Feb 19

SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA, Por: Diego Teh.

SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA

Eclesiastés 8:1.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “Getsemaní” del fracc. Paseos de Itzincab, de Umán, Yucatán; el día domingo 19 de Febrero del 2017, a las 19:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Durante los siglos VII y VI antes de Cristo, en Grecia surgieron personajes que destacaron por su sabiduría, a tal grado que ahora se les conoce como Los siete sabios de Grecia, o Los siete sensatos.  Solo para recordar sus nombres, se trata de Tales de Mileto, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Quilón de Esparta, y Solón de Atenas, que hicieron reflexiones importantes sobre la vida humana, el planeta, los fenómenos físicos, los astros, las estaciones, y otros temas relacionados con la aritmética y la geometría.  Quizá en la escuela alguna vez escuchamos sus nombres y un poco acerca de su contribución al saber de la humanidad.  En la segunda década del pasado siglo XX, aquí en nuestro país, aunque quizá solamente uno que otro mexicano sabe algo sobre ellos, también hubo un grupo de personajes mexicanos, que fundaron una sociedad con el fin de propagar la cultura en estudiantes universitarios de la época.  La sociedad se llamó Sociedad de Conferencias y Conciertos, pero debido a que sus fundadores fueron siete, sus compañeros a manera de burla les comenzaron a llamar Los siete sabios de México, también conocidos como Generación de 1915; sin embargo, no sé si le hicieron honor al nombre, pero fueron más conocidos como Los siete sabios de México, que como Sociedad de Conferencias y Conciertos[1].  Pero la Biblia enseña que el ser sabio no es una cuestión de ser griego o ser mexicano, o de otra nacionalidad en particular, sino que es una cualidad que todo ser humano puede y por necesidad debe cultivar, mucho más si es una persona temerosa de Dios.

Nuestro texto para el mensaje de hoy, son palabras de Salomón un hombre que por don de Dios fue un gran sabio de Israel ante propios y extraños de naciones cercanas y lejanas.  Estas sus palabras son palabras de admiración acerca de una persona que es sabia, de quien dice: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  Basado en estas palabras me propongo predicarles que una persona que es sabia se nota de diversas maneras. / ¿De qué diversas maneras se nota que una persona es sabia? / Según estas palabras de admiración de Salomón, les compartiré tres maneras de cómo se nota que una persona es sabia.

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La primera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

I.- POR LO QUE DICE ANTE LOS DEMÁS.

Las primeras dos preguntas de nuestro texto son interesantes al preguntar: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas?” (Eclesiastés 8:1). Se hacen más interesantes cuando quien las dice era en su tiempo, el más sabio de todos los sabios, Salomón.  Aunque hay un refrán que dice: ¡Para sabio, Salomón!, el mismo Salomón prefirió admirar más a otros sabios que admirarse y auto proclamarse a sí mismo, tal como lo hace en las palabras de nuestro texto.  En su admiración por los sabios dice que el sabio, “sabe la declaración de las cosas”, o sea, las respuestas que debe dar.  Un sabio, no se trata de una persona que habla solo por querer hablar diciendo cada cosa que solamente se tiene que soportar escucharle porque sus palabras no contribuyen para bien de nadie, pues solamente tiene ganas de hablar y ser oído con palabrerías que solamente reflejan el triste fundamento en el cual está mal edificando su vida y su saber.  Pero el sabio siempre tiene una respuesta para cualquier situación por más difícil y complicada que sea o parezca.  Quizá no sea una persona de mucho hablar pero cuando habla no atemoriza, no amenaza, no presiona, sino que aporta soluciones y buenos consejos.

