EL SER HUMANO ESTÁ TOTALMENTE INCLINADO HACIA EL MAL, Por: Diego Teh.

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EL SER HUMANO ESTÁ TOTALMENTE INCLINADO HACIA EL MAL.

Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Roca de la Eternidad” de la col. Díaz, de Mérida, Yucatán; el día domingo 20 de Septiembre del 2015, a las 18:00 horas.

   INTRODUCCIÓN: Robin Boisvert, autor del libro Esta Gran Salvacion, en su capítulo 4, relata que: Un domingo por la tarde, hace algunos años atrás, me encontraba limpiando el garaje. Mi hijo mayor, que entonces tenía cerca de cuatro años, estaba…como quién dice, ayudándome. Yo lo observaba mientras él contemplaba varios objetos peligrosos.  –¿Qué es esto, papá?  –Ese es el cincel de papá. No lo toques.  –¿Qué es esto, papá?  –Esa es la lata para la gasolina. Por favor no te acerques a ella. ¡No! No hijo, no levantes ese serrucho.  Las cosas siguieron así por un rato hasta que, por fin irritado, mi hijo dijo: “¡Papá! ¡Todo lo que me dices que no haga es lo que yo quiero hacer!”[1].  Recuerdo también que en una ocasión mi hijo me dijo algo similar: “Papá todo lo que quiero hacer no me dejas hacerlo?  Obviamente, no dejaba que hiciera cosas que eran malas.  Lo mismo sucede en relación con Dios no solo con los niños sino con personas de cualquier edad.  Mientras Dios no quiere que los seres humanos hagamos lo que es malo, es precisamente eso lo que hacemos.

  Históricamente el cristianismo a entendido esta realidad humana, pues en el Catecismo de Heidelberg se enseña en la pregunta y respuesta 8: “¿Somos entonces tan corruptos de que somos totalmente incapaces de hacer ningún bien e inclinados a toda maldad? Verdaderamente, lo somos; excepto que seamos regenerados por el Espíritu de Dios”.   Y en la Confesión Belga en su artículo 14, describiendo al ser humano dice: “… y habiéndose hecho impío, perverso y corrupto en todos sus caminos, ha perdido todos los excelentes dones que había recibido de Dios, no quedándole de ellos más que pequeños restos, los cuales son suficientes para privar al hombre de toda excusa;”.

   En este mensaje quiero explicarles que toda persona es incapaz de hacer lo bueno y siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo, a menos que Dios le ayude a elegir y a hacer lo que es bueno.  /  ¿Por qué las personas somos incapaces de hacer lo bueno y al contrario siempre nos es más fácil elegir hacer lo que es malo, a menos que Dios nos ayude a elegir y a hacer lo que es bueno?  /  En el desarrollo de este mensaje voy a compartirles algunas de las razones.

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   La primera razón por la que a toda persona siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo, es:

I.- PORQUE HA HEREDADO UNA NATURALEZA PECAMINOSA.

  Fuera de las enseñanzas cristianas, usted siempre va a escuchar que los seres humanos  somos naturalmente buenos y completos, gracias a nuestros esfuerzos propios.   Por ejemplo, entre los filósofos, el francés Jean Jacques Rousseau, en el siglo XVIII, (1712-1778) divulgó dos de sus frases más célebres que dicen: «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado», «El hombre es bueno por naturaleza».[2]   ¿Es esto lo que enseñan nuestras Sagradas Escrituras?.

  En el campo de la religión, solo a manera de ejemplo, podemos citar a los islámicos quienes enseñan que: “todos nacemos musulmanes (obedientes a Dios), pero luego el medio ambiente nos desvía”.  Dicen que Muhammad, el profeta de ellos, estaba reunido con un grupo de sus compañeros, a quienes les hablaba de Allah y de sus mandatos, como era su costumbre, entonces les enseñó que: “Todo ser humano nace con su Naturaleza original intacta, y son sus padres los que lo hacen judío, cristiano o politeísta”, a lo cual uno de los presentes añadió: “… o musulmán”, pero  Muhammad contestó: “No, pues el Islam es el estado natural del ser humano”[3].   Otras religiones también enseñan que nacemos buenos, y luego nos corrompemos.  Pero, ¿es esto lo que enseñan nuestras Sagradas Escrituras?

