Sep 16

UN ANIVERSARIO TRISTE, Por: Diego Teh.

UN ANIVERSARIO TRISTE

1 Corintios 3:1-9; 1 Tesalonicenses 1:2,3.

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Bosquejo predicado por el Pbro. Diego Teh, en la congregación “Siervos de Jesús”, de Celestún, Yucatán, el domingo 16 de septiembre 2018, a las 19:30 horas, con motivo de su ¿XVIII? aniversario como congregación, y ¿XXXVII? desde sus inicios.

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   INTRODUCCIÓN: El 13 de abril 2013, el presidente de la iglesia adventista mundial, Ted N. C. Wilson, en la ciudad de Michigan, E.U.A, donde 150 años atrás en 1863, se organizó oficialmente la iglesia adventista, predicó un sermón ante una gran multitud de delegados de dicha iglesia la cual ese año contaba con unos 17 millones de feligreses, a quienes les dijo: “Este es un aniversario muy triste”.  Según un comunicador de su propia denominación, lo que él estaba proponiendo es: Basta de aniversarios[1].  No pretendo transmitirles el sermón de Ted Wilson, que por cierto no conozco ni sé si existe el texto completo, pero aquella frase: “Este es un aniversario muy triste”, aunque su denominación había crecido tanto desde sus inicios en 1863, debió haber tenido razones ciertas y bien fundamentadas para afirmar tal declaración.  Pero, esto de los aniversarios tristes, no solamente fue y es una realidad de los adventistas, sino creo que también otras confesiones cristianas también tienen aniversarios tristes.  Estoy seguro que también la iglesia presbiteriana en sus centros misioneros, en sus congregaciones, en sus iglesias, en sus presbiterios y demás cuerpos eclesiásticos también tenemos aniversarios tristes.  Pero, no pensemos más allá ahora, pensemos en nosotros.  ¿Qué piensa usted acerca de nuestro aniversario de hoy aquí en nuestra histórica congregación? Digo histórica porque no inició ni siquiera hace cinco años, porque solo como congregación ya llevamos 18 años, y desde sus inicios ya han pasado más de 35 años.  Por eso, precisamente, ¿no será también uno de esos aniversarios tristes?  Este momento de acción de gracias, sin duda que los adornos, el ornato, la música, el culto, la comida, las visitas, los cantos selectos que se han entonado y se entonarán, son factores de alegría, pero aun así podría ser un aniversario triste. Para diagnosticar nuestro aniversario, decidí predicarles hoy este mensaje al que le puse por título: UN ANIVERSARIO TRISTE.  No me vayan a mal entender.  No es que la iglesia esté triste, pues la iglesia disfruta en el fondo del alma de cada uno de nosotros, la alegría que procede del mismísimo corazón de Dios.  Lo que podría estar triste es el aniversario, aclaro, no la iglesia.  Lo que estoy diciendo es que una iglesia aun alegre por Cristo y en Cristo por su obra que está realizando en nuestros corazones, podría al mismo tiempo tener un aniversario realmente triste porque los que pertenecemos a esta iglesia no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo en la proclamación del evangelio del reino de Dios.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar que hay ocasiones que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes. / ¿Cuáles son las ocasiones cuando las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes? / Permítanme compartirles algunas de estas ocasiones en las que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente tristes.  Aclaro, quizá no sea verdad entre nosotros, sino solamente en otras iglesias.  Pero, mejor escuchemos con actitud de reflexión para ver si no hay uno o más indicadores que diagnostiquen nuestro aniversario como triste.

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   La primera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

I.- CUANDO RECORDAMOS A PERSONAS QUE INICIARON LA OBRA, PERO NOSOTROS NO COLABORAMOS TRABAJANDO EN LA OBRA.

