LO QUE NO ES EL NACER DE NUEVO, Por: Diego Teh.

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LO QUE NO ES EL NACER DE NUEVO

Juan 3:1-15

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Cristo es el Camino” de la Col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el día domingo 18 de Octubre del 2015, a las 10:45 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Todos sabemos que existe la muerte.  La Biblia considera la muerte como la primera muerte, pero también habla de una “muerte segunda” (cf. Apocalipsis 20:14) que significa estar eternamente separado de Dios en el mismísimo infierno, y que será el destino de todos aquellos que rechazaron creer en la persona y obra de Jesucristo el Hijo de Dios. Pero así como existen la primera y la segunda muerte, también existen el primero y el segundo nacimiento.  A este segundo nacimiento, Jesús le llama nuevo nacimiento o nacer de nuevo (cf. Juan 3:3,5).

   Hay muchas gentes que no entendiendo la razón de vivir han sido capaces de suicidarse, o incluso han pronunciado palabras de maldición por haber nacido.  Estas personas, si en el pleno momento de su crisis espiritual fuesen invitadas a experimentar el nuevo nacimiento, quizá no les va a parecer buena idea, pues pensarán ¿para qué iniciar vivir de nuevo si de nuevo volveré a experimentar la vida dura y cruel en este mundo?   Sin embargo, el nuevo nacimiento al que Jesús se refiere no es para reiniciar una vida cruel ni física ni sociológicamente, sino para ver la vida de una manera distinta y mejor, que puede vivirse felizmente, y que garantiza una vida eterna en el paraíso eterno de Dios donde está lo que precisamente aquí en la tierra no podemos encontrar por más que lo anhelemos.

   En este mensaje, para no tener ideas equivocadas de lo que es el nacer de nuevo, voy a compartirles lo que no es el nuevo nacimiento.  /  Entonces, ¿qué no es el nuevo nacimiento?  /  Haciendo unas sencillas observaciones a la historia narrada por el apóstol Juan acerca del diálogo entre Jesús y Nicodemo, les presentaré en esta ocasión solamente lo que no es el nuevo nacimiento.

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   Lo primero que no es el nuevo nacimiento, es que:

I.- NO ES PERTENENCIA A UNA RELIGIÓN.

   Lo primero que quiero que observen con respecto a Nicodemo, es que el apóstol Juan nos dice que este hombre era “de los fariseos” (v. 1), es decir era miembro de una de las dos sectas judías de aquella época que era muy prominente.  Pero con toda y su membresía al fariseísmo, Jesús le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3), y “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).  Esto quiere decir que por el solo hecho de pertenecer a una membresía religiosa, no significa que uno haya cumplido el requisito para ver y entrar en el reino de Dios.   Pertenecer a una religión o aunque sea a una denominación cristiana, es solamente una cuestión administrativa que no opera ningún cambio espiritual en la vida de nadie.  En el caso del cristianismo, pertenecer a una iglesia local es necesario e importante en muchos aspectos para aquellos que ya han nacido de nuevo, pero la membresía no garantiza ni otorga a nadie el nuevo nacimiento.

   Dwight Lyman Moody, un evangelista de Massachusettes, EUA (5 de febrero de 1837 – 22 de diciembre de 1899), cuenta una experiencia que tuvo con una persona.  Dice él: “estaba en una sala […] y vino una persona a la que dije: “¿Es usted cristiana?” Me contestó: “Naturalmente, ¿por qué?”, “Bueno”, le dije, “¿cuánto tiempo hace que lo es?”, “Mire, yo nací cristiana”.  “Oh, si es así no puedo por menos que felicitarla; usted es la primera mujer a quien he conocido que naciera cristiana; usted es más afortunada que los demás; los demás nacen hijos de Adán”.  Ella vaciló un poco y luego trató de explicar que había nacido en Inglaterra, por lo cual era cristiana”[1]. Hay muchos que como han nacido en un país con una cultura cristiana o cristianizada, o porque son miembros de alguna denominación cristiana, piensan que por ese hecho han nacido de nuevo por medio del Espíritu.

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   Lo segundo que no es el nuevo nacimiento, es que:

II.- NO ES UN CONOCIMIENTO DEL INTELECTO.

   La segunda observación que haremos al texto bíblico en cuanto a la persona de Nicodemo, es que este hombre que a escondidas acude a Jesús, le dice: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él” (Juan 3:2).  Debemos notar que junto con otros de sus correligionarios, presume que “sabemos”, e inmediatamente hace una declaración que es totalmente verdadera al decirle a Jesús que: “has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él”, pero con todo su orgullo intelectual, producto de su estudio y reflexiones en torno a Jesús, no eran suficientes para que el conociera el reino de Dios, más importante que su religión de los fariseos.  Es por eso que Jesús le instruye diciéndole: “que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3), y que “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).  Nicodemo podía ver en Jesús una auténtica evidencia de que Jesús es el Hijo de Dios, pero hasta allí, todavía no creía en él ni estaba dispuesto a ser su discípulo.  Nicodemo había sido muy observador y analítico, primero reconociendo que Jesús es “venido de Dios como maestro”, segundo al decirle a Jesús que nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él”. Pero a pesar de todo lo que él sabía y reconocía de Jesús, le faltaba tener la experiencia del nacer de nuevo.

