LAS BENDICIONES INCONDICIONALES DE LOS ELEGIDOS DE DIOS, Por: Diego Teh.

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LAS BENDICIONES INCONDICIONALES DE LOS ELEGIDOS DE DIOS.

Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de Mérida, Yucatán; el día domingo 27 de Septiembre del 2015, a las 18:00 horas, como segunda parte del cuarto sermón de la serie “Doctrinas de la Gracia”.

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   INTRODUCCIÓN: Hay una frase que está circulando por medio de imágenes en el internet que se supone es una oración a Dios, que dice: “Gracias Dios por bendecirme más de lo que merezco”[1].  Aparentemente es una expresión muy piadosa debido a que expresa gratitud por bendiciones recibidas de Dios, pero la frase tiene una expresión incongruente con la teología bíblica, al decirle a Dios que su bendición es “más de lo que me merezco”.  ¿Puede una persona merecer bendiciones de Dios?  La Biblia no enseña que una persona merezca bendición alguna de parte de Dios, porque merecer, según el diccionario Larousse es: Ser una persona digna de un premio o un castigo”, lo que presupone que tal persona ya debió haber hecho algo para ganarse el premio o castigo, pero en realidad por la pecaminosidad universal ninguna persona es digna de ser premiada por Dios, por lo que toda bendición que el ser humano recibe no puede ser producto de su merecimiento, sino que toda bendición de Dios es una expresión total de su libre gracia incondicional, pues si sus bendiciones fuesen condicionales, ¿quién alcanzaría ser bendecido?

   Para ilustrar esta realidad voy a compartirles un caso imaginario.  Cierto día dos personas a quien llamaré José y Manuel se encontraron en el centro de la ciudad, después de saludarse y conversar durante un rato, José le comparte a Manuel que necesitaba algo de dinero para realizar un pago urgente, por lo que Manuel sacó de su billetera un par de billetes y le dice a José que se lo regala.  Pero José un tanto apenado le dice a Manuel: “¡No puede ser, no me he ganado esto!”.  Manuel le responde: “Lo sé, es verdad que no lo has ganado. Solo quiero darte un poco de dinero porque comprendo que es importante y necesario que hagas el pago que mencionaste”.  Es así como Dios bendice, no porque el ser humano lo haya ganado, sino que le bendice solamente porque Él quiere bendecirle.

   En este mensaje voy a compartirles que Dios no requiere ninguna virtud de sus elegidos para bendecirles porque sus bendiciones son incondicionales.  /  ¿Qué virtudes no requiere Dios de sus elegidos para bendecirles, porque sus bendiciones son incondicionales?  /  A continuación, les compartiré algunas virtudes que Dios no requiere para bendecir a uno de sus elegidos.

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   La primera virtud que Dios no requiere de sus elegidos para bendecirles porque sus bendiciones son incondicionales, es:

I.- ALGUNA SIGNIFICANCIA PROPIA.

  Cuando Moisés informó a los israelitas que para recibir la tierra prometida Dios iba a eliminar al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo”, se los describe a los israelitas como: “siete naciones mayores y más poderosas que tú” (Deuteronomio 7:1).  Una sola de estas naciones eran mayores y poderosas en comparación con los israelitas.  Y Dios les estaba por entregar el territorio no de una sino de siete naciones a un pueblo que en número es más de siete veces menor.  Los israelitas deberían valorar este beneficio que Dios les estaba otorgando.   Por eso, Moisés les dice: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.  /  No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;  /  sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Deuteronomio 7:6b-8).  Los israelitas no eran “más que todos los pueblos” sino al contrario eran menos, pues en realidad eran “el más insignificante de todos los pueblos”.  En fin, Dios había decidido bendecirlos tal como eran de insignificantes, y no porque eran una gran potencia, pues lo único que Dios quería era hacerlos para Él mismo un pueblo especial.

   Moisés les explica a los israelitas que los motivos de Dios para darles la tierra de estas siete naciones, y porque desde el pasado los estaba formando como nación, es en primer lugar: “por cuanto Jehová os amó”, y en segundo lugar Moisés les dice que es porque: “quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres”.  Cuando Dios decide amar a una persona lo hace no tomando en cuenta si uno proviene de una familia o de una nación importante.  Y cuando Dios ha dado su palabra de que algo va a cumplir en el futuro, lo hará porque Él es fiel a su palabra.  El juramento al cual Moisés se refiere, fue dado a Abraham, poco más de 500 años antes de esta generación que iba a recibir la tierra prometida.  Si Dios hubiese querido, simplemente dejaba que los israelitas perecieran en manos de los egipcios, al fin y al cabo ninguno de ellos ni Moisés escucharon el compromiso de Dios; pero como Dios es fiel a su palabra, tenía que cumplirlo en ese momento de la historia no tomando en cuenta si ellos tenían alguna significancia propia en comparación con otras naciones.