   En un artículo titulado: Tendencias y Énfasis de la Iglesia Evangélica, escrito por el pastor de la iglesia presbiteriana “Shalom”, de Mérida, en el que hace una observación que me parece correcta, dice: “Es común escuchar de congregaciones o misiones que celebran su aniversario número 15 o 20 como congregación y hacen una gran fiesta.  Lamentablemente, no pueden ver la tristeza que deberían tener por no haber llegado a ser constituidos como Iglesia en tantos años.  Nuestra tendencia es celebrar el pasado y no ver hacia al futuro”[2].  La verdad, muchas veces nos emocionamos por la antigüedad, sin evaluar si hay retroceso, estancamiento, o avance.  Entonces, ¿qué celebramos?  La reseña histórica lo dice todo, solo celebramos el pasado recordando fechas y personas a quienes sentimentalmente apreciamos mucho.  Si por lo menos celebráramos el presente, lo que haríamos hoy es recibir nuevos miembros, o reseñar cuáles fueron realmente los logros alcanzado durante este último año, es informar a cuántos hemos alcanzado con el evangelio de Cristo.  Los nombres que escuchamos en las reseñas, se han vuelto solo historia que ni siquiera nos beneficia mucho escucharla, porque a final de cuenta si algo verdaderamente debe ser la fuente de nuestra motivación no es una reseña sino el poder de la palabra de Dios.

   Escuchar la historia nos alegra, pero lo que debería entristecernos es que muchos de nosotros, ojalá si me equivoco, y que sea solamente pocos de nosotros, es que no estamos apoyando apropiadamente la extensión del evangelio, ni tenemos el mismo fervor con el que ellos iniciaron la obra en este lugar.  Es más, si alguno de ellos todavía vive, es probable que abandonaron la fe, o no tienen el ánimo pronto que tuvieron en su momento.  Ya no son ni siquiera ejemplo para nosotros.  En su epístola a los Corintios, el apóstol Pablo, explica que cada uno tiene una manera particular de apoyar la obra de Dios.  Considerando que él había iniciado entre los Corintios la proclamación del evangelio, y que otro siervo de Dios había pastoreado a los creyentes que se convirtieron tras la proclamación de Pablo, les explicó diciendo: “Yo planté, Apolos regó…” (1 Corintios 3:6), y no importando quién lo haya hecho, si Pablo, o Apolos, u otros, debido a que cada quien solo aporta una parte del trabajo, les explica también que: nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).  Por eso, así como los hermanos que iniciaron la obra de Dios aquí en este lugar hace muchos años, no fueron más indispensables que nosotros, sino que ellos en su momento hicieron su parte, pero ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte. No podemos celebrar el éxito de ellos en el pasado, si nosotros no hacemos lo que ahora nos corresponde.  Esto es lo que hace que un aniversario sea triste.

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   La segunda ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

II.- CUANDO RECIBIMOS A MUCHOS INVITADOS, PERO NO SON EL RESULTADO DE NUESTRO TRABAJO.

   Es verdad que estamos compartiendo nuestra alegría de que la gracia de Cristo nos ha conservado en la fe y en la salvación hasta el día de hoy y que siempre lo hará hasta el día que nos lleve con él.  Los invitados son gozosos testigos de nuestra gratitud.  Todo esto también nos llena de profunda alegría válida y real.  Pero lo que nos debe dar tristeza es que, terminando el culto de acción de gracias, ya no los veremos con frecuencia o quizá hasta el próximo año, porque ellos no son el resultado de nuestro trabajo que desempeñamos en este lugar.   No es malo invitar a otros creyentes, incluso hasta a los que han comenzado a simpatizar con el evangelio y hasta con nuestra iglesia, pero lo que debe resaltar en un aniversario es la evidencia del resultado del trabajo realizado en los últimos 365 días del año.  Hoy dentro de la alegría de una fiesta de aniversario, deberíamos sentirnos también tristes porque al concluir un año más de trabajo, no hay muestras suficientes de logros alcanzados.  Entonces, ¿qué celebramos? ¿No es solamente los logros del pasado? ¿No deberíamos entregarle al Señor, logros o resultados en esta celebración?  Desde luego, no está mal celebrar un aniversario, cuando hay trabajo llevado a cabo con resultados evidentes actuales para testificar a nuestros visitantes.