En el caso de Salomón, aunque tuvo mucha experiencia de sabiduría, Jesús hablando de sí mismo,  dice y con toda razón: y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42b), dando entender que para sabio, no Salomón, sino él (Jesús).  Y para evidencia, son suficientes sus propias palabras con las que respondió en muchas ocasiones a los escribas y fariseos, y hasta a los saduceos, todos religiosos de su época; y también por las palabras con las que enseñó a la gente que “se admiraba de su doctrina” (cf. Mateo 7:28; 22:33; Marcos 1.22; 11:18; Lucas 4:32).  Por eso el fundamento de nuestra sabiduría no debe ser un ser humano, ni siquiera Salomón muy sabio en política y gobierno, ni siquiera Los siete sabios de Grecia muy versados en muchas disciplinas físicas, filosóficas, astronómicas, y de ciencias exactas, etc…; ni de Los siete sabios de México, supuestos expertos en cultura.  El fundamento de nuestra sabiduría debe ser Jesucristo, quien es “más que Salomón”.

Amados hermanos, un hombre sabio que habla para dar soluciones y buenos consejos, es una persona que evita hablar con groserías, ofensas, insultos, maldiciones, pues sigue la instrucción apostólica que dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:30).  Para ser sabio, hay que aprender qué palabras debemos evitar de nuestro vocabulario, y qué palabras buenas debemos usar que resulten en edificación de quienes nos escuchan.  Cuando hablamos la gente rápidamente se da cuenta si estamos hablando sabiamente o no.  Nunca diga usted cualquier cosa solamente por hablar.  Si escribe en las redes sociales, tenga mucho cuidado con cada palabra que escribe y publica, porque si sus palabras no demuestran sabiduría es porque muy probablemente el fundamento de su saber no es Jesucristo.

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La segunda manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

II.- POR LA EXPRESIÓN DE SU ROSTRO.

Después de las dos preguntas que afirman la alta estima del saber responder del sabio, Salomón hace otra afirmación no menos interesante que dice: “La sabiduría del hombre ilumina su rostro” (Eclesiastés 8:1), que la TLA traduce como: “El que es sabio siempre se ve sonriente” (TLA).  Desde luego, que por el hecho de ser sabio no significa que está libre de las aflicciones de la vida, y que en su rostro nunca se reflejarán los efectos de las adversidades; pero lo que es verdad es que en su trato con la gente, no pondrá ‘cara de limón’; pues, cuando su salud física y espiritual se conjuntan con su sano y divino saber, se podrá siempre ver en un sabio una sonrisa de oreja a oreja que no es de sarcasmo, ni de ironía, ni de burla, sino de una auténtica expresión de su alma, que quien mira la sonrisa en su rostro percibe que esta persona tiene sabiduría.  Pero en el rostro del sabio se pueden observar muchas cosas más, por ejemplo, se le puede ver pensando o reflexionando, y otras evidencias propias de una persona sabia que puede verse hasta solo en las facciones de su rostro.

El rostro, es el elemento sustancial que determina la identidad de una persona para diferenciarla de otra, pero además también a través de ello, uno refleja el estado de sus emociones. También el rostro es la parte líder del cuerpo que tiene control de nuestros sentidos, pues cuatro de nuestros cinco sentidos están concentrados prácticamente en el rostro: El oído (oreja), el olfato (nariz), la vista (ojos) y el gusto (boca), y en cuanto al tacto, también dispone de una representación en el rostro, más precisamente en una zona del labio que presenta una destacada sensibilidad.  Es por eso que es común que las redes sociales utilicen caritas para que el usuario comparta el estado de ánimo en el que considera que se encuentra, pues en las caritas o rostros aun en forma de íconos puede uno distinguir un estado emocional; y mucho más en el rostro real de una persona. Sin embargo, tanto en las redes sociales como en persona el estado que refleja la apariencia del rostro no siempre es una realidad absoluta, porque el ser humano es capaz de fingir lo que en realidad no siente, como un payaso que en función de su personaje tiene que reír ante su público como si en la realidad fuese una máquina que produce solo alegría, pues con todo y risas y sonrisas, en su realidad podría estar sufriendo lo que en ese momento no refleja su rostro, aunque momentos después de su show, su rostro regresa a la realidad.

