, y se trata nada menos que del Espíritu Santo que produce cambios dignos en una persona que ha sido salvado por Cristo.

   Pero, ¿cómo es una persona llena del Espíritu Santo?  Obviamente no es una persona que se emborracha, ni que ande arruinado en todos los aspectos de su vida.  A través de las palabras que hemos leído del apóstol Pablo registradas en su epístola a los Efesios 5.18 – 6:18, encontramos que un creyente lleno del Espíritu Santo demuestra un cambio total por medio de su vida que contrasta con su pasado cuando no tenía fe salvadora en Cristo.  /  ¿Cómo un creyente lleno del Espíritu Santo demuestra un cambio total por medio de su vida que contrasta con su pasado?   /  Mediante una observación de los versículos que siguen después de 5:18 y pasando al capítulo seis considerando que antes que fuese dividido por capítulos era la continuación del ahora también capítulo cinco, encontraremos en ellos una unidad de pensamiento que presentan un cuadro general acerca de cómo el creyente comparado con su vida pasada demuestra un cambio total por medio de su vida ahora llena del Espíritu Santo.

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   Lo primero que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

I.- HABLA CON PALABRAS ESPIRITUALES.

   Al parecer, San Pablo les está diciendo que por hablar y cantar temas espirituales entonces serían llenos del Espíritu, porque les dice: “…antes bien sed llenos del Espíritu,  /  hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales,…” (Efesios 5:19); pero en realidad les está diciendo que los Efesios como creyentes ya tenían al Espíritu y su llenura, por lo que en consecuencia, deberían corresponder a esta llenura: “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales”.  El cristiano lleno del Espíritu Santo se distingue por su manera de hablar, pues no habla palabras de mentira, ni de doble sentido, ni de calumnia, ni de insultos, ni de ofensas, etc…; sino que utiliza tanto la palabra de Dios que ya debe conocer, así como los himnos que ha aprendido, para expresar la fe y la esperanza en Cristo.  Un cristiano no debería tener una conversación con otro creyente, lo mismo que con un no creyente, sin que le hablara de la palabra de Dios.

   Amados hermanos, la palabra de Dios nos invita a valorar la importancia de hablar entre creyentes todo aquello que es espiritual, por lo que cada quien debe desechar el hablar cosas pecaminosas no apropiadas de una persona que ha sido salvada por Jesucristo.  Cuando no éramos salvados por Cristo, no nos preocupaba nuestra manera de hablar, pues cualquier palabra, aunque fuera denigrante nos hacía felices por ser nosotros quien la pronunciaba en contra de otras personas, pero ahora que somos de Cristo, el cambio es notorio en que nuestra manera de hablar es conforme a las palabras de las Sagradas Escrituras.  Por supuesto, que este hablar espiritual puede ser imitado por cualquier persona, pero la persona que no es verdaderamente cristiana, muy pronto o al mismo tiempo estará manifestando conductas que no van con la fe cristiana; en cambio el que siendo cristiano habla con una genuina espiritualidad procedente de la llenura del Espíritu Santo, al mismo tiempo manifestará una adecuada y congruente conducta entre lo que cree, dice y practica.

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   Lo segundo que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

II.- ADORA AL SEÑOR CON HIMNOS DE LA FE.

   Otra de las maneras de corresponder a la llenura del Espíritu Santo es: “cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19).  Cantar a Dios ha sido uno de los elementos que Dios acepta para ser adorado.  En toda la historia del pueblo de Dios del Antiguo Testamento podemos ver que el canto a Dios fue un elemento con el que los creyentes ya sea de manera personal, de manera congregacional, o hasta por medio de coros, expresaban a Dios sus sentimientos, peticiones, arrepentimientos, y adoración.  E incluso en ocasiones servía para compartir alguna enseñanza acerca de Dios, o para invitar que alguien aceptara o retomara los caminos de Dios.  En el Nuevo Testamento, desde la celebración de la última cena de Jesús con sus discípulos los vemos cantando un himno (Cf. Mateo 26:30; Marcos 14:26); y luego vemos también a los apóstoles cantando himnos no importando la circunstancia en la que se encontraban (Cf. Hechos 16:25).  El apóstol Pablo estaba enseñando a los Efesios, que además de hablar con palabras de los salmos y de los himnos, deberían también cantárselas a Dios.