   Cuando el apóstol Pablo exhortó a los Corintios para que estén firmes y constantes, les dijo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).  El apóstol Pablo les encomienda a los Corintios, que sigan “creciendo en la obra del Señor”, lo cual es un reconocimiento de que aquella iglesia, a pesar de los pecados y divisiones que algunos de ellos practicaban, la mayoría de ellos estaban ocupados “en la obra del Señor”, y sus obras hechas con unidad estaban dando resultados evidentes.  Cuando san Pablo les dice que su “trabajo en el Señor no es en vano”, era porque los resultados se podían ver en el aumento de creyentes que se unían a la iglesia, y en la transformación de vida que estaba ocurriendo en la vida de quienes lo único que antes sabían hacer era pecar, pero ahora estaban glorificando a Dios.  No se emocionaban solamente por recordar el fervor con el cual se inició con ellos la obra de Dios, sino que al estar unidos colaborando con Dios, los resultados no se tenían qué rebuscar, pues eran evidentes.  Es también a esta obra con resultados a la que se refirió Jesús cuando al comparar a los discípulos con los pámpanos de una uva en el cual aparecen no pocos, sino muchísimo frutos, les dijo: mi Padre es el labrador. / Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 1:1b, 2); y luego les dijo enfáticamente: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).  ¿No es este “mucho fruto” que Dios estará esperando hoy de nosotros, para que entonces Él sea “glorificado”? ¿No será que nuestro aniversario no le está glorificando?  Uff, eso sería lo triste.

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   La tercera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

III.- CUANDO SOLO CELEBRAMOS EL PASADO O AUN EL PRESENTE, PERO NO PLANEAMOS PARA EL FUTURO.

    El pastor Wilbur Madera, en el mismo artículo que les mencioné al principio, explica con certeza, y tiene razón, que: “el futuro no es tema de discusión en muchas iglesias; sobre todo el futuro a largo plazo.  La reflexión y planeación de muchas Iglesias sólo llega hasta el futuro inmediato: la próxima semana, el próximo mes, y en el mejor de los casos, el próximo año. Muy pocas iglesias tienen una estrategia bien definida para afrontar el futuro y avanzar el reino de Dios”.   Por ejemplo, hoy es una alegría para esta iglesia recordar la historia de nuestros inicios en este lugar, y por ello aprendemos acerca de la importancia de trabajar en la obra de Dios con fe, entusiasmo, amor, y fervor como lo hicieron los que iniciaron esta obra.  Es una alegría para esta iglesia presentar el día de hoy resultados, aunque pocos o mínimos, corroborando que nuestro trabajo “no es en vano” (cf. 1 Corintios 15:58), porque ha bendecido vidas humanas en esta bella comunidad.

  Pero, después de hoy, ¿hacia dónde vamos? ¿qué nos proponemos lograr?  Usted ¿estará dispuesto a hacer su parte para alcanzar metas para los siguientes años si Dios nos concede vida y el honor de continuar su ministerio aquí en este lugar?  Sería una tristeza que todo termine hoy en este aniversario, y el fervor y la alegría que ahora tenemos en esta celebración, se acabe con el último Amén que se diga en este culto, o todo el fervor de este momento se acabe cuando usted ponga un pie hacia la calle para regresar a casa.  El proverbio que en la RV60 dice: Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18), la NVI lo traduce con un énfasis igual de correcto, pero más preciso, diciendo: Donde no hay visión, el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18; NVI).  La visión es necesaria para toda iglesia, sino sus resultados serán una iglesia desenfrenada y extraviada de su misión.  Hará cualquier otra cosa, y un sinfín de actividades, pero no hará lo que verdaderamente debe estar haciendo.  Por eso, lo importante en un aniversario, es tener visión para el futuro, pero si después de este culto, no hay una visión a seguir y alcanzar, entonces el próximo año, sin duda que tendremos un aniversario triste.

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   La cuarta ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

IV.- CUANDO EL ANIVERSARIO NOS PARECE RELEVANTE, HABIENDO DESCUIDADO LA ADORACIÓN BASTANTES DÍAS DEL SEÑOR.