Amados hermanos, ser sabio no se trata de tener el rostro físicamente más agradable o perfecto, pues la sabiduría no es cirugía plástica que corrige defectos físicos, sino que ser sabio es reflejar en parte con nuestro rostro la experiencia que tenemos de estar aprendiendo de Dios.  No importa si físicamente no tenemos el mejor rostro más cotizado del mundo, pues aun el rostro con menos belleza física puede irradiar la belleza de estar interiormente lleno de sabiduría que viene de Dios.  Aunque usted no lo crea o no siempre se dé cuenta de ello, pero una persona que ha procurado estar en comunión con Dios se puede percibir en su rostro.  Moisés el profeta de Dios, en una experiencia que tuvo al estar en el Sinaí en conversación con Dios, al descender de aquel monte, su rostro resplandecía.  Una persona que atesora sabiduría que aprende de Dios, es visible en su rostro, es perceptible en sus palabras y su voz, es evidente en sus acciones.  Hermanos, procuremos que nuestro rostro no refleje necedad, mal genio, apatía, indiferencia, enojo, ira, envidia, venganza, etc…, sino que refleje la sabiduría que usted ha adquirido de Dios

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La tercera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

III.- POR SU PROCEDER CADA VEZ MÁS AMABLE.

La última frase de las palabras de Salomón acerca de la expresión y realidad que manifiesta el rostro de una persona sabia, dice: “y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  ¿Alguno de ustedes tiene tosco el semblante?  Si intenta tocar su rostro, podría descubrir que usted es una persona sabia, o si quizá no esté tan tosco su rostro, entonces que solamente le falta un poco para ser sabio.  No se crea, la tosquedad a la que se refiere no se trata de consistencia física natural, sino al hábito pecaminoso de estar siempre molesto por cualquier cosa, y de molesto no pasa.  Estoy seguro que todos hemos luchado con esta tosquedad, pero creo que a estas alturas de nuestra vida y relación con Dios, ya no tenemos el rostro tosco. ¿No es así?  Otras traducciones de las mismas palabras de Salomón nos aclaran que lo que la sabiduría causa en el rostro de una persona, es que “hace que […] se ablanden sus facciones” (NVI); o en otras palabras “hace que cambie su duro semblante” (DHH). ¿Ha notado usted ese cambio en su rostro, facciones, o semblante?  Eso ayuda mucho, porque según la TLA “El que es sabio siempre se ve […] amable” (TLA).  Finalmente, la sabiduría obtenida de la experiencia de aprender a vivir en conformidad con la voluntad de Dios, trae transformación hasta en el carácter más desagradable que pueda tener una persona.

Hay un relato en el libro de los Hechos de los Apóstoles en el que San Lucas explica que los apóstoles Pedro y Juan, eran conocidos como “hombres sin letras y del vulgo”, pero había algo extraordinario que se notaba en ellos al hablar de Jesucristo quien hace a penas de un mes y medio a dos meses atrás había muerto, resucitado, y ascendido al cielo.  Los que conocían a estos apóstoles, “se maravillaban”, pero un dato muy relevante que San Lucas nos comparte es que la gente que les escuchaba “reconocían que ellos (Pedro y Juan) habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).  El haber antes estado con Jesús, aprendido de él por su palabra y ejemplo, había sido para ellos muy transformador sobre todas las áreas de sus vidas.  El detalle relevante aquí es que su relación con Jesús evidenciaba estoy seguro que no solo en sus palabras sino también en sus rostros, de tal manera que la gente se daba cuenta de todo ello.

Amados hermanos, la estancia de una persona con Dios o su Hijo Jesucristo, siempre trae transformación que no puede quedar oculta, sino que se hace visible en todas las acciones que uno realice.  Y en cuanto al trato que uno da a sus semejantes, que podrían ser personas antes desconocidas, miembros de su propia familia, o hasta cristianos que forman parte de su círculo de hermandad, se nota el cambio en el mismo rostro, pues lo tosco, áspero, o atemorizante se va, y es renovado por un semblante ejemplar de una persona que ahora puede ser considerada sabia.  Todo esto, es por la relación transformadora que uno tiene con Jesucristo.

