YO SOY LA VERDAD, Por: Diego Teh.

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YO SOY […] LA VERDAD

Juan 14:1-14.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Getsemaní” del Fracc. Paseos de Itzincab, Umán, Yucatán; el día domingo 05 de Julio del 2015, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: El ser humano ha estado siempre bombardeado por las mentiras, especialmente por personas que aman la mentira; por ejemplo, Paul Joseph Goebbels un político alemán, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del nazismo, mano derecha de Adolfo Hitler, diseñó Los once principios de la Propaganda[1], entre los cuales uno de los principios manejaba el concepto: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por aceptarse como verdad”[2].  Y así, bajo mentiras repetidas lograron que la gente creyera que sus ideas eran verdad, y fue así como lograron muchos de sus malvados objetivos.  Igualmente, en la actualidad siempre se usa el recurso de la mentira para convencer al público a consumir todo tipo de productos comerciales.   Pero el origen de toda mentira en este mundo no comenzó con Goebbels, sino que se remonta hasta la época del inicio de la humanidad.  Según palabras de Jesús a los judíos, el diablo “es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). La frase “padre de mentira”, aplicada a este diabólico ser, lo categoriza como el fundador y primer mentiroso en este mundo por haberle mentido a Eva a quien convenció que no era cierto lo que Dios había dicho que quien comiera el fruto de cierto árbol, experimentaría la muerte posteriormente (Cf. Génesis 3:1-19).  Desde entonces, no solo el diablo, sino la humanidad aprendió a mentir al grado de que no ha existido un ser humano que no haya practicado la mentira., excepto Jesús el Hijo de Dios, de quien dice las Sagradas Escrituras que “ni hubo”, “ni se halló engaño en su boca” (Cf. Isaías 53:9; 1 Pedro 2:22).

   En este mensaje voy a compartirles (no de Goebbels, ni de Hitler, ni del diablo) sino acerca de Jesús quien entre su serie de declaraciones en las que usó la expresión “Yo soy”, dijo en una de esas ocasiones una triple descripción de sí mismo diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).   Las primeras palabras de esta declaración, las que dicen: “Yo soy”, es el nombre que Dios reveló de sí mismo a Moisés (Exodo 3:14), y que Jesús utilizó para identificarse como el mismo Dios que 1500 años antes se había manifestado a Moisés.  Y en cada metáfora que utilizó (como la luz, el pan, la puerta de las ovejas, el buen pastor, el camino, la verdad, la vida, etc…), enfatizaba un aspecto de su divinidad para explicar que él tenía la finalidad de salvar a los pecadores.  En el caso de nuestro texto bíblico de Juan 14:6, se dice de Jesús que mencionó tres metáforas que ilustran su divina función a favor del pecador: el camino, la verdad, y la vida; pero para el objetivo de este mensaje solamente me limitaré a hablar de Jesús como “la verdad”.  Jesús como el camino, y como la vida, será tema para otra predicación.

   Específicamente, quiero compartirles que cuando Jesús dijo “Yo soy […] la verdad”, al mismo tiempo estaba afirmando que el mundo tiene una serie de necesidades con respecto a la verdad que solamente pueden ser solucionadas por Jesús.  /  ¿Cuáles son las necesidades del mundo con respecto a la verdad que solamente pueden ser solucionadas por Jesús?  /  A través de este mensaje les compartiré cinco de estas necesidades que el mundo tiene con respecto a la verdad y que solamente pueden ser solucionadas por Jesús.

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   La primera necesidad que el mundo tiene con respecto a la verdad, razón por la cual Jesús proclamó “Yo soy […] la verdad”, es que:

I.- EL MUNDO NECESITA TENER A UN DIOS DE VERDAD.

