YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS, Por: Diego Teh.

YoSoylaPuertadelasovejas

YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS

Salmo 118:19,20; Juan 10:1-10.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Getsemaní” del fracc. Paseos de Itzincab, Umán, Yucatán; el día domingo 14 de Junio del 2015, a las 11:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Para entender el “Yo soy” de Jesús que nos corresponde escuchar en este mensaje, es necesario que tomemos en cuenta no solamente el principio del capítulo 10 sino también todo el capítulo anterior (el 9), en el que tenemos la historia de un ciego de nacimiento a quien Jesús sanó de su ceguera.  Luego, los fariseos sometieron al ciego a un amplio y malintencionado interrogatorio en el que finalmente “le expulsaron” (Juan 9:34) de la sinagoga por argumentar acerca de Jesús quien le había sanado, que “Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:33).   Al respecto, Jesús no se quedó con la manos cruzadas sino que cuando se enteró de que este hombre fue expulsado, le buscó y al hallarlo se identificó a él como el Hijo de Dios, y le explicó sobre la ceguera espiritual que tenían aquellos fariseos que le expulsaron (Cf. Juan 9:35-39).  Así, los fariseos fueron confrontados por Jesús acerca de la razón de la ceguera espiritual que ellos tenían, precisamente por causa de amar más el pecado que a Dios (Cf. Juan 9:40,41).  Fue entonces ante aquella expulsión injustificada que aquellos fariseos hicieron a un hombre que tenía temor de Dios en su vida, que Jesús expresó que aunque ellos expulsaran de la sinagoga o aún del mismo templo a una persona que desea acercarse a Dios, “Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10:7,9a).  En San Juan capítulo 10 donde tenemos esta declaración de Jesús, desde el principio del capítulo se enfatiza más la descripción de Jesús como pastor haciendo un claro contraste con aquellos que no son pastores espirituales de las ovejas del redil de Dios; pero en cuanto a Jesús como “puerta de las ovejas” ni Juan ni Jesús mismo abundan en describirlo, pero si hay en el relato elementos que nos ayudarán a entender este concepto con el que Jesús se auto identifica como “la puerta”.

   Con respecto al concepto de puerta que Jesús utiliza describiendo no el claro (espacio abierto) de una puerta, sino que su persona es la puerta, William Barclay, dice que: “A menudo, aldeas tienen un rebaño grande que pertenece a la comunidad, mantenido por una fuerte entrada. En la región interior, sin embargo, los rebaños son mucho menos grandiosos. En vez de una entrada bien hecha, solo tienen una abertura. En ese caso, el pastor hace su cama en esa abertura – tapa la entrada con su cuerpo – protege al rebaño con su vida. “En el sentido más literal, el pastor era la puerta; no había otro acceso al rebaño excepto por él” (Barclay, 67).[1]  Esa es la figura que Jesús utilizó al auto llamarse “puerta”, tomando como referencia a la persona que literalmente servía de puerta en el redil de las ovejas.  Con ello, Jesús estaba dando a entender a los fariseos que ellos no eran la puerta que daba entrada a las personas al reino de Dios y que por lo tanto no eran nada para expulsar a una persona como lo habían hecho con la persona que Jesús había sanado de su ceguera de nacimiento.

   En este mensaje quiero compartirles algunos significados de lo que Jesús afirmó cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”.  / ¿Qué quiso decir Jesús con esta afirmación?  /  Usando la misma alegoría que Jesús utilizó para reprender a los fariseos, y dar esperanza al ciego expulsado, les voy a explicar algunos de los significados incluidos en la afirmación de que Jesús es “la puerta de las ovejas”.

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   El primer significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

I.- QUE ÉL ES LA ENTRADA AL REINO DE DIOS, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Los fariseos eran religiosos que se consideraban que fuera de ellos no había mejores hijos de Dios, pero, por lo mismo que era solamente presunción y no siempre una realidad en su manera de vivir la fe en Dios, menospreciaban a cualquier persona que no se sometía a las doctrinas de su secta farisea; así que a la persona que no hacía lo que ellos querían y decían, simplemente no le recibían en su grupo o simplemente le expulsaban.  Adicionalmente, creían que si una persona no pertenecía a ellos, entonces tal persona estaba fuera del reino de Dios.  Es por eso que Jesús les aclara que: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…” (Juan 10:9); o sea, que les quede claro que no eran ellos como fariseos los que determinaban si una persona podía entrar y pertenecer al reino de Dios, sino que era potestad de Dios mismo, y en este caso es Jesús el “Yo soy” divino que se constituye en “la puerta” para dar entrada a una persona al reino de Dios.   Los fariseos, como siempre sucede con las sectas, pueden regular la entrada de las personas a sus templos y/o a sus mismos sistemas doctrinales y prácticos, pero no pueden nunca regular y determinar si una persona puede o no entrar al reino de Dios.

