LA ESPERANZA QUE TENEMOS, Por: Diego Teh.

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LA ESPERANZA QUE TENEMOS

1 Pedro 1:3-12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yuc; el día domingo 29 de Noviembre del 2015, a las 18:00 horas; como sermón del primer domingo de adviento.

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   INTRODUCCIÓN: Los cristianos somos las personas más afortunadas y privilegiadas de este mundo, gracias a que Dios ha tenido con nuestras vidas un trato muy especial, bendiciéndonos especialmente en nuestra vida espiritual, pero también en lo material.  Si hiciéramos un listado de las bendiciones que Dios ya nos ha dado, nos quedaremos sorprendidos. Por ejemplo, en las epístolas de Pablo leemos que somos justificados y que luego tenemos paz para con Dios, y que tenemos entrada a la gracia (Romanos 5:1); que tenemos las primicias del Espíritu (Romanos 8:23); que tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16); y que somos hechos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17).  Solamente en el capítulo 1 de la epístola de Pablo a los Efesios se nos dice que somos escogidos de Dios, y adoptados por Él como sus hijos (Efesios 1:3,4); que tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (Efesios 1:7); que nos dio a conocer el misterio de su voluntad (Efesios 1:8); y que en Él así mismo tuvimos herencia celestial (Efesios 1:11).  Pero, entre todas las bendiciones que Dios ha preparado para nosotros, hay una bendición llamada esperanza, de la cual me ocuparé en explicarles en este mensaje.

   La enseñanza que les compartiré en este mensaje consiste en que tenemos una esperanza con características que se enfocan en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos.  /  ¿Cuáles son tales características?  /   Conforme vaya avanzando en la exposición de este mensaje, les compartiré algunas de las características de la esperanza que tenemos.

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   La primera característica de la esperanza que tenemos y que se enfoca en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos, es que:

I.- TIENE SU ORIGEN EN DIOS.

  Observe usted con atención que el apóstol Pedro, luego de la palabra “bendito”, dice que es “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,” (1 Pedro 1:3).  La esperanza viva es la realidad de la vida celestial y eterna con Dios, que en consecuencia quien la concede es el dueño del cielo y de la vida, y no es otro más que Dios.  Esto quiere decir que la esperanza que tenemos no es solamente una idea humana, sino una auténtica realidad surgida desde el mismísimo corazón de Dios, quien siempre ha querido que sus criaturas e hijos estén alrededor de su morada celestial.

   Amado hermano, las religiones del mundo no son las que dan esperanza de vida eterna.  Las asociaciones religiosas del cristianismo no son las que nos dan esperanza viva, aunque se llame iglesia presbiteriana u otra denominación. Las iglesias solamente son instrumentos de Dios para anunciar al pecador que en Dios puede encontrar la verdadera esperanza que vale la pena experimentar.

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   La segunda característica de la esperanza que tenemos y que se enfoca en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos, es que:

II.- PERTENECE A LOS RENACIDOS POR DIOS.

   En el mismo versículo tres de nuestro texto bíblico, luego de explicar que el origen de nuestra esperanza es Dios, dice también que Dios “nos hizo renacer para una esperanza viva” (1 Pedro 1:3).  El hecho de que haya necesidad de un renacimiento en el pecador para que pueda adquirir la esperanza plena de la vida eterna, significa que su actual condición de pecador no le facilita ni en lo más mínimo el acceder a la salvación y vida eterna. Necesita renacer, o sea, nacer de nuevo, en sentido espiritual, pues a la vista de Dios como dice Pablo, está muerto en sus delitos y pecados y necesita vida espiritual que solamente Él puede dar al pecador (Cf. Efesios 2:1).  Y el hecho de que el renacimiento tenga que ser realizado por Dios, porque dice el apóstol Pedro que es Dios quien nos hizo renacer”, significa que no hay capacidad alguna en ningún ser humano para conseguir por sí y en sí mismo esta obra y resultado espiritual, y obligadamente tiene que ser hecha por Dios.  Nadie puede tener esperanza en Dios si primero no ha tenido la experiencia de ser renacido por el poder de Dios. Ningún pecador puede salvarse a sí mismo, ni obtener por sus propios esfuerzos la salvación ganada por Jesucristo exclusivamente para los que han sido renacidos por el poder y la gracia de Dios.