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La cuarta manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

IV.- POR VIVIR SEGÚN DIOS LO ESPERA.

Aunque nuestro texto bíblico no lo dice expresamente pero lo sugiere, no solamente en el rostro se nota si alguien es sabio, sino también en otras áreas prácticas de la vida.  Aquí les comparto brevemente unos ejemplos.

1).- Un sabio no se deja dominar por la pereza, sino que es una persona trabajadora, pues de no ser trabajadora, solo acarreará su propia pobreza, pues otro proverbio dice: Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; / la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, / Prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. / Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?” (Proverbios 6:6-9); y luego no tiene para comprar su casa o sus muebles, pues dice otro proverbio: Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; / y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable. / El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto” (Proverbios 24:3-5).

2).-  Un sabio se aparta del mal, pues un proverbio dice: El sabio teme y se aparta del mal” (Proverbios 14:6).

3).- Un sabio administra bien su dinero, no disipándolo como es hábito del insensato, pues un proverbio dice: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa” (Proverbios 21:20).

4).- Un sabio es un hombre que trata con honor a su esposa, pues el apóstol Pedro, escribió una instrucción que dice: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, especialmente a ustedes varones de Dios a quienes dirigí este mensaje, es muy necesario que como hombres cristianos, desarrollemos un carácter sabio que tanta falta hace en esta generación que nos ha tocado vivir.  Somos hijos, somos esposos, somos padres, somos ciudadanos, somos empleados, somos patrones, somos hijos de Dios.  En todas estas áreas de nuestra vida debe reflejarse que estamos adquiriendo sabiduría de Dios.  Debemos orar a Dios como lo hiciera Moisés cuando dijo: Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).  No solo debemos vivir por vivir, sino que debemos tener la meta de ser sabios, no como los antiguos sabios de Grecia que vivieron sin temor de Dios, sino como los mejores sabios del mundo.  Aunque usted y yo nunca lleguemos a ser filósofos, ni físicos, ni matemáticos, ni especialistas en otras ciencias, nuestra sabiduría no es humana sino divina que nos es dada por Dios por medio de su hijo Jesucristo quien es nuestra sabiduría (cf. 1 Corintios 1:17, 30; 2:1-7; y 2 Corintios 1:12).

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[1] Leer sobre Los siete sabios de México, en https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Siete_Sabios_de_M%C3%A9xico

Feb 18

UNA PAUSA DE UN DÍA PARA DIOS, Por: Diego Teh.

UNA PAUSA DE UN DÍA PARA DIOS

Éxodo 20:8-11.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la construcción de la residencia de la Sra. Ilda Pérez Martínez; el día sábado 18 de Febrero del 2017, a las 10:00 horas; en un culto de acción de gracias promovido por el contratista a cargo de la construcción, A.I. Ismael Toledano Aké, de la iglesia “Peniel”, de la col. San Antonio Xluch, de Mérida, Yuc.

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INTRODUCCIÓN: Lo que hoy estamos haciendo es un principio establecido en las Sagradas Escrituras de nuestra fe cristiana. Tiene que ver con la obediencia a los Diez Mandamientos, especialmente en el que dice: Acuérdate del día de reposo para santificarlo. / Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; / mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. / Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).  Aunque toda la ley dada por Dios además de que fue dada para obedecer, principalmente lleva hasta el día de hoy el objetivo de descubrir que de no cumplirlo somos para Dios, pecadores; sin embargo, sus mandamientos no dejan de requerir obediencia.  ¿Alguno de los que estamos aquí no ha fallado cumplir alguna vez este mandamiento?  Estoy seguro que no hay quien lo haya cumplido a la perfección, por lo tanto, usted es un pecador.  Además suponiendo que sí alguien haya cumplido este u otro de los mandamientos, o hasta casi todos los mandamientos, pero dice el apóstol Santiago que: “…cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).  Lo más seguro es que finalmente, yo soy el primero de los pecadores, y usted juntamente conmigo.  Sin embargo, recordando que Jesús resumió en un solo mandamiento los primeros cuatro mandamientos, diciendo que se resume en “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37,38), este mandamiento implica parte de nuestra responsabilidad de amar a Dios.  Después de resumir también los últimos seis mandamientos, del quinto al décimo, diciendo que se resume en “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39), explica para finalizar, que: “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40).  Así que el mandamiento que les estoy presentando es el que tiene que ver con amar a Dios.

