RESTAURANDO EL MATRIMONIO CON EL PERDÓN, Por: Diego Teh.

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RESTAURANDO EL MATRIMONIO CON EL PERDÓN

 2 Corintios 5:17-21.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la col. Unidad Morelos, Mérida, Yucatán; el día domingo 31 de Mayo del 2015, a las 18:00 horas; como último sermón del mes del hogar cristiano, de la serie “EL MATRIMONIO A LA LUZ DE LA BIBLIA”.

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   INTRODUCCIÓN: Hay naciones que han tenido conflictos y problemas entre sí que los ha llevado a romper su relaciones diplomáticas, pero que al paso del tiempo han vuelto a restaurar su relación como si nada hubiera sucedido entre ellos; por ejemplo en este preciso momento Cuba y Estados Unidos de América están haciendo las negociaciones correspondientes para restaurar sus relaciones diplomáticas.  También hay personas que antes eran mejores amigos entre sí, pero que por algún malentendido o incluso por un error por parte de uno de ellos, se volvieron los peores enemigos, pero afortunadamente en algunos casos volvieron a ser los mejores amigos y mejor que antes, porque aprendieron a manejar sus malas experiencias y restauraron su relación de amistad.  Las ofensas, conflictos, problemas, y demás maldades que se practican entre dos personas o partes, son elementos propios de nuestra naturaleza humana que cualquiera de nosotros somos los más capaces de utilizarlos en contra de cualquier persona, ya sea un simple conocido, un amigo, un vecino, un pariente, o un miembro de nuestra propia familia, ya sea un abuelo, un padre, un hijo, un hermano, un primo, un sobrino, y hasta a nuestro propio cónyuge (esposo o esposa); por eso tenemos que aprender a actuar apropiadamente para restaurar con amor y con perdón nuestro matrimonio cuando este sufra algún daño por parte de tu cónyuge a quien amas con todo tu corazón.

  Por la gracia de Dios, ahora que estamos en la fe en Jesucristo, somos capacitados por el Espíritu Santo de Dios para luchar contra esa naturaleza pecaminosa de tal manera que procuramos no ser causa de ofensa o daño alguno a nuestro prójimo.  Por eso, en este mensaje no voy a explicar acerca de cómo evitar causar una ofensa a nuestro cónyuge, sino que me ocuparé acerca del tema de la restauración del matrimonio mediante el perdón, cuando hemos sido o estemos siendo víctimas de alguna ofensa por parte de nuestro cónyuge.   Quizá no duela tanto la ofensa que uno pudiera recibir de otras personas que no son de nuestra propia familia, incluso si nos ofende un creyente que asiste a la misma iglesia donde adoramos a Dios y compartimos con él o ella nuestra fe; pero si la ofensa recibida proviene de un miembro de nuestra propia familia, (no importa si es o no de la misma fe), eso sí que es lo menos que uno espera, y suele ser más doloroso; pero aún bajo esta categoría de relaciones tenemos que restaurar la relación mediante el perdón a quien nos haya ofendido.   Y si la ofensa recibida o error cometido fue hecho por la persona que es esposo de usted o esposa de usted, todavía duele más en el corazón, y en este caso puede que usted comience a preguntarse: ¿Cómo pudo hacerme esto?, ¿Por qué a mí que tanto lo(a) quiero?, ¿Por qué si yo tanto he hecho o dado por él(ella)?  Estos sentimientos pueden llevar a algún matrimonio que termine en el divorcio, la separación, el resentimiento, la amargura, el odio, el rencor, o la venganza; cosas que los hijos de Dios debemos evitar, y además tenemos la obligación de restaurar nuestro matrimonio perdonando al cónyuge ofensor.

   Basado entonces en 2 Corintios 5:17-21, voy a compartirles que los creyentes debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio.  /  ¿Por qué debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio?  /  A través del texto que San Pablo escribe a los Corintios podemos encontrar algunas de las razones.

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   Una primera razón por la que los creyentes debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio, es:

I.- PORQUE RESTAURAR MEDIANTE EL PERDÓN ES UN PLAN DE DIOS CUANDO HAY UNA OFENSA DE POR MEDIO.