   La humanidad siempre ha tenido la noción de la existencia de Dios al reflexionar cosmológicamente, por medio de la observación de que lo que existe en toda la naturaleza visible, tuvo que haber sido hecho por alguien que sea Dios, de lo contrario la naturaleza no podría existir, pues no hay ser humano que pudiese haber hecho semejante grandeza de la naturaleza.   Por eso, desde la antigüedad, los seres humanos comenzaron a crear imágenes físicas y hasta solo mentales de lo que a su criterio representa la personalidad o algún aspecto del poder de Dios, pero en el período de tiempo que Dios estuvo revelando su identidad a los seres humanos, un hombre inspirado por Dios dijo de tales imágenes que solamente son ídolos que de ninguna manera pueden ser la imagen del Dios verdadero, pues “son plata y oro, obra de manos de hombres.  /  Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven;  /  Orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen;  /  Manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta” (Salmo 115:4-7; Cf. 135:15-17).  En otras palabras son falsos dioses, por medio de los cuales desde la antigüedad hasta el día de hoy, una buena cantidad de seres humanos trata de conocer y representar a Dios por medio de ellos, pero no es más que pura falsedad o falsificación de la verdadera Divinidad.  El profeta Jeremías enseñó en una ocasión que “…Jehová es el Dios verdadero: él es el Dios vivo y el Rey eterno; ante su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación. /  Les diréis esto: Los dioses, que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos”  (Jeremías 10:10,11).   Jesús también confirmó que Dios es verdadero cuando en su oración en el huerto Getsemaní antes de ser arrestado para juzgar y crucificar, dijo al Padre: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

   Cuando Jesús dijo “Yo soy […] la verdad”, estaba comunicando que por medio de él se puede conocer al Dios verdadero, para que el mundo deje de tener ideas equivocadas acerca de Dios, y le conozca verdaderamente como Él es.  Entre los judíos, Dios era más conocido como el Padre, pero Jesús hablando de él en relación con el Padre, les explicó a Tomás, a Felipe, y a los demás discípulos que “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9), y que “yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:11).  Toda esta explicación de Jesús, es la aclaración de que él como “la verdad” era nada menos sino el mismo Dios verdadero que se había encarnado para que por medio de él, Dios sea conocido.  El mundo tiene la necesidad de conocer no a dioses falsos sino a un Dios verdadero, que puede ser conocido solamente en Jesús.

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   La segunda necesidad que el mundo tiene con respecto a la verdad, razón por la cual Jesús proclamó “Yo soy […] la verdad”, es que:

II.- EL MUNDO NECESITA CONOCER LA VERDAD.

   Durante la mañana de la crucifixión de Jesús, siendo él juzgado por Pilato acerca de la acusación que el pueblo hacía en su contra, nos relata San Juan que con toda claridad y precisión: “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.  / Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.  /  Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?” (Juan 18:36-38).  Lo que aquí observamos es que cuando Jesús hizo mención de la verdad, Pilato preguntó “¿Qué es la verdad?”.   Esto es solamente un ejemplo de la amplia ignorancia que una persona puede llegar a tener acerca de la verdad, a pesar de ser un figura pública.   Esta ignorancia no fue solamente caso de Pilato, sino tanto antes de él, como después de él, y hasta en la actualidad, hay un tremendo desconocimiento de lo que es la verdad absoluta.

   Los filósofos de todos los tiempos, aunque el enfoque de sus reflexiones es el descubrimiento de toda verdad, también han tenido problemas para entender qué es la verdad en su sentido absoluto.  Lo más que los filósofos han podido concluir es que la verdad es un concepto que indica por lo menos cinco aspectos: 1) correspondencia y relación;  2) revelación; 3) conformidad a una regla; 4)  coherencia; y 5) utilidad[3].  El mismo filósofo Aristóteles, más de 300 años antes de Jesús, dijo: Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”[4].   Aristóteles tenía razón, pues por medio del razonamiento, cualquier verdad que lleguemos a conocer es solamente una verdad relativa, pues la verdad absoluta no está en el conocimiento humano convencional sino solamente en el Ser divino que no puede ser conocido a menos que Él lo revele a una persona.  Es por eso que Jesús afirmó “Yo soy […] la verdad”, revelando de esta manera que él es el Dios de la verdad que en realidad es ampliamente desconocido por las personas, pero que puede conocerse si uno cree en Jesús.   El mundo necesita conocer la verdad.

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   La tercera necesidad que el mundo tiene con respecto a la verdad, razón por la cual Jesús proclamó “Yo soy […] la verdad”, es que:

III.- EL MUNDO NECESITA ESCUCHAR LA VERDAD

   En una ocasión los fariseos, con malicia de por medio, mandaron a personas para hacerle a Jesús una pregunta tramposa, pero aunque sea de manera sarcástica, también le enviaron a decir: “…Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres” (Mateo 22:16). Con estas palabras estaban distinguiendo dos cosas ciertas en la persona de Jesús, primero que él era “amante de la verdad” (y se referían a la verdad que procede de Dios según las revelaciones que estaban escritos en los escritos de la ley de Moisés y de los demás profetas); y segundo, al decirle que: “…enseñas con verdad el camino de Dios”, en lo más profundo y oculto de sus conciencias sabían de la calidad de enseñanza que Jesús compartía a multitudes y a personas en particular.  Enseñar con verdad la verdad de Dios, fue un aspecto del ministerio de Jesús, porque siendo él la verdad encarnada que revela toda verdad absoluta de Dios, tenía que declarar la verdad que todo el mundo necesita escuchar.