  Las asociaciones religiosas siempre buscan conseguir un feligrés más para su movimiento, y como los fariseos pueden también tomar la decisión de expulsar de su grupo, aunque sea injustamente, a una persona que no convenga a sus intereses, tal como lo hicieron expulsando injustamente a aquel hombre por solamente dar el testimonio verdadero de que Jesús había sido quien lo sanó de su ceguera de nacimiento.  Pero en el caso de Jesús, a la persona a quien le da entrada para salvación no le expulsa ni le retira su salvación, sino que de manera absoluta y eterna le conserva salvo de la condenación eterna; beneficio que no podían otorgar las dos grandes sectas del judaísmo: el fariseísmo, y el saduceísmo.  En la actualidad, tampoco pueden otorgar salvación, los cientos de asociaciones religiosas que existen, aunque se encuentren legalmente inscritos en el padrón de asociaciones religiosas de la Secretaría de Gobernación de nuestro país; aunque tengan una presencia internacional, y aunque sean gobernados desde países extranjeros.  Solamente Jesús es la puerta de las ovejas (entiéndase como personas) para salvación eterna.

   Amados hermanos, las palabras de Jesús cuando dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…”, es una concientización para que ninguna persona busque entrar al reino de Dios por medio de una membresía de iglesia, de coro, de sociedades, de directiva, de consistorio, de diáconos; ni por medio de tener un oficio eclesiástico: pastor, anciano, o diácono; pues esos privilegios y responsabilidades solamente lo deben ocupar los que ya han sido salvados por Cristo, y que por lo tanto ya han entrado al reino de Dios, por lo que tales cosas no son los que dan la entrada al reino de Dios.  Cuando Jesús dice “el que por mí entrare”, está indicando que la entrada es solamente por medio de él, por lo que nada ni nadie puede servir como entrada al reino de Dios.  Si alguien no ha entrado al reino de Dios por medio de Jesucristo “la puerta”, aunque este haya entrado a una iglesia local por “la puerta” de la membresía, de los privilegios, de los oficios, etc… tal persona, a pesar de eso tal persona no tiene salvación ni parte en el reino de Dios, a menos que, o hasta que entre por medio de Cristo “la puerta” correcta.

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   El segundo significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

II.- QUE ÉL DA ENTRADA A LOS VERDADEROS PASTORES, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Es importante observar que en esta alegoría usada por Jesús cuando él se identifica como puerta, no está afirmando que él es pastor sino solamente la puerta, dando a entender que el cargo de Divino Pastor lo tiene Dios el Padre.  En esta afirmación, Jesús es solamente “la puerta”.  Y lo primero que observamos que Jesús relató a los fariseos en su alegoría fue que “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.  /  Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.  /  A éste abre el portero,…” (Juan10:1-3a).  Con estas palabras, Jesús estaba haciéndoles ver a los fariseos que ellos no entraron por la puerta sino como los ladrones de ovejas saltaron las cercas y entraron no para pastorear a las ovejas sino para robarlas, por lo que no les importaba si le causaban algún daño a alguna oveja.   Es por eso que no les importaba la vida espiritual de aquel ex ciego sanado por Jesús, sino que en primera instancia no tuvieron mejor decisión que expulsarlo, actitud que revelaba que no eran dignos pastores del rebaño de Dios.  Estaban en el liderazgo pastoral de los pecadores, no como auténticos pastores sino como falsos pastores que causaban más daño espiritual a las personas en vez de edificarlas en lafe; por eso en otra ocasión, Jesús les dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15).  Un verdadero pastor, que ha entrado por la puerta divina que es Jesucristo, no expulsa con sus palabras ni con sus actitudes a los que tienen la necesidad de acercarse a Dios, tal como los fariseos lo hicieron en contra del hombre temeroso de Dios que fue sanado de su ceguera de nacimiento.

   Amados hermanos, todos aquellos que hemos pasado verdaderamente a formar parte de la iglesia universal de Dios habiendo entrado solamente por Jesús, “la puerta de las ovejas”, somos al mismo tiempo constituidos en pastores que cuidamos a nuestros hermanos las demás ovejas del Señor, en vez de causarles agravios que los alejen de la comunión del rebaño de Dios.   Especialmente, también es un deber muy propio de aquellos que estamos siendo oficialmente pastores, maestros, ancianos, y diáconos de la iglesia; es a los que tenemos esta función pastoral u obispal que se nos dice por el apóstol Pablo: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).  Pero, como en el relato así como en la realidad, siempre ha habido ladrones de ovejas humanas o falsos y aparentes pastores que se auto constituyen como pastores, que se introducen al rebaño para convencer a las personas a que les sigan para sus objetivos personales que no son los objetivos del rebaño (la iglesia) de Dios.  A estas personas, que evidentemente no han experimentado la gracia de la salvación de Dios, Jesús los invita a que primeramente entren por la única puerta de salvación que es Jesús mismo; entonces, si Jesús les concede el privilegio de constituirlos en verdaderos pastores, no tienen porque auto nombrarse pastores, ni fingir que son pastores, sino que siendo auténticos pastores servirán a las ovejas de Dios atendiendo sus necesidades espirituales, en vez de solamente estar sacando provecho de las ovejas (los creyentes).