  David mientras reconoce ante Dios el haber cometido varios pecados escándalos, adulterio y homicidio, explica que la razón de su pecado es porque “He aquí, en maldad, he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5).  No estaba echando la culpa a sus padres, ni estaba culpando a su madre de inmoralidad, sino que estaba reconociendo con esta declaración que la raíz de su pecado no apareció de repente sino que proviene de haber heredado de sus padres tal naturaleza tal como se ha venido heredando desde Adán.  La gente suele hablar de bebés inocentes, pero David aclara que no existe tal inocencia sino que aún antes de nacer uno ya es pecador por naturaleza aunque uno no haya cometido personalmente ni siquiera el primero de sus pecados propios, pues al cometer el primero de ellos uno lo hace porque precisamente uno ya es pecador.  El mismo David hablando desde cuando una persona comienza a ser pecador delante de Dios, dice: “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron” (Salmo 58:3).  Esta afirmación de David clarifica que cuando uno aun todavía está en etapa de gestación uno ya es pecador por naturaleza.

    En el libro de la historia de Job, leemos también que el suhita Bildad, le recordó con certeza a su amigo Job: ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?  /  He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos;  /  ¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?” (Job 25:4-6).  Dentro de toda la serie de afirmaciones que hace Bildad, incluye que el ser humano mientras llegue a este mundo ordinariamente por nacimiento, siempre habrá en él una necesidad de limpieza precisamente por haber nacido de mujer, lo cual indica que uno nace ya con una naturaleza pecaminosa que ha sido siempre heredada por generación ordinaria desde Adán.

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   La segunda razón por la que a toda persona siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo, es:

II.- PORQUE NO PUEDE QUERER LO QUE ES BUENO.

   Sobre este asunto, voy a usar como ejemplo, la ocasión cuando el pueblo de Israel que por casi cuatro siglos había sido gobernado como nación no por un rey terrenal sino directamente por Dios a través de profetas y jueces, sin embargo un día el pueblo le dijo al profeta Samuel: Danos un rey que nos juzgue” (1 Samuel 8:6), y por más que este profeta trató de convencerlos de que no era lo mejor ni lo bueno para ellos, insistieron diciéndole a Samuel: No, sino que habrá rey sobre nosotros;  /  y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras” (1 Samuel 8:19,20).  Viendo Dios que Samuel estaba preocupado por la actitud de la gente de no querer que Dios los siga gobernando de manera teocrática y no por medio de un rey, le dijo a Samuel: no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7).  Esto es solamente es uno de tanto ejemplos que tenemos en las Escrituras donde vemos a personas que a pesar de que les están diciendo lo que es bueno y mejor, simplemente no lo quieren porque no pueden quererlo, lo que evidencia su estado de preferencia de lo que es malo.

  En una parábola de Jesús a la gente que pensaba que el reino de Dios comenzaría de inmediato, les dijo: “Un príncipe fue nombrado rey de su país, y tuvo que hacer un largo viaje para que el emperador lo coronara. Después de la coronación, volvería a su país. /  Por eso llamó a diez de sus empleados. A cada uno le dio cierta cantidad de dinero, y le dijo: ‘Haz negocios con este dinero, hasta que yo vuelva.’  /  Pero la gente de aquel país no quería a este príncipe, así que envió a un grupo de personas con este mensaje para el emperador: “No queremos que este hombre sea nuestro rey” (Lucas 19:12-14, TLA).  En esta parábola el príncipe es Jesús, el emperador es Dios el Padre, y la gente de aquel país es la humanidad de quienes Jesús estaba diciendo que no estaban de acuerdo de que él sea el rey de sus vidas.  Según el contexto de la parábola, el príncipe no tenía malos antecedentes para que no lo quisieran como rey, pues la gente simplemente no le quería como su rey porque no podían darse cuenta de que será un buen rey, sino que estaban dispuestos a dejar ser gobernados aunque sea por un mal rey, pero menos por uno bueno.