   Estimado oyente, que has venido a la reunión de esta iglesia.  La esperanza de la plena vida eterna no la vas a tener porque vienes a esta o vas con frecuencia a otra iglesia.  No nosotros ni otra iglesia te va a hacer renacer, pues el renacimiento espiritual es una obra que el Espíritu de Dios realiza en el corazón humano (Cf. Romanos 15:13).  Dile a Dios ahora mismo que te haga renacer, o sea, que te capacite para desear y amar todo aquello que procede de Dios.

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   La tercera característica de la esperanza que tenemos y que se enfoca en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos, es que:

III.- HACE EVIDENTE LA MISERICORDIA DE DIOS.

   Ahora observe usted que la razón para hacernos renacer para luego alcanzar la esperanza viva, es “según su grande misericordia” (1 Pedro 1:3).  Misericordia es la virtud que movió el corazón de Dios para darnos esperanza.  Esto quiere decir que sin misericordia de Dios no hay esperanza para nadie.  Dios no tenía ni tiene porque ser misericordioso con nadie.  El pecador de por sí necesita recibir lo que merece por su naturaleza y por sus propios actos pecaminosos.  Lo que deberíamos recibir todos los seres humanos es el justo juicio y la justa ira de Dios para satisfacer su derecho divino. Sin embargo, Dios no ha querido tratarnos de esa manera, que si lo hiciere con alguien, Él no pecaría por eso, sino que está en todo su derecho de ejecutar su justicia en quien quiera o en todos.  Pero Dios, ha querido tratarnos con misericordia, no dándonos lo que justa merecemos, sino dándonos la salvación y vida eterna que en realidad no merecemos ni mereceremos por más cosas buenas que hagamos. Si no fuera por la misericordia de Dios, en este momento todos estaríamos conduciéndonos hacia una segura condenación eterna.  Pero Dios, que ha sido misericordioso con nosotros nos ha entregado desde ahora los beneficios de su misericordia, pero nos lo dará de una manera plena el día que Cristo Jesús nos lleve al lugar de su morada eterna.  Esa es nuestra esperanza actual, que recibiremos en plenitud lo que ahora tenemos sublimemente como manifestación de la misericordia de Dios.

   Estimado oyente, acepte usted la misericordia de Dios para su vida.  El vivir sin su misericordia, solamente hace seguro que el destino final del pecador sea la condenación eterna, y eso no es deseable para ninguno de ustedes.  Dígale a Dios en este momento que usted desea aceptar y recibir su misericordia Salvadora.

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   La cuarta característica de la esperanza que tenemos y que se enfoca en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos, es que:

IV.- EXPRESA LA GRANDEZA DE DIOS.

   Ahora observemos que el calificativo que el apóstol Pedro da a la misericordia de Dios.  Él la califica como “grande misericordia” (1 Pedro 1:3).  Esta grandeza de la misericordia, en primer lugar habla de la grandeza de Dios.  Si Dios fuese pequeño, pues como resultado también haría cosas igualmente pequeñas, pero como Él es grande en todos los atributos de su Ser, entonces como resultado Él hace cosas grandes, sin descuidar también hacer las cosas pequeñas cuando son necesarias.   Al profeta Jeremías le dijo en una ocasión: “…te enseñaré cosas grandes” (Jeremías 33:3).  Nuestro Dios es el Dios que fue conocido en la historia del pueblo de Israel como el Dios grande que merece alabanza (Cf. Salmo48:1), y que también es grande hasta los cielos su misericordia (Cf. Salmo 57:10)  Su misericordia es tan grande, que en vez de ajusticiarnos como bien lo tenemos merecido, ha querido darnos “una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos” (1 Pedro 1:4).   Finalmente si su misericordia es “grande misericordia”, quiere decir también que el problema del ser humano es igualmente grande porque se trata de pecado.  Si el pecado no fuera de tanta gravedad, sino que fuera una cosa poco grave, no sería necesaria una “grande misericordia”, pero debido a que es infinitamente gravísimo delante de Dios, poca misericordia no nos serviría de mucho, pues no sería suficiente. La gravedad de ser pecador ha hecho que Dios exprese para nosotros los pecadores una “grande misericordia”.  ¿No es verdaderamente Grande el Dios de nuestra salvación y de nuestra esperanza?