   En la actualidad, muchos creyentes tienen repleto las memorias de sus dispositivos de audio con canciones de temas no espirituales de la fe cristiana, y por si acaso, algunos pero muy contados himnos y alabanzas dedicados a la adoración y edificación de la fe en Dios.  El apóstol Pablo dice que ´la llenura del Espíritu Santo debe causar este efecto de cantar al Señor, pero el cristiano debe ocuparse en aprender los himnos, por lo que se espera que por lo menos cada creyente se consiga un himnario donde están las letras para que las aprenda y cante, o se consiga un disco compacto o por lo menos los archivos correspondientes en cualquier formato de audio o hasta en video, para que las escuche y aprenda, y a la hora de cantar, pues no se quede callado sino que con todo entusiasmo adore a Dios con los himnos.   Eso sí, deberíamos tener mucho cuidado en qué cantos utilizar, sobre todo en los cantos contemporáneos, pues algunos de ellos aunque aparentemente muy bíblicos, enfatizan doctrinas que niegan verdades esenciales de las Sagradas Escrituras.

   Amados hermanos, el apóstol Pablo nos exhorta a cantarle a Dios desde el corazón, no de labios solamente, responsabilizándonos en aprender los himnos de la fe, ya sea los que nos han llegado desde siglos pasados, o los que se están escribiendo por cantantes cristianos de la actualidad, o escritos por nosotros mismos.  Cuando no habíamos creído en el santo evangelio, no pensábamos en adorar a Dios, sino cualquier música y letra que escuchábamos nos gozábamos en ellos a pesar de que no adoran ni honran a Dios sino que solamente promueven conductas sensuales y demás pecaminosidades; pero ahora que hemos sido salvados de la condenación eterna, gracias a Jesucristo, una de nuestras conductas debe ser la de adorar a nuestro Dios y Salvador por medio de los himnos de la fe.  Por supuesto que no se trata de solo cantar, porque uno sabe las letras y las tonadas de los himnos; no es suficiente con que una persona piense que está bien con Dios porque se ha inscrito en las voces de un coro de cristianos; sino que es necesario que el que canta a Dios, para que sus himnos sean aceptables, primeramente crea y reciba a Jesús como su Salvador, pues de lo contrario solamente será una voz y una vida que solo emite sonido que no llega a ser una auténtica alabanza para el Señor.

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   Lo tercero que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

III.- AGRADECE A DIOS POR TODO Y POR MEDIO DE CRISTO.

   Según el apóstol Pablo, otra manera de corresponder a la llenura del Espíritu Santo es “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5.20).  Esta frase es un complemento del final del versículo 18.  Sigue hablando de otra evidencia de la llenura del Espíritu Santo, y en este versículo introduce la acción de gratitud que todo hombre, especialmente el cristiano debe expresar a Dios.  Uno de los problemas que se dio desde el principio de la humanidad es precisamente la ingratitud para con Dios, podemos verlo en las primeras ofrendas que los hermanos Abel y Caín ofrecieron a Dios; Abel ofreció sin duda alguna lo mejor de sus animales como ofrenda a Dios porque estaba grande y profundamente agradecido, pero Caín por falta de una gratitud real y solamente para engañar la mirada de su familia, ofreció como ofrenda los cultivos más malogrados quedándose él con los mejores productos que logró cultivar.  La historia nos relata como Dios no se agradó de la ofrenda de este hombre ingrato.  En cambio, se complació de la ofrenda que con un corazón lleno de gratitud, Abel dignamente le ofreció a Dios.  En la actualidad, los cristianos somos capacitados por la llenura del Espíritu Santo para ser agradecidos a Dios “por todo”, no solo por algunas cosas.