   La ocasión cuando Jesús confrontó a los fariseos por su abundante hipocresía y de las consecuencias que tendrían por ello, también expresó palabras de lamento sobre la ciudad de Jerusalén, diciéndoles: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:27).  Jesús les resume a los habitantes de Jerusalén un gran historial negativo que habían tenido desde que Dios los estableció como nación santa, como pueblo escogido de Dios.  No hubo iniciativa de Dios con la que ellos estuviesen de acuerdo, por eso Jesús dice a esta ciudad: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas,…!”, lo cual indica que no fue solamente una ocasión sino muchas ocasiones en las que Dios quiso hacer alguna obra favorable para ellos.  Jesús al diagnosticarles la razón por las que ellos no dejaban que Dios actúe a favor de ellos mismos, les dice: “…y no quisiste!”.  No quisieron porque esa es la reacción de todo pecador hacia las cosas buenas que Dios ofrece.  En otras palabras, no puede querer lo que es bueno, a menos que Dios produzca en su vida el querer, pues mientras esto no ocurra el ser humano siempre estará inclinado a elegir y decidir hacer lo que es malo.  Ahh, y no importa si uno está involucrado en algún grupo religioso, eso no lo capacita a uno para desear y preferir aceptar y hacer lo que es bueno, pues los fariseos a quienes Jesús les dice más de ocho veces en un solo discurso: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” (cf. Mateo 23), tampoco tenían la capacidad de querer hacer lo bueno que agrada a Dios, pues es precisamente por eso que Jesús les reprocha su hipocresía.

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   La tercera razón por la que a toda persona siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo, es:

III.- PORQUE TIENE EL ENTENDIMIENTO CEGADO.

   El apóstol Pablo, explicando a los Corintios que hay personas que no responden al santo evangelio de Jesucristo a pesar de que se les explique con toda paciencia y amor las cosas espirituales que todo pecador debe conocer, les dice que: “…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).  Un hombre o persona natural es una persona que no ha tenido ninguna experiencia espiritual con Dios, que no ha creído en la persona y obra de Jesucristo como su salvador, porque por no tener una vida espiritual procedente de Dios, simplemente “no las puede entender”.  En otras palabras una persona que no puede entender acerca de Dios y su plan de salvación, es porque tiene una incapacidad en el área del entendimiento acerca de las cosas espirituales.  Y tales personas no pueden aceptar cosas espirituales de Dios, porque andan en la vanidad de su mente,  /  teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Efesios 4:17b,18).

   Detrás de toda esta condición humana, Satanás está activamente ocupado por todos sus medios posibles en mantener a las personas para que no puedan percibir las cosas que son de Dios. Siempre estará procurando que las cosas de Dios uno “no las pueda entender”, se seguirá encargando de mantener a las personas “en la vanidad de su mente” con “el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”, pues el mismo San Pablo a los Corintios en su segunda epístola les explica que el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4).   Esta es otra razón por el que las personas sin Cristo son incapaces de hacer lo bueno y siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo.

   En una ocasión que Jesús dialogaba con un grupo de judíos que pensaban que eran hijos de Dios porque eran descendientes de Abraham, Jesús les dice que no son hijos de Dios porque si lo fueran serían obedientes a Dios como lo fue Abraham, por lo que al no ser hijos de Dios, pues solamente les quedaba ser hijos del diablo.  Jesús había notado también que aquellas personas necesitaban ser libertados por la verdad del Hijo de Dios (o sea, por la verdad de Dios que el enseñaba), porque ellos no eran más que esclavos del pecado (cf. Juan 8:31-36).  Viendo Jesús que cuando él les habla de una verdad, ellos manifiestan no entenderlo, como por ejemplo cuando él les dice que necesitaban ser libres, ellos le responden: “Linaje de Abraham somos, y  jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (Juan 8:33), por lo que Jesús tiene que decirles: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra” (Juan 8:43).  Así es como el ser humano no puede entender el lenguaje espiritual porque su entendimiento está cegado por la influencia del diablo en su naturaleza.  Es por eso que por más que se le ofrezca cualquier bien de Dios, no le va a interesar, pues va a preferir mejor seguir en lo que es malo.  Y no importa si uno es un religioso que haya estudiado teología, como en el caso de un principal maestro de ley entre los judíos que se llamaba Nicodemo, a quien Jesús le tuvo que decir: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?  /  De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.  /  Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:10-12).  El entendimiento cegado, hace que uno no entienda ni busque ni prefiera lo que es bueno aunque se lo expliquen o ilustren con palabras y conceptos terrenales que son de conocimiento común.  Es por esa ceguera de entendimiento hacia lo espiritual que toda persona es capaz de preferir hacer lo que es malo.