    En relación a nuestra ofensa llamada pecado que nos mantuvo en calidad de enemistados con Dios, dice el apóstol Pablo que: “…las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.  /  Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (2 Corintios 5:17b -18).  Dios mismo no nos dejó en la situación relacional de enemigos destituidos de su gloria sino que por medio de Cristo restauró nuestra amistad con Él.  Todo pecador, merecemos si a Él le place, ser dejados en la culpabilidad de nuestras faltas, lo que nos hace merecedores de todo el peso de su justicia y de su ira, en el que no saldremos inocentes sino condenados a las llamas del mismo infierno, pero Él simplemente no quiso que ese fuera nuestro destino sino que planeó restaurarnos a una plena comunión con Él.  Es por eso que dice el apóstol Pablo que Dios “nos reconcilió consigo mismo por Cristo”, y la restauración es real porque “…las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.  A pesar de nuestro pecado para con Dios, Él planeó perdonarnos para restaurarnos, para que seamos vistos por Él como si nada hubiera sucedido.  Es una expresión de su gracia y amor.

   Amados hermanos, el matrimonio siempre se verá amenazado por las ofensas a veces no intencionales, otras sí intencionales, en el que nuestra actitud no debe ser la de disolver el vínculo matrimonial, sino que debemos actuar como Dios lo hizo con nosotros, en que siendo Él el ofendido, él mismo tuvo la iniciativa de reconciliarnos con Él mismo restaurando así nuestra comunión con Él.  Debemos considerar entre nuestros planes perdonar a los que nos ofenden, incluso cuando el ofensor ha sido nuestro cónyuge.  Tal como ha sucedido en nuestra relación con Dios, las ofensas que llegan a darse en el matrimonio pueden quedar como cosa del pasado que no hay razón para arrastrarlas al presente.   La vida diaria del matrimonio debe ser siempre una experiencia agradable de sentirse amado(a), perdonado(a), en donde debe darse siempre mutuamente un borrón y cuenta nueva, trayendo nuevas experiencias de perdón y restauración que harán que un matrimonio crezca en amor.

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   Una segunda razón por la que los creyentes debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio, es:

II.- PORQUE RESTAURAR MEDIANTE EL PERDÓN ES UN EJEMPLO DE CRISTO PARA CON EL PECADOR.

   En cuanto a la función que Jesucristo ha tenido para restaurar al pecador, especialmente en su relación para con Dios, dice el apóstol Pablo: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19ab).  Jesucristo no solamente utilizó el ministerio de hablar la palabra de la voluntad de Dios para suplicarle a la gente que se arrepintiera de sus faltas, sino que fue necesario que él mismo sufriera la muerte de cruz para que las culpas del pecador sean pagadas.  Este es el ejemplo divino de que a pesar de las más graves ofensas que puedan haber entre el ser humano hacia Dios, cuando se busca el bienestar de la relación, el mismo ofendido es capaz de hacer todo lo necesario para restaurar dicha relación ofendida por una de las partes.  En el caso de Jesús, fue necesario que diera aun su propia vida.

  Amados hermanos, en el matrimonio no se pide que nadie dé la vida hasta morir por el otro por causa de una ofensa recibida, sino solamente se pide, y ejemplo tenemos en Jesucristo, que uno perdone a su cónyuge para que el matrimonio continúe funcionando en óptimas condiciones.  No es cosa imposible el perdonar, aunque pudiera sentirse difícil, pues finalmente ni siquiera estaremos haciendo gran cosa con la acción de perdonar, pues ni siquiera llegamos a la altura de la acción de Jesucristo nuestro divino ejemplo, de morir por causa de la acción de perdonar.  Es solamente perdonar y listo.  Tenemos que hacerlo como Cristo y porque Cristo nos perdonó de nuestra gravísima y condenable ofensa para con Dios. A los creyentes se nos da la siguiente exhortación que dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32), y esta otra que dice que debemos “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).  Cristo es nuestro máximo ejemplo de perdón, que debemos practicar en el vínculo de la vida matrimonial.

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   Una tercera razón por la que los creyentes debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio, es:

III.- PORQUE RESTAURAR MEDIANTE EL PERDÓN ES UNA COMISIÓN ASIGNADA A TODO CREYENTE.

   Es importante observar en el texto bíblico, que no solamente nos dice que Dios planeó restaurar nuestra relación con Él, y que lo hizo por medio de Cristo, quien a su vez ganó y nos otorgó el perdón que nos reconcilió de nuevo y para siempre para con Dios, sino que con énfasis en un deber que adquirimos de parte de Dios, nos dice primero que “…nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18c); y segundo que “…nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.  /  Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:19c-20).   En resumen, lo que el apóstol Pablo está explicando es que los cristianos somos comisionados por Dios para que seamos sus agentes de reconciliación para que las personas restauren su vida espiritual para con Dios, y para que después de ser reconciliados con Dios, puedan seguir viviendo en paz consigo mismo pero también con su prójimo en la sociedad como en la familia y en el matrimonio.