   Se supone que nos unimos a la iglesia, entre otros deberes, para reunirnos a los cultos de adoración, especialmente el día del Señor, o sea, el domingo, el primer día de la semana.  ¿No es el día en el que se recuerda la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo?  Pero, si los domingos ordinarios en los que no tenemos una festividad especial, usted no llega al culto, ni estuvo llevando el evangelio ni sirviendo en nombre de Cristo en algún lugar o alguna persona, entonces dejó de ser importante y relevante para usted el día del Señor instituido para reconocer su resurrección después de haber dado su vida para nuestra salvación.  Pero, como hoy es el aniversario de esta iglesia, y usted se enteró, entonces vino al culto, pero no sé si lo hará fielmente durante los siguientes 52 domingos del año.  ¿No le parece que muchos le dimos tanta relevancia a este culto de acción de gracias por ser de aniversario, pero antes muchas veces hemos menospreciado otros muchos días de adoración también de gran relevancia para nuestra vida y para la vida de esta iglesia, en los cuáles usted no se presentó?  Esto es lo triste de un aniversario. Ojalá si de hoy en adelante, usted va a mejorar su asistencia a la adoración.

   Todos los creyentes nos ponemos felices cuando alguien que no había estado en cultos anteriores, por fin ha venido a un culto.  Hoy no es la excepción.  A todos por igual se nos ha dicho hoy que somos bienvenidos a este culto y a esta iglesia.  Pero, no seamos ocasionales, sino seamos constantes en la adoración.  Jesús fue muy claro en este punto cuando platicó con la mujer samaritana junto a un pozo en las afueras de la ciudad de Sicar.  Una de las verdades que él resaltó cuando le dijo a la samaritana que: el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:24), es que Dios está buscando adoradores.  Una de las razones principales para la cual Dios nos llamó a la fe en su Hijo Jesucristo, es para que seamos sus adoradores verdaderos.  Es verdad que esto lo podemos hacer todos los días en cualquier lugar, incluyendo también que le podemos adorar hasta en nuestros hogares, sin embargo, el día del Señor, es día de adorar juntos como iglesia.  Pero, ¿dónde estuvo usted todos los más de 26 domingos del año (medio año) en los que no se presentó a adorar a Dios aquí con nosotros?  Esto es lo que hace triste un aniversario, porque si es aniversario sí lo queremos, pero si son otros cultos sabatinos o dominicales de adoración, no lo queremos.  ¿No es contradictorio, y allí está lo triste?

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, no ha sido mi intención rechazar el aniversario que hoy estamos celebrando.  También hay motivos legítimos de acción de gracias que debemos resaltar en este momento. Por ejemplo, Dios ha sido fiel con esta su iglesia desde sus inicios hasta el día de hoy.  Dios salvó y llevó a su gloria eterna a todos los verdaderos creyentes que militaron en esta iglesia.  Dios ha sido quien ha conservado en la fe desde el más antiguo creyente desde hace más de 35 años como a los que llevan menos tiempo en la fe.  Sin embargo, al rendir gracias a Dios, también debemos rendir a Él los frutos de nuestra labor.  Nos alegra y regocija la obra que Dios está haciendo en nosotros, y con nosotros; pero es triste cuando no hacemos y cuando dejamos de hacer la obra de Dios que nos ha sido encomendada.  Si Dios nos permite el siguiente aniversario, en 2019, que se el aniversario que vale la pena.   Dios bendiga a todos los presentes.

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[1] https://news.adventist.org/es/todas-las-noticias/noticias/go/2013-04-14/basta-de-aniversarios-dice-wilson-en-el-sermon-del-concilio-de-primavera/

[2] https://descubriendolaverdad.wordpress.com/2013/10/22/tendencias-y-enfasis-de-la-iglesia-evangelica/

Sep 16

DEBES DARTE UN DESCANSO, Por: Diego Teh.