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   La cuarta razón por la que a toda persona siempre le es más fácil elegir hacer lo que es malo, es:

IV.- PORQUE DE POR SÍ NO HAY QUIEN PUEDA HACER EL BIEN ABSOLUTO.

  El apóstol Pablo a los romanos explicándoles acerca de los seres humanos en general, les cita el Salmo 14, que dice: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;  /  No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.  /  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.  /  Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan.  Veneno de áspides hay debajo de sus labios;  /  Su boca está llena de maldición y de amargura.  /  Sus pies se apresuran para derramar sangre;  /  Quebranto y desventura hay en sus caminos;  /  Y no conocieron camino de paz.  / No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).  Desde la perspectiva original del salmista David, esta es la descripción de una persona que precisamente por no aceptar ni siquiera la existencia de Dios, prefiere hacer lo que se le pegue la gana.  San Pablo toma estas palabras para explicar que precisamente por la falta de Dios en la vida de los seres humanos, como consecuencia no tendrán ninguna dificultad para inclinarse a hacer lo que es malo.

  Pero ni siquiera la persona que ha aceptado el evangelio puede de manera absoluta hacer el bien, pues el apóstol Pablo les dice a los romanos que: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.  /  Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.  /  De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.  /  Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.  /  Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.  /  Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.  /  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Romanos 7:15-21).  ¿No le ha pasado a usted?  Ahora que usted es cristiano(a), ¿no se ha propuesto hacer lo que agrada a Dios, y de pronto se da cuenta que ha hecho lo contrario?  Es precisamente por causa de la naturaleza pecaminosa que está presente en nuestra vida, pues aun cuando logremos con el poder de Dios hacer lo que es bueno, siempre estará minado por el mismo pecado, disminuyendo así la calidad de nuestro buen hacer.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, voy a terminar diciéndoles que a pesar de nuestra naturaleza pecaminosa, hay una buena noticia.  Delante de Dios, debe usted reconocer que es un pecador que ha vivido amando el pecado y que no ha podido amar verdadera y suficientemente a Dios.  Jesús refirió una parábola en la que ilustró que ni la pertenencia a una denominación religiosa, ni el practicar las disciplinas de la fe, sirven para solucionar el problema de amor al pecado.  Dijo Jesús que un hombre religioso, de la religión de los fariseos, que fue al templo a orar diciéndole a Dios: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;  /  ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (Lucas 18:11,12).  Lo que este hombre resaltaba de sí mismo es que por su religión se sentía muy bueno y más que todos; no se daba cuenta que era igual que todos los pecadores, y que solamente la gracia de Dios le hacía diferente para pecar no como otros; pensaba que por orar, ayunar, y diezmar ya era un hombre bueno y superior a los demás.  Pero con respecto al hombre que este fariseo menospreció en su oración cuando dijo que él no era “ni aun como este publicano”, dijo Jesús que este publicano estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).  Este publicano no se ostentó superior a nadie, sino que por lo menos de cuatro maneras reconoció su realidad delante de Dios, y por su propia palabra se reconoció “pecador”.  Finalmente Jesús dio su veredicto al respecto diciendo primero del publicano: “Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro” (Lucas 18:14a).  Esta parábola de Jesús nos indica que no es la religión, ni la práctica de las disciplinas de la fe como la oración, el ayuno, el diezmo, etc… lo que nos revierte nuestro problema de amor al pecado, sino el reconocimiento de nuestra propia naturaleza delante de Dios suplicando su gracia a nuestro favor.

   Otro caso que nos indica que una persona que habiendo vivido inclinado hacia el pecado puede ser restaurado para amar el bien y a Dios, es el caso relatado por Jesús en la parábola del hijo pródigo que luego de haber caído tan bajo viviendo perdidamente, al recapacitar, regresa a su padre que en este caso representa a Dios, diciéndole repetidamente y con arrepentimiento: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:9,21).

   Estimado oyente, reconozca delante de Jesucristo que usted es un pecador indigno, y será restaurado por Dios para salir del amor a lo malo y pecaminoso, y entonces usted podrá hacer lo que es agradable a los ojos de Dios.

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[1] http://es.gospeltranslations.org/wiki/Esta_Gran_Salvaci%C3%B3n/%C2%BFAlguien_Cree_en_el_Pecado%3F

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Jacques_Rousseau

[3] http://www.nurelislam.com/foro/viewtopic.php?t=1108

   

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