   En la ocasión cuando Jesús reprendió a las personas que le seguían solo para esperar que él multiplicara más panes y peces para alimentarlos, como cuando alimentó a un grupo de más de cinco mil personas, tuvo que decirles no la mentira o falsedad que ellos hubiesen querido escuchar sino la verdad que en realidad necesitaban escuchar, pues Jesús tuvo que decirles que “De cierto, de cierto os digo (o sea, de verdad, de verdad, pues tenía que decirles la verdad) que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.  /  Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:26,27).  Que te digan la verdad, a veces duele, pero tienes que escuchar esa verdad.  A aquellos falsos discípulos no les gustó la verdad, pues nos relata el apóstol Juan que: “Desde entonces muchos de sus discípulos (de Jesús, no de Juan) volvieron atrás, y ya no andaban con él.  /  Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?  /  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:66-68).  El escuchar la verdad no les agradó a aquel grupo de judíos interesados solamente por los beneficios materiales que conllevaba el ser discípulo, por lo que mejor dejaron de ser discípulos de Jesús; pero quienes escucharon la verdad aunque en un tono fuerte de confrontación y amonestación, y la aceptaron, quedaron convencidos de que no hay otra fuente de mejores palabras que las verdades que Jesús hablaba, al grado que cuando Jesús mismo les dijo: ¿Ustedes también quieren dejar de andar conmigo como mis discípulos?, no tuvieron más respuesta que: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.   El que haya personas que rechazan las verdades de Dios, hace necesario que se les insista hablándoles de lo que es verdad, porque la deben escuchar una y otra vez para llegar a un convencimiento de que la verdad de Dios es absolutamente verdad.  También por el hecho de que haya personas que aceptan las verdades de Dios, como la aceptaron los discípulos, también hace necesario que se proclame la verdad de Dios, porque quien escucha atentamente la verdad de Dios, se produce en su vida la fe necesaria para creer en Jesús y le puede aceptar como su Salvador personal.

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   La cuarta necesidad que el mundo tiene con respecto a la verdad, razón por la cual Jesús proclamó “Yo soy […] la verdad”, es que:

IV.- EL MUNDO NECESITA ABANDONAR LA MENTIRA.

  Una característica de la humanidad que no conoce al Dios verdadero, el Dios de la verdad, es que como dice el apóstol Pablo “los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18), y que a través de los tiempo “cambiaron la verdad de Dios por la mentira” (Romanos 1:25).  Es por eso, que hasta en la actualidad, es más fácil para toda persona, el inclinarse a decir mentiras que a practicar lo que es verdadero.

   Un acreditado profesor de universidad colocaba siempre sobre la mesa de la clase una manzana de la cual brotaba una sola hoja. Muchas veces hemos visto nosotros este símbolo y no lo hemos interpretado nunca, como tampoco lo sabían los alumnos de aquel profesor. Hasta que al fin le preguntan: – ¿Por qué coloca usted ahí esa manzana? ¿Por qué la mira tantas veces mientras explica la lección? Y el profesor de arqueología, muy sencillamente, les explicó la verdad. – ¿Ven ustedes? Para los antiguos egipcios, la manzana era el corazón del hombre, y la hoja era la lengua. Con la única hoja querían indicar que el hombre veraz tiene una sola palabra, la que le dicta el corazón. Yo en la clase quiero ser esto: jamás les diré a ustedes una palabra que no esté acorde con mi pensamiento, jamás les diré una mentira, siempre les diré la verdad.  ¡Qué bueno si todas las personas tuviésemos la mentalidad de abandonar toda clase de mentira, y buscar, y hablar siempre con verdad!  Eso es posible solamente si creemos en Jesús el Dios verdadero, y si nos sometemos a la enseñanza de la verdad que él impartió y podemos encontrar por lo menos en los evangelios canónicos, según Mateo, Marcos, Lucas, y Juan; pero en realidad en cada uno de los 66 libros de la Biblia.  Sería bueno leer también por lo menos la primera epístola del apóstol Juan, en el que nos daremos cuenta de su preocupación de que los creyentes practiquemos la verdad, pues como en trece ocasiones insiste en ello, como cuando dice: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6).   San Pablo, por su parte, exhorta a los creyentes de Éfeso con palabras del antiguo profeta Zacarías, diciéndoles: “desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Efesio 4:35; Cf. Zac. 8:16).  Nosotros los creyentes debemos ser quienes demostremos al mundo que tras conocer a Jesús como la verdad que revela al Dios verdadero, si se puede abandonar la mentira y practicar siempre lo que es verdadero.

