YO SOY LA RESURRECCIÓN, Por: Diego Teh.

YoSoylaResurreccionylaVida

YO SOY LA RESURRECCIÓN

Juan 11:25.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el día domingo 12 de Julio del 2015, a las 10:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hace casi tres meses, el pasado lunes 20 de Abril 2015, en el sitio de PlayGround Noticias, la periodista Alba Muñoz, recuerda a sus lectores que en 1962: el profesor de física Robert Ettinger, de la Universidad de Michigan, autofinanció la publicación del libro The Prospect of Inmortality, donde proponía que la congelación de personas recientemente fallecidas podía ser un modo de alcanzar futuras tecnologías médicas y hasta salvar vidas: “Lo que hoy parece mortal, mañana puede ser reversible”. […]  En paralelo, el científico Evan Cooper fundó en 1965 la Life Extension Society (que tiempo después cambio su nombre como ALCOR) para promover la congelación de personas. Daba inicio la ciencia (y la industria millonaria) de la inmortalidad.  […] Actualmente sólo tres empresas le hacen sombra: KrioRus, un laboratorio ruso, el también estadounidense Cryonics Institute (Michigan) y el Instituto Europeo de Criopreservación, que surgió el año pasado”.  […]  Mientras tanto, miles de personas están financiando su congelación a través de seguros de vida tradicionales.  Se trata de una gestión totalmente legal y viable, también altamente rentable tratándose de un servicio hipotético: simplemente, podríamos estar sustituyendo las lápidas por cápsulas con nitrógeno líquido.  También podríamos estar sustituyendo la debilitada fe occidental en Dios en una fe ciega en la ciencia (y en el dinero que la paga), para pasar al siguiente estadio de nuestra existencia”[1].   Hace siete años y tres semanas, el 20 de Junio del 2008, un blogero con el seudónimo de Tigre sin Tiempo, escribió que: “Los científicos buscan devolver la vida a los seres humanos después de su muerte con la criogenia. […] Tienen la esperanza que en siglos posteriores existan descubrimientos medicinales para curar las pandemias terminales.  […]  La técnica se llama criogénesis, se aplica en la medicina y en la ciencia para la conservación de células, tejidos, o embriones en sus primeros días de vida.  Los integrantes de la Fundación Alcor piensan que con las técnicas del futuro podrán devolver la vida a quienes llaman “pacientes suspendidos”. […]  “Alcor suspende todo el cuerpo o sólo la cabeza, recomendamos sólo la cabeza, porque es una tecnología mucho más moderna”, puntualiza Jerry Lemler, director de la Fundación”[2].  El costo de este procedimiento oscila entre los $ 28,000.00 y $ 30,000.00 USD, que en realidad no ofrece ninguna garantía.

   En medio de esta promoción científica moderna, cuando leemos las Sagradas Escrituras, nos damos cuenta de que Jesús entre sus enseñanzas e identificaciones afirmó ser dos cosas cuando dijo: “Yo soy la resurrección y la vida”.  En un sermón anterior he compartido el significado e implicaciones acerca de la afirmación “Yo soy […] la vida”, por lo que en este sermón solamente voy a limitarme a la exposición de la afirmación: “Yo soy la resurrección”, que como nos daremos cuenta deja obsoleta e innecesaria la criogénesis que promete resurrección.

  En esta predicación voy a compartirles algunas de las razones que Jesús tenía para hacer la poderosa declaración: “Yo soy la resurrección”.  /  ¿Cuáles son algunas de las razones de Jesús por las que Jesús hizo esta declaración?  /  Hagamos un breve recorrido a través de las Sagradas Escrituras, para encontrar las razones de Jesús para identificarse como “la resurrección”.

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   La primera razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

I.- PORQUE ÉL LO DEMOSTRARÍA CON SU PROPIA VIDA QUE NO SERÍA RETENIDA POR LA MUERTE.

   Sería una incongruencia si él dijo “Yo soy la resurrección” pero se hubiese quedado para siempre en la sepultura.  Las Sagradas Escrituras nos dicen que él resucitó, siendo testigos de su resurrección los mismos apóstoles que escribieron, y otros muchos que le vieron y convivieron con él después de su resurrección.  Los críticos de la fe cristiana han desarrollado todo tipo de teorías para desacreditar la resurrección de Jesús, diciendo (1) que en realidad no murió sino que estaba solamente desmayado, (2) que tenía un gemelo a quien confundieron con Jesús, (3) que la gente solamente tenía alucinaciones creyendo que estaban viendo a Jesús, (4) que era solamente su espíritu sin su cuerpo lo que se dejaba ver en ocasiones.