   En la actualidad, también muy frecuentemente, escuchamos en labios de cristianos tanto como de no cristianos, que dicen casi por cualquier cosa: Gracias a Dios,  pero no es lo mismo decir gracias a Dios que decir: Dios gracias por esto o por aquello.  Es decir quizá haya gratitud en sus corazones para con Dios, sin embargo no se lo expresan, pero de todas maneras aunque se lo expresen si no han creído en Jesucristo, y si tal expresión de gratitud no es hecha “en el nombre del nuestro Señor Jesucristo” no será aceptada por Dios; pues el apóstol Pablo dice que la gratitud debe ser expresada “en el nombre del nuestro Señor Jesucristo”.   No basta con solo decir espontáneamente: Gracias a Dios, sino que es necesario primeramente creer en Jesús y recibir a Jesús como Salvador, para que el Espíritu Santo de Dios ponga en el corazón de uno, la llenura o capacidad de expresar a Dios, con palabras y voz propia, la gratitud por sus bendiciones.  Por eso dice el apóstol Pablo, que debemos vivir “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre”.

   Amados hermanos, cuando vivíamos sin salvación y sin Cristo, no nos preocupaba si éramos o no agradecidos a Dios; de hecho no podíamos ser agradecidos, aunque pensáramos o sintiéramos que estamos agradecidos, pero puesto que Cristo no estaba en nosotros, no podía ser aceptable nuestro intento de gratitud.   Pero, ahora que tenemos al Señor Jesucristo en nuestra vida como Salvador, y que gracias a eso nuestras gratitudes son recibidas; y además contamos con el Espíritu Santo que nos llena de capacidad para hacerlo, no seamos negligentes descuidando el deber de dar gracias a Dios por todo.

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   Lo cuarto que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

IV.- VIVE EN SU MATRIMONIO EL ROL QUE LE CORRESPONDE.

   A partir del versículo 21 en adelante, que hablar mucho acerca de los deberes fundamentales de una esposa y de un marido, parece que nada tiene que ver con el resultado de la obra y llenura del Espíritu Santo; pero tal como tratamos el versículo 20 que tiene relación con el versículo 18, de la misma manera, todo el párrafo de los versículos 21 al 33, también debe ser el bendito resultado que se espera de las personas cristianas que han sido y están siendo llenadas por el Espíritu Santo.  A través de estos versículos podemos ver que a las mujeres y hombres que han entrado a la santa relación matrimonial, esencialmente se pide una acción a cada quien.  Dice la Escritura para las mujeres casadas: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22); y para los hombres casados, dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25).  Esto quiere decir, que para que un matrimonio pueda vivir bajo estas normas de Dios, primero tiene que haber verdaderamente creído en Cristo tanto la esposa así como el esposo, para que ambos, en segundo lugar habiendo recibido la llenura del Espíritu Santo, reciban la capacidad para responder a estos roles fundamentales que a cada quien le corresponde.  Si la salvación y la llenura del Espíritu no está en alguno de ellos, la esposa no querrá vivir la sujeción ordenada en la palabra de Dios, y el marido no podrá verdadera y completamente amar a su mujer.

   Hay una historia muy clara en las Sagradas Escrituras en el que mujer y marido recibieron la llenura del Espíritu Santo.  Se trata de un hombre llamado Zacarías y su esposa llamada Elizabet.  Primero, de Elizabet, nos dice San Lucas que ella en su sexto mes de embarazo de su hijo Juan el bautista, mientras daba la bienvenida a su prima María quien la estaba visitando y quien también estaba en el principio de su embarazo de nuestro Señor Jesucristo, en ese preciso momento: “…Elizabet fue llena del Espíritu Santo” (Lucas 1:41).  Segundo, de Zacarías quien fue el padre de Juan el Bautista, el mismo San Lucas nos dice que tras el nacimiento de su hijo Juan “… Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo” (Lucas 1:67), por lo que pronunció un profecía muy particular.   Esta llenura no lo tuvo siendo sacerdote de la casa de Dios, sino que la recibió especialmente como esposo y como padre.  Nueve meses atrás, el ángel que por separado les anunció el nacimiento de Juan, les comunicó acerca de Juan que: “será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15).  Yo sé que todo esto es una historia extraordinaria que se dio en esta familia, antes de Cristo, y antes de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés del año 33 d.C., pero ahora la llenura del Espíritu Santo no se da solamente para ocasiones y casos especiales, sino que todo cristiano es llenado por el Espíritu con la gracia que hace falta en su vida para que pueda cumplir su función no solamente para la propagación del evangelio, sino también para tener una vida matrimonial de acuerdo a lo requerido por Dios.