DEBES DARTE UN DESCANSO

Salmo 127:2.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 16 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: En los tiempos que trabajé bajo la supervisión de diversos jefes, encargados, o supervisores, escuché un sinfín de ocasiones, a veces por broma y amabilidad, pero a veces también por abuso y maldad, que a algún compañero y a mí también, que hiciéramos algún trabajo adicional mientras nos tomábamos nuestro justo y necesario descanso.  La frase popular era: Haz esto o aquello mientras descansas.  ¿Alguna vez le han hecho así a usted, o usted lo ha hecho a alguien?  Esta manera de pensar sostiene la idea que trabajar es bueno y que descansar es malo.  Y muchas personas cristianas, haciendo a un lado la palabra de Dios, igual, piensan que descansar es malo, por eso ni el día del Señor descansan de sus labores, ni en su día oficial ‘de descanso’. Por eso, difícilmente los veremos en las iglesias, si acaso, solo en ocasiones especiales, o quizá ni en esas ocasiones.  El trabajo los consume.  Pero, por otra parte, también hay los que piensan que trabajar es malo, y prefieren evitarlo, dedicándose solamente al ocio o al descanso. Esto también está mal.  Desde luego que tanto trabajar en exceso como descansar en exceso, no son actitudes sanas para nadie, aunque no sea cristiano, y menos para los que somos cristianos.  La verdad bíblica es que tanto el trabajo como el descanso son buenos si se hacen para la gloria de Dios.  Es por eso que la propuesta del mensaje que se comunica en el título es: DEBES DARTE UN DESCANSO.

   A propósito de descansar, el texto bíblico que les expondré en este momento es el Salmo 127:2 que dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  ¿Levantarse de madrugada? ¿A qué hora sería? Quizá entre cuatro a cinco de la mañana.  ¿Irse tarde a reposar? La palabra tarde aquí no indica el período de la tarde que va desde la una de la tarde a las seis de la tarde, sino realmente se refiere a la noche como hora tardía para dejar el trabajo quizá después de las siete u ocho de la noche, o más noche todavía.  Trabajar en exceso no es apropiado para ninguna persona, por lo que este texto recalca la importancia de tomarse después del trabajo, tiempo para descansar lo suficiente tanto cada día, así como un día cada semana.  Trabajar, sin duda que es importantísimo por muchas razones, pero descansar también tiene su propia importancia, su propia medida de tiempo, y hasta los momentos

   En el mensaje de este momento les voy a predicar que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana.  / ¿Cuáles son las razones esenciales para que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana? / A continuación, les voy a compartir algunas razones esenciales para ello.

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   La primera razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

I.- PORQUE DESCANSAR ES UNA NECESIDAD.

   Trabajar es desgastante tanto de energía como de fuerzas.  Llega el momento cuando el cuerpo para quienes trabajan con esfuerzo físico, al trabajar con sobre esfuerzo, las articulaciones sufren desgastes.  E incluso quienes realizan trabajos que no requieran esfuerzo físico, porque su trabajo mayormente consiste en el uso de la mente, igualmente el cerebro llega a un punto de agotamiento, que se manifiesta en cansancio, fatiga, sueño, etc…  Son señales tanto del cerebro como del cuerpo, de que hay necesidad urgente de tomarse un descanso.  Muchas veces, una pequeña siesta, o hasta cantar una canción, caminar unos cuántos minutos, etc… pueden ser reparadores para retomar el ritmo del trabajo del día.  Qué decir cuando ya terminamos nuestro turno completo de trabajo.  Ni el cuerpo ni el cerebro quieren seguir trabajando.  Si los forzamos a trabajar, inmediatamente sentiremos la fatiga correspondiente.  Dios nos hizo para necesitar sueño y descanso. No hacerlo suficiente es rechazar su gracia común que ha dispuesto para nosotros.  Igualmente, Dios estableció que después de cada seis días de trabajo, todos deberían tomarse un día de descanso.  No es mi intención abrir un debate acerca de si se debe descansar el sábado o domingo, o si es válido descansar cualquier otro día de la semana.  Hasta este punto, lo único que quiero enfatizar es que nadie debe extremarse en trabajar más horas diarias que lo que corresponde a su turno, ni más de seis días por semana a menos que haya alguna compensación inmediata y sistemática como los que trabajan 24×24, o 13 días y 2 de descanso, etc…