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   La segunda virtud que Dios no requiere de sus elegidos para bendecirles porque sus bendiciones son incondicionales, es:

II.- ALGUNA JUSTICIA PROPIA.

  En el mismo discurso que Moisés dio a los israelitas en el que les dice que no se crean tan significantes porque en la realidad no lo son en comparación con las siete naciones mayores y más poderosas que ellos, les indica un detalle más, diciéndoles: “No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti.  /  No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.  /  Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú” (Deuteronomio 9:4-6).   El punto que Moisés les enfatizaba en esta ocasión es que ninguna acción buena que ellos hubiesen hecho sería el motivo por el cual Dios los bendeciría.  Dios simplemente estaba castigando la impiedad de aquellas siete naciones poderosas, y era su voluntad darle a su pueblo el territorio de ellos que quedaría libre para ocupar.  Era la gracia de Dios para ellos.

   Cuando Moisés les explica que “No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos”, queda descartado que Dios les esté compensando los 430 años que sus antepasados fueron esclavos en Egipto sin derecho de propiedad.  Queda también descartado que Dios no les estaba premiando porque ellos hayan sido mejores que los que pecaron haciendo un becerro de oro en el desierto y lo declararon su dios, ni porque no hayan sido de los que se quejaron contra la comida que extrañaban de los egipcios, ni por cualquier otra cosa en la cual ellos personalmente no pecaron.  De esta manera la bendición de Dios para estos elegidos de Dios resultó ser también incondicional, pues no se requirió de ellos ninguna justicia personal o nacional que les hiciera merecer la tierra prometida.

   En una oración que el profeta Isaías eleva a Dios, reconociendo la gravedad y la consecuencia de estar entregado al pecado, le dice: “en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos acaso ser salvos?  /  Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:5b,6).  Cuando Isaías dice a Dios que: “todas nuestras justicias (son) como trapo de inmundicia”, está diciendo que aún nuestras mejores acciones no son válidas para ser salvados del pecado, porque a la vista de Dios nuestras mejores justicias son inmundas o sucias a los ojos de Él, por lo que de ninguna manera sirven para obtener ni una sola bendición, y ni siquiera una fracción de bendición.

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   CONCLUSIÓN: Con este mensaje no he querido decir que no es importante la obediencia, pues Dios mismo requiere la obediencia y se agrada del ser humano obediente.  Lo que quiero enfatizar es que el ser humano por más obediente que sea no puede conseguir ni una sola bendición, pues ni acumulando el valor de todas nuestras obediencias conseguiríamos ni la más mínima de sus bendiciones, porque las bendiciones de Dios no se ganan, no son premios, sino que finalmente Dios las da como una manifestación de su gracia.  Como ya hemos visto, los israelitas fueron bendecidos no porque fueran significantes en número, en poder militar, etc… ni por que hubiesen acumulado alguna justicia propia.  Más bien fueron bendecidos porque Dios aunque no está obligado a bendecir a nadie, Él decidió en primer lugar ser fiel a su propia palabra de darles una tierra a los descendientes de Abraham, y lo cumplió con esa generación de israelitas.  Así es como la gracia de Dios les favoreció dándoles la tierra prometida de naciones mayores y poderosas que ni ellos ni sus antepasados merecieron por sus propias justicias.

   Cuando Dios desde la eternidad, antes de que creara a la humanidad, y a la misma creación, al elegir a los que habrían de ser salvos, les dice apóstol Pablo a los Efesios que a los creyentes Dios “…nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,  /  según nos escogió en él antes de la fundación del mundo,…” (Efesios 1:3b,4a).  Lo que Pablo está diciendo es que “nos bendijo” pero noten la descripción de que “nos bendijo […] en Cristo”, pues no dice que decidió de antemano bendecirnos porque haya visto que seríamos obedientes, sino que nos bendijo no requiriendo nuestra propia justicia, sino requiriendo la propia justicia de su Hijo Cristo.  De la misma manera que “nos escogió”, también “en él” (en Cristo) para la salvación eterna de nuestras almas, igualmente “nos bendijo […] en Cristo”.   Cristo es el mérito de nuestra elección y de nuestras bendiciones no solo espirituales sino también las materiales que recibimos todos los días.

  Respondamos con gratitud al amor y fidelidad de Dios que así como acompañó a su pueblo elegido de la antigüedad, así lo hace también con nosotros el día de hoy.

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[1] Ver una imagen de ejemplo en: http://wwwpensamientosdelavida.blogspot.mx/2014/06/gracias-dios-por-bendecirme-mucho-mas.html#.Vh-yLNIvfIU

   

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