Pero, para efectos de este mensaje, les voy a predicar que en medio de nuestros inacabables quehaceres toda persona debe hacer constantemente una pausa separando un día para Dios. / ¿Para qué toda persona debe hacer constantemente una pausa separando un día para Dios? / Basado en el mandamiento que hemos leído, les voy a explicar algunos objetivos de hacer constantemente una pausa separando un día para Dios.

 

El primer objetivo de hacer una pausa separando un día para Dios, es:

I.- PARA RECORDAR QUE ÉL ES EL CREADOR.

La palabra “santificó” en la frase “Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (v. 11), describe a una decisión de Dios, con respecto al día siguiente que terminó toda la creación del universo, pero no es una palabra que requiera un profundo análisis teológico para poderla entender, pues lo que simplemente quiere decir es que ese día Dios “lo separó” para imponerle por lo menos al ser humano que también separe un día después de cada seis, para acordarse de que Él es el Creador.  Así que cuando el mandamiento dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (v. 8), lo que está diciendo es que usted se acuerde que el día siguiente después de cada seis días de trabajo, hay que “separarlo”. ¿Separarlo para qué o para quién?  En el mismo mandamiento Dios explica a los israelitas que el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios”.  Es claro que ese día de tu descanso de trabajo, ni siquiera es el día para la familia, sino que el mandamiento establece que es “para Jehová tu Dios” porque Él es el Creador, aunque al mismo tiempo usted puede estar con su familia.

Salomón, el rey de Israel que tuvo la gracia de ser un hombre sabio, siendo muy reflexivo, observador, y analítico, fue inspirado a escribir especialmente para adolescentes y jóvenes, el siguiente mandato-consejo que dice: Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Eclesiastés 12:1).  Es en la edad de la juventud cuando es más probable que uno se enajene de Dios.  Muchas iglesias de cualquier denominación, están más llenas de gente adulta de edad avanzada que de jóvenes.  Dios quiera que tales iglesias que sirven a los propósitos de Él, no desparezcan en los próximos años, por la falta de jóvenes que no se acordaron, ni les interesa acordarse de que el Dios revelado como Jehová a los israelitas, es el Creador.

Amados creyentes en Jesucristo, hoy si bien la mayoría de los que aquí estamos somos adultos, no estamos tan lejos de la juventud, ¿verdad?  Todavía es el tiempo para que nos enfoquemos en Dios, eso sí no cada semana sino todos los días, pero de manera especial un día a la semana, como distintivo de que cada uno de nosotros  reconocemos que el Dios de Israel Él es el Creador.  Todos los miembros de la familia que hoy nos recibe en esta su casa, acuérdense de su Creador, del Creador.   Haga usted una pausa en su tiempo de trabajo o ritmo de vida de cada semana, y enfóquese en Dios.

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El segundo objetivo de hacer una pausa separando un día para Dios, es:

II.- PARA AGRADECERLE LA CONCLUSIÓN DE UN CICLO DE TRABAJO.

Sin embargo, no solamente cada semana se puede separar un día.  Entre los israelitas se celebraban fiestas especiales de adoración, como es el caso que leemos en el libro del Éxodo, que dice: “Tres veces en el año me celebraréis fiesta. / La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. / También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. / Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor” (Éxodo 23:14-17).