   Por supuesto que entre los tiempos dedicados al descanso, uno puede hacer algunos detalles que serán una completa necesidad, pero todo el tiempo que debe ser para descanso no debería dedicarse a llevar a cabo algún trabajo. Después del turno de trabajo, quizá sea necesario ir al súper o a la tienda, ir a hacer un pago o un retiro en el cajero, o banco; y sin duda que será absolutamente prepararse la cena, y lavar los trastos que se usaron.  En una ocasión que unos fariseos se quejaron contra Jesús porque sus discípulos fueron vistos cosechando o arrancando espigas en algún momento de un día de descanso, Jesús les explicó a los fariseos que en casos de necesidad y urgencia no hay problema, aunque sea día de descanso, pero no hay que extremarse porque es el día de descanso.  Pero, luego les afirmó también que: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Marcos 2:27).  ¿Qué quiere decir esto?  Que Dios diseñó, y estableció el día y los momentos de descanso, absolutamente para beneficio de una persona que durante el día o días previos ha dedicado horas o días al trabajo.  El reposo, sea de un día o por momentos cortos o breves, “fue hecho por causa del hombre”, o sea para que descansemos.  No el hombre fue hecho para trabajar durante el día o tiempo que corresponde al reposo.  Usted necesita tomarse tiempo para descansar cada día, así como cada semana, de preferencia el día domingo que legalmente y hasta bíblicamente se ha establecido como día de descanso para los trabajadores.

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   La segunda razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

II.- PORQUE LA FAMILIA NECESITA NUESTRO TIEMPO.

   Pero, el trabajar con exceso de horas de trabajo, mas la suma de tiempo que a uno le lleva para trasladarse del trabajo a la casa, hace que uno llegue a casa totalmente exhausto, teniendo tiempo y ganas a penas para tomarse los alimentos, darse un buen baño, para tomar la decisión de irse a la cama o la hamaca según el caso.  Uno pierde la consciencia de que la familia necesita por lo menos un mínimo de tiempo para una charla o para una actividad familiar juntos, pero por haber trabajado en exceso de horas, ahora uno no está dispuesto a invertir su tiempo con la familia.  Aquí ya nos creamos otro problema.  Pudimos haber llegado más temprano a casa, pero por no pararle a tiempo al trabajo, ahora estamos exhaustos, de tal manera que sacrificamos el tiempo para la familia para entonces en el mejor de los casos descansar, y en el peor de los casos, para levantarnos al día siguiente con la sensación o realidad de no haber descansado bien.  En este caso, la familia ya ha sido afectada, al disminuir con ellos la convivencia, y hasta la comunicación.

   Normalmente una persona está fuera de casa entre 8 a 10 horas diarias.  De lunes a viernes serían unas 50 horas de trabajo en el cual no estamos con la familia.  El sábado unas 8 horas más.  Pero, si usted está fuera de casa más de las normales 58 horas, tomándose hasta 70, 80, o más horas semanales para trabajar, y llega a casa cuando todos están durmiendo, ¿qué tiempo les va a dedicar a su familia?  Desde luego, que solo por haber llegado y estar presente no significa que se les ha dedicado tiempo, sino que se requiere dedicarles tiempo de calidad, es decir, de conversación, de hacer cosas juntas, etc…   Es por eso, que también se hace necesario descansar del trabajo, a tiempo.  Por ejemplo, en cuanto a la dedicación de tiempo para los hijos y la enseñanza de los deberes para con Dios, en su momento Moisés les enseñó a los israelitas: “Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 11:19).  Naturalmente, hay que trabajar, pero si uno no se toma a tiempo el descanso del trabajo para estar en casa con la familia, ¿cómo enseñaremos a nuestros hijos en un tiempo sentados en la casa? ¿Cómo andaremos con ellos en algún lugar, y aprovechar el tiempo para influenciarlos con las verdades de Dios?  No dudo de que te acuestas en casa, pero es probable que sin haberles dedicado tiempo.  Tampoco dudo que te levantas en casa, pero no pensando en tu familia, sino en la prisa que tienes por irte al trabajo, porque te ganó el sueño y despertaste tarde, precisamente porque ni siquiera descansaste bien, pues quizá intentando descansar no lo lograste por quedarte mirando en la televisión algo que ni siquiera te era provechoso.  Pero, ya amaneció, y ya es tarde, y ni modo hay que ir al trabajo.  Ya veremos si al regresar le dedicamos tiempo a la familia, sino será otro día, y así se repite viciosamente el ciclo de descuidar a la familia por no descansar del trabajo en el tiempo adecuado.