   Amados hermanos, si alguno entre nosotros como marido tiene dificultades y problemas para amar a su mujer, primero cerciórese de que ha aceptado el evangelio de Jesucristo para su salvación; y segundo pídale al Espíritu Santo que le llene con el amor necesario para amar tanto a Dios, al prójimo, a sí mismo, y a su esposa.  Si alguna mujer casada tiene dificultades para sujetarse a su esposo, cerciórese también si ha creído salvadoramente en Cristo, y pídale al Espíritu Santo que le de todas las virtudes necesarias para vivir sujeta a su esposo, eso sí, una sujeción no arbitraria sino “en el temor de Dios” (Efesios 5:21).  Cuando una mujer casada vive sin Cristo, trata a su marido sin respeto a su autoridad delegada por Dios; y cuando un hombre casado vive sin Cristo, trata a su mujer como se le pegue la gana, como si ella fuera solamente un objeto, no amándola como Dios espera que lo haga una persona que teme a Dios; pero cuando Cristo está en el matrimonio y en consecuencia Dios es el centro de la vida matrimonial, no hay ningún problema en que cada quien cumpla con el rol que le corresponde en el matrimonio.

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   Lo quinto que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

V.- VIVE EN ARMONIA CON TODA LA FAMILIA

   Desde que uno es menor de edad, aunque no en todos los niños, adolescentes, ni jóvenes, algunos llegan a veces a la tendencia de vivir con rebeldía a la educación que sus padres cristianos les imponen con la correspondiente autoridad que ellos han recibido de Dios; por eso el apóstol Pablo, al dirigirse a los que son hijos, dice: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Efesios 6:1).   Pero, igualmente hay la tendencia no en todos sino en algunos padres, el no tener el tacto apropiado para educar a sus hijos con la paciencia y las palabras apropiadas que ayuden a sus hijos a responder favorablemente a la educación cristiana; por eso el apóstol Pablo, también se dirige a los que son padres para decirles: Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).  Esto es un indicador que lo que Dios espera en la familia es que la familia viva en armonía, bajo obediencia y bajo respeto y cordura en la forma de hablar y tratarse en la relación padres e hijos; y estoy seguro que aunque el texto no lo enfatiza, implica que también en la relación de hermano a hermano.   El cambio de capítulo en nuestras biblias, no significa que se acabó el tema de los resultados esperados en el creyente debido a la llenura que le proporciona el Espíritu de Dios.  Al final del capítulo cinco, vimos que la llenura del Espíritu Santo tiene su repercusión en la vida matrimonial, pero al pasar al capítulo seis nos damos cuenta de que también lo tiene en la vida familiar en general.

   Amados hermanos, la armonía familiar no es posible cuando uno vive a espaldas de la voluntad de Dios, pero sí es posible y segura cuando uno entrega su vida a Jesucristo para que sea salvada, y cuando uno deja que quien el Espíritu Santo dirija la vida familiar.  El que es hijo sabe que debe ser obediente a sus padres, y el que es padre sabe que debe tratar a sus hijos con autoridad pero con respeto, y el que tiene hermanos sabe que son parte de su familia y los debe tratar como es digno de un hermano.

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   Lo sexto que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

VI.- TRABAJA EN SU EMPLEO SIRVIENDO AL SEÑOR.