De estas tres fiestas, solo haré una observación con respecto a la primera que es la fiesta de la pascua, que duraba siete días enteros.  De la segunda fiesta, la fiesta de la siega (también conocida como fiesta de las primicias), se tenía como consigna entregar con devoción “los primeros frutos de tus labores” (v. 16a).  Pero de la tercera fiesta, la fiesta de la cosecha que se celebraba “a la salida del año” (v. 16b), quiero que observen que se llevaba a cabo, ¿en qué momento?: “cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo” (v. 16b); es decir, al final de todo el trabajo realizado que cierra el ciclo de un trabajo terminado.

Así que estimados propietarios de esta vivienda doña Ilda Pérez Martínez y familia, estimado don Ismael, y todos aquellos que han intervenido en los trabajos realizados como los ingenieros, arquitectos, el contratista, los albañiles, peones o ‘secres’, plomeros, eléctricos, y enlozadores, etc…, hoy estamos haciendo una pausa en nuestro rudo trabajo de cada día, de toda la semana, y de todos los meses, al haber separado o santificado un tiempo para Dios, quien tan merecido lo tiene.  Él es quien ha dado recursos, inteligencia, fuerza, y pericia a cada uno para que esta construcción haya llegado hasta el punto en el que ahora se encuentra, pues con toda razón dice también un salmo, que: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan las que la edifican” (Salmo 127:1).  Es gracias a toda provisión de Dios que se avanzan nuestros proyectos.

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El tercer objetivo de hacer una pausa separando un día para Dios, es:

III.- PARA ENFOCARNOS EN SU HIJO JESUCRISTO.

No está demás decir que Dios mismo con el paso de los siglos, con tal de que centremos nuestra atención en su Hijo Jesucristo, ahora el día que debemos separar siempre para Dios, no es el séptimo día (el sábado), sino que es el primer día de la semana, el domingo (tampoco es el lunes), porque lo que Dios quiere que ahora tengamos más en cuenta además de que Él es el Creador, es que su Hijo Jesucristo es el Salvador.  En los evangelios contamos con el relato de la vida, ministerio, muerte y hasta resurrección de Jesucristo, que nos indican que la muerte de Jesús ocurrió un día viernes a las tres de la tarde (cf. Mateo 27:45-50).  Se puede decir que el sábado fue para Jesús un día de reposo porque el cuerpo de Jesús yacía sin vida en el sepulcro pero habiendo acabado su comisión de dar la vida para satisfacer la demanda de la justicia de Dios para pagar por los pecados de los seres humanos.  Entonces comienza el relato de la resurrección de Jesús que ocurrió en lo que para nosotros es el domingo antes de amanecer, pues dice la historia que: “Pasando el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana” (Mateo 28:1; cf. Juan 20:1) unas mujeres descubrieron que Jesús había resucitado.  Así fue que la resurrección de Jesús cambió el séptimo día de la semana por el primer día de la semana para conmemorar la resurrección de Jesús, lo cual tiene muchas implicaciones con respecto a la salvación de nosotros los pecadores.

Desde aquella resurrección de Jesús vemos que sus discípulos más cercanos (o sea, sus apóstoles) comenzaron a reunirse desde aquel primer día en el que Jesús se les apareció donde estaban reunidos.  El único que faltó en aquella primera ocasión fue Tomás. A la siguiente semana, otra vez estaban reunidos cuando Jesús se les aparece de nuevo, ahora estando Tomás presente con ellos.  Luego muy pronto leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, que las diversas comunidades cristianas que se estaban multiplicando en todo el imperio romano en muchas ciudades más allá de Jerusalén e Israel, se reunían el primer día de la semana.  En la ocasión que el apóstol Pablo se despide de los creyentes de la ciudad de Troas, dice San Lucas que fue el primer día, pues dice: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos…” (Hechos 20:7).  También en el caso cuando el apóstol Pablo envía su primera epístola a los Corintios para instruirles cómo deben hacer para la recolección de una ofrenda para los creyentes necesitados de la ciudad de Jerusalén, les dice que: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga apare algo, según haya prosperado,…” (1 Corintios 16:2).  El antes séptimo día, ahora es el primer día de la semana, en el que los creyentes comenzaron a hacer una pausa de sus agitados días de trabajo para separar un día para conmemorar a Jesucristo.