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   La tercera razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

III.- PORQUE SE OBEDECE EL MANDAMIENTO DE DIOS.

   En primer lugar, debemos recordar que Dios hizo toda su obra de creación durante solo seis días, y en cuanto al séptimo día, nos relata Moisés en su primer libro, diciendo que: acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. / Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:2,3).  Si Dios “reposó” cesando de crear, siendo Dios, ¿cuánto más nosotros que solamente somos seres humanos, necesitamos del descanso?

   Con el tiempo, especialmente a su pueblo escogido, los israelitas, les dio la orden conocida como el cuarto mandamiento, suficientemente claro e inequívoco, cuya letra dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. / Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; / mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. / Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).  Este mandamiento, tiene como finalidad descansar para que con el descanso semanal sea conmemorado que hay un Dios que es el Creador de todo cuanto existe.  El descansar después de seis días de trabajo es una obediencia que glorifica a Dios, porque así le exaltamos a Él como Dios y como Creador.

   Como una observación adicional, este cuarto mandamiento es el único de los diez mandamientos que no se vuelve a ordenar en el Nuevo Testamento cuando después de la resurrección de Jesús, todos los que se hicieron discípulos de él, dejaron de descansar el séptimo día, pero no dejaron de descansar un día a la semana, sino solamente comenzaron a ocupar el primer día de la semana para conmemorar la resurrección de Jesús (cf. Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2).  Desde entonces, hasta ahora casi dos mil años después de su resurrección, los cristianos se toman el primer día de la semana para descansar, lo cual también es una decisión y profesión de obediencia a Dios, no solo para reconocerle como Creador, sino también para reconocerle como Salvador juntamente con su Hijo Jesús.  Nadie considere como cosa poco importante apartar el domingo, primer día de la semana para descansar de las labores cotidianas, con el fin de ocuparlas primero para sintonizarnos con Dios, en compañía de nuestra familia.  Eso fortalece la vida, armonía, compañerismo, comunicación, y fe familiar, y demuestra obediencia a Dios, autor del necesario descanso para nuestro bien, el bien de nuestra familia, y para obedecerle a Él.

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   La cuarta razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

IV.- PORQUE REPRESENTA NUESTRA SALVACIÓN EN CRISTO.

   Una de las razones para tomarse el descanso semanal, de preferencia, y en virtud de nuestra relación espiritual con Dios, es para conmemorar el reconocimiento de ser Él el Creador, y por obediencia a su cuarto de los diez mandamientos.   Pero, descansar ahora, tiene que ver con nuestra salvación en Cristo.  Quiero indicarles que el descanso semanal en el Antiguo Testamento, apuntaba al descanso eterno libre de trabajos, problemas, y preocupaciones.  El apóstol que escribió la epístola a los Hebreos, explica a los creyentes en Jesucristo:Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. / Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. / Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:9).  Este reposo, al que se refiere, corresponde a la esperanza de ser recibido por Dios en su gloria eterna, luego de una transformación de todo nuestro ser para no sentir ni sufrir las miserias, dolores, enfermedades, y problemas que enfrentamos ahora aquí en la tierra por causa de la presencia del pecado que alcanzó a nuestra naturaleza.  Un día entraremos a ese reposo eterno.  Mientras tanto, cuando descansamos para la gloria de Dios, conmemorando su derecho de Creador, y recordando la resurrección de Jesús, estamos manifestando que anhelamos el verdadero descanso que Dios dará un día a todos los que creen en su Hijo Jesucristo como su Señor y Salvador.