   Los versículos cinco al ocho, tiene que ver con la persona que trabaja no por su cuenta sino para un jefe o patrón, aunque el contexto original de estos versículos se refiere a la reglamentación apostólica de cómo debería comportarse el cristiano que vive para trabajar como esclavo de un amo.  De todo lo que se reglamenta solamente voy a enfatizar que el siervo o esclavo debe hacerlo “…con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;  /  no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;  /  sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres…” (Efesios 6:5-7).  El servir al Señor, no es un asunto de templocentrismo, no es asunto solamente de cultocentrismo, sino que también se sirve a Cristo a través de los asuntos laborales en los que participamos.  En el trabajo también se hace “la voluntad de Dios”, y de esa manera se sirve al Señor; pero para hacer la voluntad de Dios en el centro de trabajo y ante la mirada de una multitud que solamente te tiene en la mira para señalar e intentar desacreditar tu fe y testimonio, se necesita que el Espíritu Santo te llene de la gracia necesaria para que todo te salga bien.

   Amados hermanos, creo que el Espíritu Santo concede esta gracia a todos los creyentes, sin embargo, cuando a pesar de este recurso divino, el creyente se comporta negligentemente en el ejercicio de su trabajo o profesión, pues naturalmente cometerá errores no accidentales sino circunstanciales e intencionales, por lo que terminará no haciendo la voluntad de Dios, ni servirá a la causa de Cristo.  Es muy importante que todos aquellos que por la gracia de Dios tenemos un empleo en el cual tenemos un horario, y que tenemos que rendir resultados en determinados períodos de tiempo, trabajemos con responsabilidad, sin robar tiempo para descanso en vez de trabajar, sin faltar injustificadamente al centro de trabajo desequilibrando las metas diarias de la empresa, sin disminuir la tarea que corresponde para cada día, etc…, todo esto es como si lo hiciéramos no para la empresa o el dueño sino para Cristo, haciendo así la voluntad de Dios, lo que nos dará buen testimonio, favoreciendo así la causa de Cristo que representamos en nuestro lugar de trabajo.

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   Lo séptimo que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

VII.- TRATA A SUS EMPLEADOS COMO A CRISTO.

   En muchas ocasiones he escuchado de personas ya creyentes o hasta de no creyentes referirse a los creyentes que tienen la posibilidad de generar algún empleo para ellos, que no desean trabajar con él porque aun siendo cristiano se comporta peor que los que no son cristianos.  Quizá este mismo problema se daba entre los recién creyentes de Éfeso, por lo que el apóstol Pablo les escribió una sencilla pero fundamental exhortación, diciéndoles: “Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas” (Efesios 6:9).  Lo que el texto nos indica, es que el apóstol Pablo supo quizá personalmente o por el informe de alguien, que la conducta de algunos amos o patrones era de amenazas en contra de sus siervos, esclavos, o empleados, para que hicieran lo que se les antoje a sus patrones.  Por eso el apóstol los exhorta, diciéndoles primeramente: “haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas”“Lo mismo”, se refiere a que la misma actitud que se le pide a los trabajadores de que sean sencillos y que sirvan a Cristo, también los que son patrones o amos, deben cumplir lo mismo sin tener que proceder al recurso de las amenazas o malos tratos.   La razón que el apóstol Pablo les da es que “el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas”.  Se trata de amos o patrones que manifiestan haber creído en Cristo el que es el mismo Salvador y Señor de los que son siervos o empleados, entonces, siendo de Cristo tenían que ajustase también a hacer la voluntad de Dios.  Y así, cualquier siervo que trabaje para ellos, resultará hasta más productivo, porque también estaría trabajando con la mentalidad de que está sirviendo a Cristo; y entonces con una actitud verdaderamente digna de un discípulo de Cristo ambos patrón y empleado resultarán beneficiados.  Esto es posible cuando uno se ha convertido verdaderamente a Cristo, y cuenta con la obra del Espíritu Santo que le llena  con las virtudes necesarias para ser un buen patrón.