   Tomás Jefferson,  tercer presidente de los Estados Unidos de América, ocupando el cargo entre 1801 y 1809[3] a pesar de ser recordado como un gran hombre, nunca aceptó los milagros que aparecen en la Biblia. Él editó su propia versión de la Biblia, en la que no aparecen todas las partes que se refieren a eventos milagrosos porque fueron borradas[4]. Al editar los Evangelios, Tomás Jefferson se limitó a tener las enseñanzas morales de Jesucristo. Las últimas palabras de sus evangelios dicen así: Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con las especias, de acuerdo con la costumbre Judía de sepultar.  / En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto había un sepulcro nuevo, en el cual todavía no se había puesto a nadie.  /  Allí pusieron a Jesús,  /  y luego hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue”[5]. Jefferson no creía en la resurrección, pero eso no cambia la historia.  Los evangelios concluyen narrando la realidad de la resurrección de Jesús; y los apóstoles como Pablo exclaman proclamando “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos” (1 Corintios 15:20).  La muerte no pudo retener a Jesús porque él es en realidad “la resurrección”, tal como lo afirmó.

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   La segunda razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

II.- PORQUE ÉL TENÍA LA MISIÓN DE DESTRUIR PARA SIEMPRE EL PODER DE LA MUERTE.

   Desde el día que Adán y Eva desobedecieron a Dios, ellos y toda su descendencia quedamos sometidos bajo el poder de la muerte.  Inevitablemente todo ser humano tiene que pasar por la experiencia de la muerte que nos fue impuesta como sentencia bien merecida, experiencia que pasamos solamente por la consecuencia de ser pecadores y desobedientes a Dios.  Pero Dios mismo quien con toda justicia nos impuso la esta maldición de la muerte, también planeó la solución, no haciendo que evitemos la muerte, pero sí devolviéndonos la vida, para una mejor vida, gloriosa y para siempre; destruyendo así el poder de la muerte, haciéndola incapaz de retener a los que mueren.   A través del profeta Isaías, en un mensaje que este profeta compartió a los israelitas, hablándoles de lo que Dios estaba dispuesto a hacer por su pueblo, les dijo que: “Jehová de los ejércitos […] destruirá a la muerte para siempre” (Isaías 25:6-8).  Y como podemos encontrar en todo el Nuevo Testamento, Dios destruyo a la muerte “para siempre”, por medio de Jesús quien dijo: “Yo soy la resurrección”.

   En la ocasión cuando Jesús se dio a conocer como el buen pastor, comparando a las personas con las ovejas, al diablo con el ladrón, y a él como el buen pastor, dijo que “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).  La referencia directa de estas palabras es la vida espiritual que las personas necesitamos, y que la podemos recibir de Jesucristo; pero también tiene el alcance de poder dar vida al cuerpo muerto de una persona, porque él es la resurrección.  Obviamente esto implicaba que Jesús tenía que morir y demostrar que también tenía el poder de la resurrección de sí mismo.  Al resucitarse así mismo, la muerte quedó vencida para siempre.  Esta era su misión: destruir la muerte para siempre, y lo consiguió.  Por eso, hablando de Jesús, dice el autor de la epístola a los Hebreos, que “él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,” (Hebreos 2:14).

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   La tercera razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

III.- PORQUE ÉL TIENE EL PODER DE RESCATAR AL PECADOR QUE ESTÁ BAJO EL PODER DE LA MUERTE.

   Desde el Génesis nos informamos cómo poco después de la creación del ser humano el pecado y la muerte comenzaron a dominar en este mundo, pero ya en los evangelios leemos que Jesús el Hijo de Dios afirma ser “la resurrección” (Juan 11:25).   Jesús demostró tener el poder de rescatar al pecador del poder de la muerte cuando le devolvió la vida a la hija de un hombre principal llamado Jairo, a cuya hija que estaba muerte tomó de la mano a la niña” (Mateo 9:25), le dijo: “Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.  /  Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente” (Marcos 5:41,42; Cf. Lucas 8:54).  También lo demostró cuando al hijo muerto de una viuda de la ciudad de Nain que estaba siendo llevado al sepulcro, “acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.  /  Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre” (Lucas 7:14,15).   Y quizá el caso más comúnmente recordado es el de su amigo Lázaro a quien después de cuatro días de muerto y sepultado, simplemente “clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!  /  Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario” (Juan 11:43,44).