   Amados hermanos, es necesario hacer la pregunta, ¿cómo uno puede ser un agente de reconciliación de parte de Dios, si uno mismo no vive lo que predica, especialmente con su mismo cónyuge o matrimonio?  No puede ser.  Es necesario que si hemos sido reconciliados con Dios, seamos también agentes de reconciliación, pero primeramente viviendo con el ejemplo en el matrimonio, al grado de que si hemos sido ofendidos, y con más razón si involuntariamente llegáramos a ofender a nuestro cónyuge tenemos que restaurar la relación dañada, ya sea mediante el perdonar a nuestro cónyuge, o pidiendo perdón si nosotros fuimos los causantes de la ofensa.   Somos llamados a restaurar a todo pecador para con Dios y para con su prójimo, pero debemos ser ejemplo con nosotros mismos para con nuestro matrimonio..

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   Una cuarta razón por la que los creyentes debemos ocuparnos en la restauración de nuestro matrimonio mediante el perdón hacia nuestro cónyuge cuando ha sido causante de un agravio, es:

IV.- PORQUE RESTAURAR MEDIANTE EL PERDÓN EVITA QUE LAS CONSECUENCIAS DEL ERROR COMETIDO SIGA CRECIENDO.

   En los versículos 17 y 18 el apóstol Pablo utiliza el principio retórico causa-efecto, pero invertido, hablando primero del efecto en el versículo 17, y después en el versículo 18, de la causa que produjo dicho efecto.  En el versículo 18 dice que todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (la causa), pero ¿qué es lo que provino de Dios como efecto de la reconciliación hecha por Cristo?  En el versículo 17 lo anticipó el efecto escribiendo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).   Con estas palabras que dicen que “las cosas viejas pasaron”, el apóstol Pablo está explicando que la culpa y la penalidad por las ofensas humanas para con Dios finalizaron por la reconciliación que Cristo consiguió por nosotros delante de Dios.  Por la obra de reconciliación o de restauración de Cristo, Dios ya deja de mirar a la persona como objetivo de su justicia e ira, y da por cancelada su culpa.  Dios ya no hace más reclamos, señalamientos, ni enojo contra tal persona, porque con su perdón, el pecado allí terminó.  No se juzgará ni recordará más porque ya está perdonado.  Ya pasó.  Fue cosa del pasado.  Dios ya no nos culpa de lo pasado por haber aceptado el perdón de Dios por medio de Cristo.  Cuando hay perdón, hay restauración, por lo que las consecuencias se cortan, entonces se puede decir que una persona que antes fue ofensora, ahora “nueva criatura es”.

    Amados hermanos, esto mismo puede y debe suceder en la vida matrimonial, y mucho más donde los dos cónyuges son cristianos, pero también si solo usted es la parte cristiana.  Si Dios cortó en nosotros el engrandecimiento o agravamiento de nuestro gran problema de pecado para con Él; entonces, debemos hacer lo mismo si llegáramos a ser víctimas de una ofensa que ponga en peligro o amenaza nuestro matrimonio.  El perdón de nuestra parte cortará el engrandecimiento del problema suscitado.  La persona ofensora se sentirá amada, y valorará la gravedad de su falta, y el inmerecimiento del perdón que le ha sido otorgado, por lo que le será más fácil demostrar un verdadero arrepentimiento, que se notará en su cambio de actitud; lo mismo que Dios desea ver en nosotros por haber sido perdonados por Él.  La persona ofendida debe recordar que ha sido perdonada por Cristo, por lo que debe tener muy claro de que ahora es su deber perdonar a su cónyuge, y el problema queda solucionado sin necesidad de engrandecer más el lío.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el hogar debe ser un refugio donde todos debemos encontrar el perdón, amor, y la paz, cuando hemos sido ofensores.  El esposo cristiano y la esposa cristiana cuando ha sido víctima de alguna ofensa, debe actuar perdonando a su cónyuge con el objetivo de restaurar la relación que ha sido dañada, 1) porque Dios desea siempre la restauración de toda relación humana;  2) porque Cristo también procuró con su palabra, muerte, y perdón, nuestra restauración para con Dios aun siendo pecadores; 3) porque los que somos creyentes hemos sido llamados a ser restauradores de la relación de las personas para con Dios y con el prójimo, y por qué no hacerlo con nuestro propio cónyuge si se llegara a dar el caso; y 4) porque cuando perdonamos restauramos nuestro matrimonio, evitando así que se engrandezca más el caso.

   

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