   Estimado oyente, un solo pecado es suficiente para la condenación eterna de cualquier ser humano.  Si usted no quiere recibir lo justo que merece la gravedad del pecado, reconozca que usted es un pecador, y refúgiese en la misericordia de Dios no limitada sino suficientemente grande para que desde ahora usted comience a disfrutar los beneficios de la salvación que Jesucristo ha obtenido para regalarle a usted, y manténgase en la esperanza de que cuando Cristo venga por segunda vez, usted recibirá la plenitud de todos y cada uno de los beneficios que están preparados para todo aquel que acepte su misericordia creyendo en la persona y obra de Jesucristo como Salvador de sus elegidos.  Dígale ahora mismo a Jesucristo que usted quiere que él sea su Salvador.

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   La quinta característica de la esperanza que tenemos y que se enfoca en dar solución a nuestros problemas espirituales presentes y eternos, es que:

V.- ES VIVA POR LA VIDA DE SU AUTOR.

   Finalmente leemos que el apóstol Pedro dice que tenemos “una esperanza (¿con qué característica?) viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3). El apóstol Pedro dice con toda precisión que nuestra esperanza es “viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”.  Nuestro Salvador no está muerto sino vivo, y es él quien le da vida al proyecto Salvador de Dios, y es por eso que la esperanza del creyente es descrita como una esperanza viva.

   Es tan realmente viva que cambia las vidas de las personas aún ahora antes de la eternidad que nos espera.   Una mujer escocesa que miraba detenidamente al famoso predicador del siglo XVIII, Rowland Hill (1744–1833).  Después de un rato, Hill le dijo: – Bien, buena mujer, hace rato que usted me mira ¿Por qué?  Ella le responde: – Estaba mirando los rasgos de su cara.  El predicador le pregunta de nuevo: – Y bien, ¿qué opina acerca de ellos?  Ella le hace la siguiente observación: – Estaba pensando en qué gran bribón hubiese sido usted si el Señor no le hubiese salvado[1].  Es verdad que cuando Dios salva de la condenación eterna a un pecador, también le cambia para bien, tanto la conducta como el carácter personal. Si no fuera por la salvación que Dios nos da por medio de Jesucristo, no hubiese en nosotros ninguna transformación en el presente.  Aun nuestro propio carácter no tendría ninguna mejora.  Pero en cuanto a nosotros los creyentes en Jesucristo, cada instante, gracias a la vida de nuestra esperanza y del autor de nuestra esperanza, somos transformados como testimonio de que nuestra esperanza es una realidad viva que se llama Jesucristo.  Y como él vive para siempre, la seguridad de que recibiremos a plenitud los beneficios de la salvación que ahora hemos comenzado a disfrutar.

   Amado oyente, si usted está luchando contra los problemas cotidianos de la vida y contra el pecado que le persigue en todo momento, y no encuentra la solución para ellos, es porque a usted  le hace falta acudir al Dios vivo, a Jesucristo para decirle que acepta que él sea su Salvador.  Dígale ahora mismo que usted le necesita como su Salvador, y dígale que usted le entrega su vida para que él la transforme con el bien que usted necesita.  Usted será salvo ahora mismo, y pasará a tener esperanza de que todo será mejor allá en el cielo cuando Jesucristo vuelva para llevarse a los creyentes para entregarles la plenitud de toda su gracia disponible para los que aceptaron que él sea su único y suficiente Salvador.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos: (1).- Ninguno de ustedes olvide que solo Dios debe ser nuestra única y segura esperanza para la salvación y vida eterna.  No ponga su esperanza en ninguna religión o denominación cristiana porque ninguna da ni salvación ni vida eterna.  (2).- Recuerde usted que la salvación no se puede obtener si uno no deja que Dios le renazca su vida espiritual.  (3).- Valore usted que no importa cuán demasiado grande y grave han sido sus pecados, la misericordia de Dios es más grande para usted.  (4).- Tenga en cuenta que no hay otro Dios que se interese y que pueda actuar con grandeza de bendiciones para los seres humanos pecadores.  (5).- Y finalmente, deje que Jesucristo, el Dios vivo y verdadero, sea su Salvador, fundamento y fuente de su salvación y esperanza de vida eterna que se manifestará en el día postrero cuando él regrese.

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[1] http://www.sigueme.net/anecdotas-ilustraciones/conversion/24-esperanza-para-los-grandes-pecadores/

   

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