   Sin embargo, el poder de la resurrección de Jesús, no se limitó a aquellos tres ejemplo contundentes, sino que lo aplicó a su propia vida que luego de ser segada por los soldados romanos, al tercer día resucitó a sí mismo, y desde entonces ha reservado para el final de los tiempos una resurrección gloriosa universal, el cual los cristianos anhelamos sin necesidad de un servicio criogénico, y sin necesidad de dinero.   Las Escrituras nos explican que Jesús recuperará el cuerpo de todos los seres humanos que se han desintegrado en las aguas de los océanos, en las llamas de un crematorio, en el interior de una sepultura, en el interior de la tierra, e incluso en el aire libre.  En la visión apocalíptica que tuvo el apóstol Juan nos dice que “…el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos” (Apocalipsis 20:13).  Y así se cumplirá el poder de Jesús de rescatar definitivamente al pecador del poder de la muerte, sin necesidad de que recurramos a los servicios criogénicos que ya se están ofreciendo en todo el mundo, pues a los que somos creyentes en su persona y obra, él nos hará resucitar para una eternidad gloriosa, gracias a que él es la resurrección.

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   La cuarta razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

IV.- PORQUE ÉL NO AVALA LA REENCARNACIÓN SINO SOLO LA RESURRECCIÓN.

   La reencarnación es la creencia consistente en que la esencia individual de las personas (ya sea mente, alma, conciencia, o energía) adopta un cuerpo material no solo una vez sino varias según va muriendo. […]  La creencia en la reencarnación ha estado presente en toda la humanidad desde la antigüedad, en la mayoría de las religiones orientales, como hinduismo, budismo y taoísmo, y también en las religiones no «adulteradas» africanas y tribales de América y Oceanía[6].  Platón, entre los griegos, 400 años antes de Jesús fue el máximo exponente de esta doctrina, que en años posteriores fue propagada por la cultura griega en todos los territorios conquistados, incluyendo el de los israelitas donde nació, creció, ministró, murió, y resucitó Jesucristo. Platón es el principal exponente de la reencarnación en los griegos del que tenemos noticia. En la obra Fedro, escribe cómo el alma humana, de acuerdo al descubrimiento de la verdad que haya alcanzado, nacerá en un tipo de cuerpo o en otro. Estas existencias suponen pruebas para que las almas se perfeccionen. En La República explica cómo el mítico guerrero Er muere en el campo de batalla pero regresa al cabo de diez días, durante los cuales ve a las almas de los hombres esperando renacer.

   Nuestro Salvador Jesucristo, nunca avaló esta doctrina, sino al contrario enseñó y sostuvo que cuando muere una persona temerosa de Dios, su alma es llevada al “seno de Abraham” (figura judía para referirse al cielo de Dios) (Lucas 16:22); y que cuando muere una persona que no teme a Dios, su alma va a un lugar donde la va a pasar “en tormentos” (Lucas 16:23).  Jesús, usando las antiguas Escrituras mosaicas y proféticas, nunca enseñó que cuando una persona muere su alma reencarne en otro ser vivo ya sea humano o animal.  Como una esperanza para los seres humanos, Jesús anunció que él es la resurrección, debido a que la perfección del alma no se obtiene mediante acumulación de reencarnaciones, sino por la cotidiana obra de santificación del Espíritu Santo, y al final de los tiempos, Jesús “la resurrección” hará que resuciten los cuerpos, mas no hará que las almas reencarnen en otro cuerpo nuevo o diferente.  La resurrección esperada por el cristianismo consiste en que el mismo cuerpo muerto será vuelto a la vida pero glorificado y será unido con la misma alma que nunca pasó a ser el alma de diversos seres vivos, porque si el alma se fuera a otro cuerpo, ya no sería resurrección sino reencarnación.

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   La quinta razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

V.- PORQUE ÉL ESTÁ DISPUESTO A HACER LA VIDA HUMANA TOTALMENTE  GLORIOSA.

   La resurrección ofrecida por Jesús no será un simple volver a existir cuerpo y alma juntos, sino que será una existencia gloriosa que nunca antes se haya conocido.  Será gloriosa porque a partir de ese momento ya no volverá a experimentar la muerte.  La muerte ya no tendrá más dominio sobre el cuerpo del creyente resucitado.  En la revelación que recibió el apóstol Juan acerca de la vida celestial después de la resurrección, escuchó una voz que afirmaba: Dios mismo estará con ellos como su Dios.  /  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3b,4).