   Amados hermanos, algunos de los que estamos escuchando esta predicación quizá hemos tenido o tendremos la oportunidad de ofrecerle trabajo a alguna persona; a quien siendo creyente o no, tenemos la responsabilidad de tratarlo no con despotismo, ni con un mal carácter, sino con sencillez, con mucha más razón si hemos recibido la gracia del evangelio de Dios.  Incluso, si alguien tiene el mal hábito de  hablar palabras vulgares con la gente que trabaja para él, lo cual no es digno de un hijo de Dios, esta persona debe evitar usar su mal vocabulario, educando y enriqueciendo su vocabulario con palabras que sean edificantes, y que contribuyan a dar buen testimonio a favor de la causa del evangelio.   Igualmente, es importante que un empleador, al término del plazo acordado para el pago de los trabajos que sus empleados han hecho, no les retenga ni un minuto más el justo salario convenido con cada trabajador.  Esto también es favorable para el buen testimonio de un empleador cristiano que ama la obra de Dios y que está preocupado por extender el evangelio del reino de Dios en la vida de quienes le rodean en el trabajo.  Una persona que proporciona empleo, cuando no tiene a Cristo en su vida, no se preocupa por su buen testimonio; pero cuando una persona verdaderamente recibe la gracia salvadora del evangelio, y en cuya persona el Espíritu Santo de Dios está operando llenando su vida con las virtudes que este necesita, tal creyente se siente comprometido con la causa del evangelio, y se preocupará con tratar a quienes trabajan con él y para él, los habla con palabras sanas y con educación, y les paga lo justo y en el momento oportuno.

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   Lo octavo que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

VIII.- FORTALECE SU VIDA SOLAMENTE EN EL SEÑOR.

   Continuando con los efectos esperados en una persona llena del Espíritu de Dios, el apóstol Pablo les dice a los Efesios: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).  Estas palabras apostólicas presuponen que el creyente aun siendo un hijo de Dios, no tendrá una vida como si estuviera en el cielo, sino que tendrá durante toda su vida momentos en el que se sentirá débil, muy débil, o totalmente débil para enfrentar las adversidades y demás problemas que a cada persona nos toca en la vida.  En estos casos, el que se ha convertido a la fe cristiana, debe buscar su fortalecimiento “en el Señor, y en el poder de su fuerza”.  Y la persona que es auténticamente creyente en Jesucristo, no está sola sino que cuenta con la presencia y operación del Espíritu Santo en su vida, quien cuando el creyente es tan débil y no tiene ni siquiera las fuerzas necesarias para buscar la fuerza de Dios, el mismo Espíritu ora e intercede ante Dios a favor del creyente para que este sea fortalecido.   El apóstol Pablo, explicando a los romanos que el Espíritu Santo hace muchas cosas a favor del creyente, les reitera que: Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.  /  Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios” (NTV, Romanos 8:26,27); o sea, que no hay pretexto para no fortalecerse en Dios, pues el Espíritu Santo nos ayuda a fortalecernos en el Señor y solamente en él.

   Amados hermanos, somos tan privilegiados en que Dios por medio de su Espíritu lo hace todo por nosotros, pues incluso nos fortalece cuando nos encontramos débiles.  En correspondencia a esta gracia divina, como creyentes nadie busque fortalecerse espiritualmente recurriendo a los horóscopos, adivinación del futuro, limpias esotéricas, decretos metafísicos, y demás mediaciones que no proceden de la fuerza del Señor y Salvador Jesucristo quien nos ha provisto de salvación eterna.  Ahora que somos de Cristo, y ahora que el Espíritu Santo nos llena de lo que nos hace falta en la vida, busquemos solamente la fortaleza que es Dios para cada día.

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   Lo noveno que el creyente lleno del Espíritu Santo, demuestra por medio de su vida que evidencia un cambio en él con respecto a su vida pasada sin Cristo, es que:

IX.- ORA A DIOS POR TODO LO QUE AYUDA A EXTENDER EL EVANGELIO.