   El solo conocimiento que uno tenga acerca de las cosas divinas no hace que uno sea parte del reino eterno de Dios, pues los demonios pueden decir que saben lo mismo y más que nosotros acerca de Dios.  Por ejemplo, en un caso ocurrido al principio del ministerio de Jesús en Capernaúm, cuando un espíritu inmundo que estaba poseyendo  un hombre que se encontraba presente en la sinagoga donde estaba Jesús, este le dijo a Jesús: “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos?Sé quién eres, el Santo de Dios” (Marcos 1:24), pero tal conocimiento no da derecho ni a un demonio ni a un ser humano para entrar al reino de Dios, por eso Jesús le tiene que decir a Nicodemo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3)

   Así que por más erudito que pudiese ser una persona en cuestiones de religión, de espiritualidad, de teología bíblica o sistemática, de nada le va a servir para conocer el reino venidero y eterno de Dios, sino experimenta el nuevo nacimiento que se experimenta mediante el creer en Jesucristo.

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   Lo tercero que no es el nuevo nacimiento, es que:

III.- NO ES UNA CAPACIDAD NATURAL HUMANA.

   Una tercera observación que haremos al texto es que Nicodemo le hizo una pregunta a Jesús que demuestra el grado de su ignorancia acerca de las cosas espirituales a pesar de su gran intelecto como maestro de Israel, y principal entre los judíos.  La pregunta de su ignorancia fue: Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Juan 3:4).  Si una persona intelectual en asuntos doctorales de la ley de Dios como Nicodemo pudo tener sus dudas, imagínese a una persona ajena al conocimiento de las cosas y palabras espirituales, que entendería al simple escuchar que uno debe nacer de nuevo para entrar al reino de Dios.  Quizá la mayoría de nosotros que hemos leído y escuchado esta palabra muchas veces, ya sabemos o tenemos idea de lo que significa, pero hay personas que se van a imaginar en un nacimiento natural humano,  menos en un nacimiento como el que Jesús estaba requiriendo a Nicodemo y a toda persona.

   Cuando Jesús le hace la aclaración a Nicodemo, le dice: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).  En esta aclaración queda claro que el nacimiento no es obstétrico sino “de agua y del Espíritu”, pero tengan cuidado, la mención de agua no significa bautismo pues nadie nace de nuevo por el bautismo, sino que agua y Espíritu en este contexto es la expresión de una sola obra divina que Dios hace en el corazón del ser humano.  Como Jesús estaba hablando con un maestro de la ley, le citó palabras que Dios pidió al profeta Ezequiel que le dijera a los israelitas, que Nicodemo como “maestro de Israel” debería saber su significado.  Lo que Dios pidió que les comunicaran fue: Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes” (Ezequiel 36:25).  De ninguna manera estaba diciendo Dios que los bautizaría, sino que Él los purificaría no externamente sino en su corazón, para que pudieran tener la capacidad de seguir los preceptos y obedecer las leyes de Dios, pues sin ello no lo podrían hacer.  El apóstol Pablo en su epístola a los Efesios utiliza el símbolo del agua no como bautizo sino como el poder purificador de la palabra de Dios, pues les dice que: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-26), quedando claro que la mención de la palabra “agua” en Ezequiel, en los evangelios, y en la epístolas no significa regeneración bautismal, sino espiritual que ocurre solamente por obra de Dios mismo, por medio del poder de la palabra, o por la operación interna de su Espíritu Santo en el corazón humano.  Por más fariseo que fuese, por más maestro de la ley que fuese, eso no le haría a Nicodemo ni a nadie para nacer de nuevo y entrar y ver el reino de Dios, sino que tendría que dejar que Dios haga esa regeneración en su corazón.

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   CONCLUSIÓN: A todos los que escuchan este mensaje, les invito a no confiarse en la membresía de esta iglesia presbiteriana, (y de ninguna otra denominación o iglesia local por si algún presente pertenece o quisiera irse a otra denominación o iglesia), pues no es por la iglesia que uno es nacido de nuevo y salvo para la eternidad, sino solamente por el acto de la libre gracia de Dios en quienes aceptan la invitación de creer en Jesús como su Salvador y Señor y le piden que les salve.  La salvación es solamente para los que son nacidos de nuevo creyendo en Jesucristo.

   Que nadie se confíe en el conocimiento que tiene por el tanto estudio que hace de la misma Palabra de Dios.  Todo ese conocimiento es útil, pero de ninguna manera hace renacer a un pecador, ni le salva si uno no cree en Jesús como su Salvador.

   Que nadie se confíe en el bautismo de agua, pues tampoco es eso lo que regenera a una persona para poder tener fe en Jesús y creer en él como su único y suficiente salvador.  Solamente la regeneración realizada por el Espíritu Santo en el corazón del ser humano, es lo que produce el nuevo nacimiento que trae como resultado salvación y vida eterna cuando uno cree en la persona y obra de Jesucristo.

  Espero en Dios que cada uno de los que estamos hoy aquí hayamos pasado por la experiencia del nuevo nacimiento, sino de nada nos sirve ser miembros de la iglesia, de nada salvador nos sirve tanto conocimiento que adquirimos en nuestra Escuela de Formación Cristiana, o del mismo Seminario Teológico; por lo que si usted no está seguro de haber nacido de nuevo, dígale a Jesús: “Señor Jesús, creo en ti, sálvame de la condenación eterna, y dame la vida eterna.  Hazme renacer para la vida eterna”. Amén.

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[1] Citado en: http://www.sigueme.net/predicas-predicaciones-sermones/el-nuevo-nacimiento-moody-sermones-y-mensajes-cristianos.html

   

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