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   El tercer significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

III.- QUE ÉL ES LA SALVACIÓN DE LAS PERSONAS, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Con respecto a esto, Jesús afirmó “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…” (Juan 10:9ab).  En estas palabras Jesús no está hablando ni de los verdaderos pastores de ganado ovino que entran correctamente al redil, ni está hablando del mismo ganado ovino que para estar a salvo del ladrón y de los lobos tenían que entrar al redil a través de la puerta, sino que está hablando acerca de las personas que tienen la necesidad de ser salvadas de la condenación eterna, pues cuando dice: “el que por mí entrare”, se refiere a humanos.   La condición para ser salvado de la condenación eterna, es entrar por la puerta divina la cual da acceso al rebaño de la salvación divina y eterna; pues, el resultado de entrar por medio de Jesús, la puerta divina, es que tal persona, dijo Jesús mismo que: “será salvo”.   En el caso de las ovejas, cuando se extraviaban y no regresaban al redil entrando por aquella puerta del redil, las pobrecitas no estarían a salvo, sino que quedaban a merced del frío, de los lobos y hasta de los ladrones, por lo que solamente si al anochecer entraban por la puerta del redil, entonces estaban totalmente salvas durante la noche.  De la misma manera, una persona que no entra por la puerta divina para salvación, queda también a merced del diablo, de la condenación eterna, y de la misma ira de Dios sobre ella; pero cuando una persona entra por medio de Jesucristo “la puerta”, al redil de Dios (el reino de Dios), tal persona como en el caso de las ovejas, queda también a salvo de todo.

   Amados oyentes, que ninguno de los que hoy están escuchando esta predicación, ande buscando una entrada hacia Dios que no sea Jesucristo.  Si usted entra por una puerta que no es Jesucristo, usted no encontrará a Dios detrás de aquella puerta, sino quizá solamente encuentre religión, satisfacción personal, red de amistades, y hasta contactos para negocios, per su vida seguirá sin salvación, a pesar de que usted sea una persona que obedientemente haga todo lo que la asociación y sus líderes le instruyan hacer.

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CONCLUSIÓN: Amados oyentes, leí acerca de una tierra en guerra, donde había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.  Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo: –“Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?” Y le responde el rey: –“Dime soldado”.  –“¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.  –“Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.  El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.   El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía: –“Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta”.[2]   En el caso de usted, ¿escogerá entrar por la puerta que es Jesús para encontrar ‘tras la puerta’ el cielo eterno de la salvación?, o ¿decidirá no entrar por la puerta (por Jesús) quedándose justo frente y cerca de la puerta, esperando únicamente el momento para que usted enfrente la realidad de la condenación eterna donde todo será un eterno sufrimiento, lejos de la gloria de Dios?

   Mis amados oyentes, el cielo no está cerrado para aquellos que pueden creer en Jesucristo.  Afortunadamente, el cielo de Dios tiene una puerta que se llama Jesús, en la que todo pecador que se arrepiente de sus pecados, al tener entrada a través de esa puerta, comienza desde aquí en la tierra a disfrutar de una comunión inmerecida con Dios, y dicha comunión permanecerá en para siempre en su máxima expresión gloriosa.  Si alguno de los presentes no ha tenido la experiencia de entrar por esta puerta divina, su vida presente estará siempre insípida por la falta de una relación y comunión personal con Dios, por lo que aunque sea miembro de la iglesia local, aunque sea un oficial, aunque sea un directivo, aunque sea parte de un ministerio, aunque tenga antigüedad, y aunque tenga alguna influencia como líder de algún movimiento, nunca tendrá ni un solo beneficio de la salvación divina.  Si alguno de los presentes no ha tenido la experiencia de entrar por esta puerta divina, su vida para la eternidad, inevitable será el mismísimo lugar de tormento eterno que se relata en las Sagradas Escrituras.

   En el nombre del Señor Jesucristo, quien se proclama como “la puerta de las ovejas”, invito a cada  persona presente en este culto a que analice si ha entrado o no al rebaño de Dios por medio de Jesucristo; y a la persona quien con toda honestidad reconozca que solamente ha usado los privilegios de esta u otra iglesia local, sin haber encontrado en Jesús la puerta al cielo de Dios, le ruego que ahora mismo le diga a Jesús en oración: “Señor Jesús, reconozco que tú eres la única puerta de las ovejas, me arrepiento de mis pecados, te pido me concedas la entrada al cielo de tu gloria eterna, te recibo como mi único y suficiente salvador”. Amén.

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[1] Barclay, William, The Daily Study Bible, “The Gospel of John,” Vol. 2 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1955).

[2] Ilustración tomada en: http://www.renuevodeplenitud.com/la-puerta.html

   

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