   Prácticamente a partir de Efesios 6:10 el apóstol Pablo comienza a hablar del fortalecerse en Dios mediante el vestirse con “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:11), que de ninguna manera es ajeno al tema de la llenura que el Espíritu Santo.  Mucho hay que decir con respecto a cada elemento de la armadura, tal como el cinto, la coraza, el calzado, el escudo, el yelmo, la espada (Cf. Efesios 6:13-17), pero voy a enfatizar uno de los elementos muy necesario de la vida cristiana con los que se resiste todo tipo de pecado, tentación, y que al mismo tiempo es también uno de los motores que impulsan el avance del evangelio por medio de los creyentes.  Me refiero a lo que el apóstol Pablo dijo con respecto a que hay que usar toda la armadura de Dios, orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;  /   y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio”  (Efesios 6:18,19).  De estas palabras se puede apreciar por lo menos tres cosas.  Primero, que la oración tiene que ver con el Espíritu (Cf. v. 18), por lo que no es ajena a la llenura del Espíritu.   Segundo, que el apóstol Pablo está afirmando que la oración es importantísima y central en cualquier cosa que haga el cristiano a tal grado que lo tiene que hacer “en todo tiempo”, y “velando en ello con toda perseverancia”.   Y tercero, luego, que los Efesios estarían practicando la oración, Pablo les encarga que oren por él, pero no para que recibiera bendición alguna solo para provecho personal, sino que su visión era que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio”.  Suficiente evidencia hay de que el apóstol Pablo, en lo personal oraba por su propio ministerio, pero también aprovechaba las oraciones de otros creyentes.   Estas tres apreciaciones del texto, nos deja ver y entender que una persona que se llena del Espíritu Santo, ora en lo personal y también pide a otros creyentes que oren por él especialmente para que evangelio de Cristo sea extendido.

   Amados hermanos, cuando no éramos creyentes y en consecuencia tampoco salvos, no nos importaba la propagación del evangelio, y menos pensábamos que nosotros podíamos ser los agentes de dicho mensaje, por lo que tampoco estábamos interesados en practicar la oración para que seamos capacitados para ser los predicadores de este glorioso evangelio que ahora ya conocemos por la gracia de Dios.  Pero ahora que somos salvos por la fe en Cristo, y contamos con la llenura que nos da el Espíritu Santo de Dios, el mismo Espíritu nos mueve a orar para que Dios nos dé el valor, el mensaje, la palabra precisa, y el momento oportuno para dar a conocer su evangelio a las personas.  Les animo a que cada uno sea responsable en practicar la oración tanto en lo privado como también en los días y horarios que como congregación seamos convocados para venir a orar.  La práctica de la oración es vital para todo lo que hacemos, incluyendo si queremos que la obra del Señor prospere entre nosotros.

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CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, puesto que Dios, tanto por medio de Cristo como por medio de su Espíritu Santo está trabajando día y noche en nuestras vidas llenándolo de dones y de toda otra gracia que nos hace falta para todo aspecto de nuestra vida personal, laboral, matrimonial, familiar, social, espiritual, y ministerial, es necesario que actuemos congruentemente: 1) siendo espirituales en nuestra manera de hablar, 2) adoradores de Dios con los himnos de la fe, 3) agradeciendo todo a Dios por medio de Cristo, 4) viviendo en el matrimonio cumpliendo el rol que a cada quien le corresponde, 5) viviendo en armonía con los miembros de la familia, 6) estando conscientes de que en nuestros respectivos trabajos estamos al servicio de Cristo, 7) tratando dignamente a los que trabajan bajo nuestra responsabilidad como si estuviéramos tratando directa y personalmente a Cristo, 8) fortaleciéndonos no de cualquier fuente sino solamente de Dios, y 9) orando a Dios especialmente para que el santo y glorioso evangelio de Dios se siga propagando y recibiendo en los corazones de más pecadores que necesitan la divina salvación.

   

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