   En la vida presente todos estamos sujetos a todas las miserias de la vida: Al cansancio, al hambre, a la sed, al dolor, a las enfermedades, a las crisis económicas, a la inseguridad aún en nuestras propias viviendas.  Creo que todos hemos pasado por estas indeseables experiencias de la vida terrenal, pero luego de la resurrección la vida será gloriosa.  La resurrección obrada por Jesús a favor de los creyentes será la confirmación de una vida no de cuando mucho cien años, sino para todos los siglos de los siglos, o sea, para toda la eternidad.  Esto sí que vale mucho la pena.  Pero lo más importante, a mi parecer es la declaración que Juan escuchó, y que decía: “Dios mismo estará con ellos como su Dios”.  El pecado de desobediencia, hizo que el pecador sea alejado de la presencia localizada de Dios, siendo expulsados del Edén, porque el hombre pecador no puede estar ante la presencia de la santidad de Dios, y porque el hombre pecador no merece disfrutar la presencia de Dios.  Pero tras la resurrección, el hombre pecador, salvado por la gracia de Dios, podrá estar de nuevo en una comunión personal, cercana, y directa con Dios como lo estuvieron Adán y Eva por un breve tiempo en el Edén, solamente que después de la resurrección será una comunión celestial mucho mejor y más gloriosa que la edénica.

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   La sexta razón por la que Jesús afirmó: “Yo soy la resurrección”, es:

VI.- PORQUE ÉL COMIENZA EL PROCESO DE RESURRECCIÓN RESTAURANDO LA CONDICIÓN DEL ALMA.

  La resurrección aplicada por Jesucristo no es algo que ocurrirá solamente al final de los tiempos cuando el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16).  La resurrección que Jesús realiza a favor de sus elegidos para salvación no es solamente para el cuerpo, sino que antes de esa resurrección física, Jesús realiza una resurrección espiritual en el alma de una persona.   Al respecto de este tipo de resurrección que ocurre en la condición del alma humana, el apóstol Pablo escribió a un grupo de nuevos creyentes de la ciudad de Éfeso, diciéndoles acerca de Jesús que: “… él os dio vida cuando estabais muertos en vuestro delitos y pecados” (Efesios 2:1).  La condición de una persona antes de aceptar el evangelio de Jesucristo, es estar muerto en sus “delitos y pecados”.  Pero un muerto, ¿qué puede hacer por sí mismo?  Nada.  Por eso, el pecador que no puede hacer nada porque es un muerto a la vista de Dios, tiene que recibir “VIDA” de la mano generosa y agraciada de Jesucristo para que pueda tener verdadera vida espiritual.  Es a este procedimiento que le estoy llamando: la resurrección del alma muerta en delitos y pecados.  Quien ha recibido esta resurrección del alma, podrá experimentar al final de los tiempos, la resurrección del cuerpo.  Es esta vida espiritual operada en el alma la que le fue ofrecida a Nicodemo a pesar de ser un gran líder religioso (Juan 3); a la mujer samaritana ofreciéndose Jesús como agua de vida (Juan 4:13,14); a los que alimentó con pan, ofreciéndose Jesús a ellos como el pan de vida (Juan 6:35); a los devotos en Jerusalén en la fiesta de los tabernáculos o enramadas, ofreciéndose Jesús como agua para beber que corre como ríos de agua viva (Juan 7:37,38); al hombre que nació ciego y a aquellos que eran ciegos espiritualmente, ofreciéndose Jesús como la luz de la vida (Juan 8:12); y a todo aquel que quiera estar como oveja en el rebaño de Dios, ofreciéndose él como dador de vida abundante (Juan 10:10).

   Esta resurrección que comienza con la regeneración y restauración del alma, será concluida con la resurrección del cuerpo.  Es a esto que se refiere el apóstol Pablo a los Filipenses cuando les dijo que: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”“El día de Jesucristo” se refiere a su segunda venida, y lo que sucederá ese día es que los muertos en Cristo serán hechos totalmente perfectos al ser gloriosamente resucitados por el poder de la palabra de Jesucristo.   Esto es solo para aquellos que aceptaron la vida que revive al alma del pecador.   Quienes no reciban la vida para su alma, también recibirán la resurrección de sus cuerpos, pero solamente para dirigirse para siempre a las llamas eternas del infierno ardiente.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no se preocupen si no tienen dinero para asegurar que tras su muerte les apliquen el servicio de congelamiento de la criogénesis.  Y si tiene suficiente dinero, tampoco es necesario que lo use para ese fin.  Mejor inviértalo para beneficio de la propagación del santo evangelio de Jesucristo.  Gracias a que usted ha creído en Jesucristo como su único y suficiente Salvador y Señor, pues por eso usted cuenta con la póliza gratuita del seguro de Dios para la esperanza de la resurrección para vida eterna y celestial, donde todo será glorioso porque Dios estará con usted por toda la eternidad.

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[1] http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/criogenesis-inmortalidad-resucitar_0_1520247961.html

[2] https://tigrepelvar6.wordpress.com/2008/06/20/criogenesis-y-la-resucitacion-cientifica/

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Jefferson

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Biblia_de_Jefferson

[5] Ver última página del siguiente pdf   https://darmenton.files.wordpress.com/2011/10/la-biblia-de-jefferson.pdf

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/Reencarnaci%C3%B3n

   

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