Estimados presentes, vale la pena que en esta pausa que hoy hemos hecho, y que seguro haremos todos muchas veces más durante nuestra vida, recordemos a Jesucristo como aquel que dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar” (Mateo 11:28).  No tiene caso que usted se tome pausas diarias o semanales si usted no se enfoca en Jesucristo para el verdadero descanso que se toma el alma.  No solamente nuestro cuerpo necesita descanso, sino también nuestra alma.  Tal descanso para nuestra alma ni siquiera proviene de los señores ministros del evangelio, tampoco de los mejores sicólogos que la gracia común de Dios nos provee desde las universidades, sino la gracia de Jesucristo quien llama para hacernos “descansar” de los trabajos, cansancios, cargas, tristezas, decepciones, y demás problemas que hacen sufrir a nuestra alma.

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El cuarto objetivo de hacer una pausa separando un día para Dios, es:

IV.- PARA PENSAR EN EL REPOSO ETERNO.

En su momento, el mandamientos enfatizaba: “mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Éxodo 20:10); y luego argumenta la razón por la que Dios estableció este mandamiento, diciendo que Él: reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:11).  Pero tal reposo semanal para nosotros, siempre nos resulta insuficiente ¿no es cierto?  Hay quienes además del sábado por la tarde y el domingo entero, se toman hasta los lunes ¿no es verdad?, y anualmente ¿no hasta exigimos como un derecho los días de vacaciones establecidos según la Ley Federal del Trabajo de nuestro país?.  Aun juntando todas nuestras vacaciones, y aun cuando se comienza a gozar el período de jubilación y uno tiene el resto de su vida para no ocuparse exclusivamente al trabajo, hace falta más descanso ¿no es esto cierto también?  Afortunadamente hay un reposo del cual habla la palabra de Dios, del cual vale la pena que separemos un tiempo frecuentemente para pensar en ello.  Se trata del reposo eterno.

Para hablar sobre este asunto voy a introducir un texto bíblico más que no difiere del mandamiento que estamos tratando, sino que aborda una de sus implicaciones que tiene que ver con la eternidad.  El texto es algo extenso, del cual podría hacer no un solo sermón, sino toda una amplia serie de sermones, pero en este momento, solamente lo voy a leer y hacer algunas observaciones necesarias.  Se trata de la epístola a los hebreos, cuyo autor dice: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. / Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. / Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. / Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. / Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. / Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, / otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. / Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. / Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. / 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. / 11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:1-11).

Estimados creyentes en Jesucristo, el verdadero espíritu de separar un día de reposo semanal para santificarlo, no consiste en el formulismo religioso de formar parte de una liturgia eclesiástica ortodoxa semanal, donde la gente observe nuestra fidelidad, o solo aparente fidelidad por si los demás días vivimos olvidados de Dios.  El verdadero espíritu de separar un día para Dios es recordar que los que hemos creído entramos en el reposo” (Hebreos 4:3), y mientras esperamos ese día “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:11).

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CONCLUSIÓN: Estimados anfitriones, muchas gracias por haber abierto sus corazones antes que a nosotros, al santo evangelio de Dios. Un día, y hasta un momento de sincero encuentro con Dios es edificante para la vida de toda persona.  Es más, después de cada encuentro con Dios, uno es bendecido, y uno no puede ser la misma persona, pues ocurren desde el fondo del alma efectos personalizados que se hacen evidentes en la conducta de una persona.  Siempre se podrán ver los frutos genuinos en la vida de una persona que no vive solo para sí misma sino que Dios por medio de Jesucristo es el enfoque de su vida.  Dios les conceda a ustedes una prosperidad espiritual que a todos nos hace mucha falta.  Dios reciba la gratitud que hay en sus corazones por haberles concedido ver realizada esta construcción, sueño que un día tuvieron solamente en sus mentes.  Dios reciba siempre de ustedes una pausa constante en sus vidas para enfocarse en Él, y en nuestro Salvador y Señor Jesucristo.