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   La quinta necesidad que el mundo tiene con respecto a la verdad, razón por la cual Jesús proclamó “Yo soy […] la verdad”, es que:

V.- EL MUNDO NECESITA LA VERDAD LIBERTADORA.

   Uno de los casos relatados en las Sagradas Escrituras es el caso en el que se vio implicado el gobernador Pilato, el día en el que mal juzgó una falsa acusación en contra de Jesús.  Mientras Pilato en primera instancia actuó con justicia, nos relata San Juan que “Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César” (Juan 19:12).   Pilato estaba atado a la cadena de la amistad con un hombre, el emperador César, que no le permitiría a Pilato hacer lo que es bueno.  Por esa atadura no pudo actuar con justicia, ni con libertad de conciencia, pues aunque hizo la ceremonia del lavamiento de las manos, lo único que hizo evidente con ello, fue que era responsable de un mal juicio por falta de libertad de conciencia cautivada por un indebido lazo de amistad.    Pero, al igual que Pilato, alguna vez estuvimos cautivos por algo que nos esclavizaba, pues por su gracia ya hemos sido arrebatados de tal esclavitud y hechos libres para un mejor y glorioso servicio al Dios vivo y verdadero quien merece le demos toda la gloria por todo y en todo.

   Con respecto, no solo a una persona sino a un grupo de judíos quienes no habían sido enseñados con la verdad de Dios sino solamente influenciados por los preceptos de la religión de los fariseos, pero que por la gracia de Dios acaban de creer la verdad del evangelio de Dios, a ellos les dijo Jesús: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;  / y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.  /  Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?  /  Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.  /  Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.  /  Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31-36).  Se comprende que siendo principiantes en el conocimiento de la verdad, todavía no estaban comprendiendo lo suficiente de que estaban esclavizados en el pecado, pero Jesús les enseñó bien claro que al conocer la verdad por medio del Hijo (o sea, hablaba de él como Hijo de Dios), habría en ellos una verdadera libertad.  Esta es la verdad que toda persona necesita para vivir la libertad gloriosa que muy propiamente gozan todos los que creen en la verdad.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, si el diablo nos mantuvo engañados durante un buen tiempo de nuestra vida, es importante que ahora que ya sabemos que Jesús es la verdad, confiemos en cada una de sus palabras que siendo verdad, nos pueden guiar en el camino de nuestra vida rumbo a la eternidad.  Él es el Dios verdadero que cada persona necesita.  Él es la verdad que debe ser conocido por medio de la experiencia no del ojo sino del alma.  Él es la verdad que debe ser escuchado y aceptado.  Él es la verdad que debemos poner en práctica desechando la pecaminosa práctica de decir mentiras.  Él es la verdad que hace libre a una persona de cualquier atadura en la que se encuentre involucrado ya sea bajo engaño o por voluntad propia.   La buena noticia es que nadie tiene que ir en busca de la verdad en una denominación derivada del cristianismo, mucho menos en otra religión distinta a la fe cristiana, porque en ninguno de estos casos puede uno hallar la verdad, pues la verdad no es una asociación humana, ni una filosofía bien elaborada, sino que la única verdad es Dios revelado por medio de Jesucristo quien sin mentira ni titubeos afirmó “Yo soy […] la verdad”.

[1] http://www.grijalvo.com/Goebbels/Once_principios_de_la_propaganda.htm

[2] Ver el principio de la orquestación.

[3] http://www.monografias.com/trabajos54/la-verdad-filosofica/la-verdad-filosofica.shtml

[4] http://www.citasyproverbios.com/cita.aspx?t=Nunca%20se%20alcanza%20la%20verdad%20total,%20ni%20nunca%20se%20est%C3%A1%20totalmente%20alejado%20de%20ella.

   

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