CONSIDERACIONES PARA PODER PASAR POR ALTO UNA OFENSA, Por: Diego Teh.

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CONSIDERACIONES PARA PODER PASAR POR ALTO UNA OFENSA

Proverbios 17:9; 19:11.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 16 de Agosto del 2015, a las 11:30 horas; como 5to. sermón de la serie “Bienaventurados los pacificadores”.

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   INTRODUCCIÓN: Las Sagradas Escrituras dan por hecho que cada creyente es un pacificador ante cualquier otro individuo u asociación de personas.  El fundamento de tal consigna es que si hemos sido beneficiados con el haber sido reconciliados por Jesucristo con Dios el Padre, por medio del perdón de nuestros pecados u ofensas, por ello somos también hemos hechos responsables de hacer la paz con cualquier persona con la que llegásemos a tener algún conflicto.  Es por eso que Jesús enseñó a los apóstoles que no solamente busquen el perdón de Dios, sino que también practiquen el perdonar las ofensas que les hicieran, y que cuando oraran le dijeran a Dios: “…perdónanos nuestras deudas (pecados, ofensas), como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (los que nos ofenden, o hacen mal) (Mateo 6:12).  Como creyentes somos los primeros responsables de no dar inicio a ningún conflicto, y de no engrandecer un problema que haya sido iniciado por otra persona o grupo de personas, pues Jesús enseñó Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.  /  Pero yo os digo: No resistáis al malvado;…” (Mateo 5:38,39a).  No tenemos que seguir la corriente del que inicia un conflicto.   Y como le respondió Jesús a Pilato en una ocasión: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían…” (Juan 16:38).  Esta es una característica de los que somos siervos de Jesucristo: no nos dedicamos a pelear, antes bien somos pacificadores ante quienes tienen y ante quienes nos causan conflictos.

   En el destacado libro “El Pacificador” de Ken Sande, luego de dar una clara explicación de las maneras no adecuadas de tratar un conflicto, el autor presenta también diversas maneras apropiadas de cómo manejar un conflicto, como: la reconciliación, la negociación, la pacificación asistida, la mediación, el arbitraje, la rendición de cuentas, y entre ellos el pasar por alto la ofensa.  En el desarrollo de este mensaje voy a resaltar el cómo manejar un conflicto pasando por alto la ofensa, y los textos bíblicos que elegí para esta exposición son básicamente dos Proverbios de Salomón, que dicen: El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9, según la RV60) palabras que en la versión DHH, dice:Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo”, y  “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11 RV60);  Pasar por alto la ofensa no quiere decir que vamos a pensar que no sucedió una ofensa en contra nuestra sino que significa que debemos tomar la decisión de no arrastrar ningún rencor, resentimiento, coraje, deseo de venganza, etc… durante ni un instante más de nuestra vida.  Significa que debe haber perdón, y la vida continúa como si la ofensa no hubiese existido, pues todo ha sido perdonado.

    En el desarrollo de este mensaje quiero compartirles que en todas las ocasiones que somos ofendidos, debemos considerar “pasar por alto” las ofensas.   Ya he dicho brevemente lo que esto no significa.  /  Pero ¿qué consideraciones se deben tomar en cuenta para pasar por alto una ofensa?   /  Mediante el desarrollo de este mensaje, explicaré solamente algunas consideraciones importantes para “pasar por alto” una ofensa.

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   La primera consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

I.- QUE PONE A PRUEBA LA CORDURA DE UNA PERSONA.

   Al respecto, el proverbio de Salomón nos recuerda que “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.  La cordura aquí no se refiere al estado psíquico de padecer algún trastorno o enfermedad mental, sino a la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez, y responsabilidad; capacidad que se necesita para reaccionar apropiadamente cuando uno recibe una ofensa.

   ¿Es posible lograr que uno como ofendido se mantenga en un estado de cordura?  Por supuesto que sí.  El apóstol Pablo cuando le escribió a Timoteo Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7), no estaba indicando que un creyente recibe estos dones de Dios como herramientas ministeriales para la proclamación del evangelio, sino que también son herramientas éticas para la conducta personal, como también para actuar como pacificadores en medio de los conflictos en los cuales un creyente se vea involucrado.

   Sin embargo, debido a que cada creyente tiene sus propias dificultades para reaccionar apropiadamente ante los conflictos, uno tiene que trabajar en su propia vida cultivando cada vez más una virtud que le haga falta.  El apóstol Pedro exhorta a los creyentes diciéndonos: “añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;  /  al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;  /  a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 Pedro 1:5b-7). El tener una conciencia de ir creciendo en espiritualidad y conducta añadiendo el “dominio propio” a nuestro menú de vida espiritual, nos ayudará siempre a actuar con cordura, y en consecuencia tendremos la capacidad de “pasar por alto las ofensas” que otros nos pueden causar.

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   La segunda consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

II.- QUE ES UNA DECISIÓN ALTAMENTE HONORABLE.

   Una reacción común de alguien que ha recibido una ofensa es, responder furiosamente con palabras ofensivas, vulgares, groseras, u obscenas, e incluso llegando hasta las agresiones físicas.  Eso no le causa ningún buen testimonio a nadie, sino al contrario pone de manifiesto que tal persona no es nada mejor en carácter que la persona ofensora.  En otras palabras el ofendido que reacciona inapropiadamente se convierte también en falto de honorabilidad, al igualarse en malas actitudes con respecto a quien le está ofendiendo.

  El pasar por alto una ofensa hace que uno sea verdaderamente honorable, primero porque uno no es la persona que inició un conflicto que ha desembocado en una ofensa, y segundo porque uno no cae en la red del ofensor quien desea ver a uno igualándose a él, y así tener más razones para señalar a uno.  Por eso, además de decir el proverbista que “La cordura del hombre detiene su furor”, enfatiza también: “y su honra es pasar por alto la ofensa”.

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   La tercera consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

III.- QUE ES MEJOR FINALIZAR QUE ENGRANDECER UN CONFLICTO.

   El proverbio de Salomón cuando enfatiza la mala actitud o reacción de una persona que ha sido ofendida, dice con respecto a una ofensa recibida que el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9, RV60), o según la versión DHH, quien insiste en ella, aleja al amigo”.  Lo que el proverbio nos indica es que cuando se adopta una mala reacción ante una ofensa recibida, el resultado siempre va a ser negativo, pues en vez de construir una buena relación, se acaba apartando o alejando “al amigo”, en este caso, la persona con quien antes había una hermosa relación.  Las palabras utilizadas por estas dos versiones, nos dicen dos cosas que no debe hacer una persona que ha sido ofendida: 1) no divulgar la falta u ofensa, y 2) no insistir más en la ofensa.   Cuando uno divulga e insiste en dar seguimiento a una ofensa con tal de vengarse, o forzar corregir a su ofensor, lo único que uno va a conseguir es engrandecer el conflicto, lo cual es incongruente con nuestro deber de actuar como pacificadores.

   En la enseñanza apostólica, San Pablo exhorta a los creyentes de Roma, diciéndoles: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18), pero si un creyente se empeña en divulgar los errores de los demás, o aunque su ofensor se haya disculpado pero sigue insistiendo en la ofensa cometida, tal persona no estaría cumpliendo la voluntad de Dios de estar en paz con su prójimo, ni de ser un pacificador, sino sería un alborotador, quizá hasta peor que quien dio inicio a la ofensa.

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   La cuarta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

IV.- QUE ES MEJOR CREAR QUE DESTRUIR UNA BUENA RELACIÓN.

   El proverbio de Salomón nos dice que: El que cubre la falta busca amistad;…” (Proverbios 17:9, RV60); o en palabras de la versión DHH: Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor;…”.   La gran mayoría de las ofensas no se dan con personas que eran nuestros enemigos, sino por lo general son las personas con quienes hemos tenido cierto grado de familiaridad o amistad.  La relación puede que no haya sido lo suficientemente fuerte, o que no ha estado bien fundamentada, por lo que en cualquier momento y en el primer descuido, se comienza a dar los primeros pasos para su rompimiento.   Sin embargo el proverbio nos recuerda que el deber de pasar por alto una ofensa es para buscar amistad (cf. RV60), y para crear lazos de amor (cf. DHH).

   En la mente de Dios, las relaciones humanas son importantes, de tal manera que fue idea de Él, instituir el matrimonio, la familia, la sociedad, el reino de Dios, la iglesia, instituciones que hacen necesario que quienes formamos parte de ellas, busquemos fortalecer los lazos de amor y amistad entre quienes la integramos.  Por eso debemos valorar la importancia de mantener buenas relaciones en todas las áreas de convivencia humana, siendo amigables a pesar de los conflictos.

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   La quinta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

V.- UNA OPORTUNIDAD DE COMPARTIR EL AMOR DE DIOS.

   Rick Warren en un devocional comenta: “Gente herida, hiere gente. Cuando alguien te hace daño, es porque alguien les hizo daño antes. Las personas groseras, nunca recibieron amabilidad. Las personas poco cariñosas nunca han sentido amor. Cuando alguien es rudo, amargado, desagradable, de espíritu malvado o arrogante, en realidad están gritando con todo su ser: “¡estoy sufriendo! ¡Necesito una gran cantidad de amor! ¡No me siento seguro!”. Porque las personas que son amadas y se sienten seguras no actúan de esa manera. Las personas que son profundamente amados y seguros, son personas generosas y agradables”.  Si solo quieres la revancha. Bien. Pero no eres mejor que aquellos que te hirieron. Cuando tomas venganza, no eres mejor que los que te han atacado. Para ser mejor que ellos, vences al mal con el bien. Respondes con amor.  En vez de tomar en cuenta sus palabras, notas su dolor”[1].

   Esto concuerda con las palabras de nuestro Señor Jesús quien durante su ministerio al recorrer las ciudades y aldeas, se daba cuenta de que las personas “…estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).  Tanta gente que no ha podido experimentar el amor ni de sus padres, ni de su familia, ni de su cónyuge, ni de sus hijos, y que no han querido buscar y aceptar el amor de Dios, no les queda de otra que actuar siempre en actitud de defensa y ataque sin importar si causan daño a terceras personas.  Cuando un creyente recibimos una ofensa de estas personas, debemos mirarle como Jesús, con una profunda compasión, bendiciéndole en vez de maldecirle, porque en su corazón hay una gran necesidad de amor, perdón, comprensión, y una genuina amistad.   Los creyentes estamos capacitados por Jesucristo y su Espíritu Santo para ayudarlo a sentir el amor de Dios y de sus hijos que tanto le hace falta.

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   La sexta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

VI.- QUE NUESTRAS OFENSAS A DIOS HAN SIDO PERDONADAS POR CRISTO.

   Muchos textos hay para exponer esta verdad, pero en esta ocasión escogí uno que escribió el apóstol Pablo a los Colosenses en el que les dice que el creyente ya no debe vivir como antes, como los hijos de desobediencia, sino que cada quien debe dejar “la ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” (Colosenses 3:8), y a cambio adoptar una conducta de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).  Entre estas cosas, el apóstol resalta que debemos perdonarnos unos a otros “de la manera que Cristo os perdonó”.   Así que antes de juzgar, devolver la ofensa, guardar rencor, o cualquier otra mala actitud que pudiésemos tener, es necesario recordar que Cristo nos ha perdonado lo más grave que es el haber ofendido a Dios, y que su perdón hacia nosotros fue de una manera total y definitiva.

   La comunidad de creyentes aunque redimidos por Cristo no somos personas con una absoluta santidad al grado de que no cometemos ningún agravio a otros; por eso está previsto en las Sagradas Escrituras que tenemos que soportarnos los unos a los otros, y que tenemos que perdonarnos los unos a los otros, lo que implica que cuando alguien nos ha causado una ofensa debemos recordar que también nosotros hemos sido ofensores, pero que hemos sido también perdonados, lo cual nos hace deudores delante de Dios, y adquirimos no la responsabilidad de pagar nuestro perdón, pero sí el deber de compartir la gracia abundante que ha sido depositada en nuestra vida.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, a lo largo de nuestra vida, aunque no lo queramos ni provoquemos que esto suceda, no hará falta una buena cantidad de ofensas en contra nuestra.  Incluso, es probable que alguien se vea ofendido todos los días y varias veces al día, ya sea por la misma persona o por personas distintas; pero la mejor actitud que un hijo de Dios debe asumir es la de ser un pacificador que tiene sus benditas satisfacciones.  Por eso Jesús en su memorable sermón del monte, explicó que son: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

   Pasar por alto una ofensa, es una manera de ser pacificadores. Seguro que a más de uno no le va a parecer sencillo ni agradable, sin embargo tomando en cuenta las consideraciones que les he compartido en este mensaje, puede servirnos de concientización y santo atrevimiento para decidir ser un pacificador en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

   Recordemos que pasar por alto una ofensa, o sea perdonar al ofensor y no recordarlo nunca más, 1) pone a prueba la cordura de una persona; 2) es una decisión altamente honorable; 3) es mejor finalizar que engrandecer un conflicto; 4) es una oportunidad de compartir el amor de Dios; y 5) es una acción de conciencia porque también hemos sido personas perdonadas por Jesucristo.

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[1] http://rickwarren.org/devotional/spanish/el-enojo-pasa-por-alto-el-enojo-la-sabidur%C3%ADa-pasa-por-alto-la-sabidur%C3%ADa

   

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