    Hablando de Cristo, el mismo apóstol les dice a los creyentes Hebreos: “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:12). ¿Qué es esto de que Cristo “se ha sentado”?  Fue la manera apostólica de explicar que Jesús también ha entrado al inicio del reposo eterno, pues él también habiendo sido ser humano, se la pasó trabajando para cumplir la ley de Dios, y habiéndolo obedecido por nosotros hasta morir también por nosotros, fue resucitado, y llevado al cielo, para así inaugurar el reposo eterno, simbolizado por el estar “sentado a la diestra de Dios”.  Es por eso, que cuando descansamos de nuestros trabajos cotidianos el primer día de la semana, representamos así que amamos nuestra salvación en Cristo quien nos está conduciendo al reposo eterno que tanto necesitamos los seres humanos por causa del pecado.  Nuestro descanso, comunica y evidencia nuestra confianza en la salvación y reposo eterno que esperamos en Cristo.

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   La quinta razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

V.- PORQUE PODEMOS DEDICAR TIEMPO ENFOCADO EN DIOS.

   Descansar, no necesariamente significa no hacer nada.  En el contexto del que he estado hablando, descansar es solamente dejar a tiempo el trabajo con el cual nos ganamos el pan de cada día, para entonces hacer algo que nos supere de manera personal, para dedicar tiempo a nuestra familia, y para tener un devocional con Dios cada día.  Como ven, descansamos del trabajo ordinario cotidiano, sin embargo, siempre hay algo que hacer para provecho personal, para provecho de la familia, y para asuntos de adoración a Dios. Afortunadamente, muchos tienen el beneficio de descansar los sábados desde la mañana, o solo por la tarde, y aprovechan hacer todas estas cosas importantes que, si uno se la pasara trabajando todo el día sábado, uno se lo perdería.   Pero, transcurre la semana, transcurre el sábado, y llega el domingo, el primer día de la semana, el día de Señor.  Entre los no cristianos, dicen: hoy es mi día de descanso; y ¿saben qué?, literalmente hay quienes se las pasan acostaditos, levantándose solo para tomar los alimentos, y en muchos casos solamente para organizar una fiesta familiar habitualmente programada o la fiesta habitual que cada semana organizan con los amigos, solamente para comer y tomarse mucha bebida alcohólica, si es que no comenzaron su pachanga desde el día anterior.  Es comprensible que a ellos no les interesa nada de Dios, porque ya lo dije antes, no son cristianos.

   Pero, en nuestro caso, no es así.  Somos cristianos, ¿verdad?  Seguimos las enseñanzas del evangelio, ¿verdad?  Algunos que dicen ser cristianos, cuando llega el domingo, al no haber descansado bien por la tarde y por la noche del día anterior porque prefirieron ver películas a altas horas de la noche o madrugada del domingo, o porque también se fueron de pachanga, o aun si hubiesen descansado bien, se proponen por negligencia y voluntad propia, vivir como si no fuesen cristianos, programándose levantarse a horas avanzadas de la mañana, a las diez o a las once de la mañana.  Literalmente, se tomaron extremadamente que es su día de descanso, olvidando que, según la palabra de Dios, es el día de descanso pero de trabajar para sí mismos y para la familia, porque es el día del Señor para lo cual hay una responsabilidad de trabajar para Dios desde el amanecer hasta el anochecer.   Nuestra Confesión de fe de Westminster, en su capítulo 21, párrafo 8, con respecto a lo que uno se debe dedicar el día de reposo.   La confesión dice: “Este día de reposo se guarda santo para el Señor, cuando los hombres después de la debida preparación de su corazón y arreglados con anticipación todos sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo descanso durante todo el día de sus propias labores, palabras y pensamientos acerca de sus empleos y diversiones mundanales; sino que también dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública y privada, y en los deberes de caridad y de misericordia”.  El énfasis es este: “dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública y privada, y en los deberes de caridad y misericordia”.  Entonces, ¿por qué despierta usted casi al medio día cuando usted pudo acudir a su iglesia a la adoración de las nueve o diez de la mañana, en el que también pudo haber participado hasta en un estudio bíblico?  Evidentemente, usted no se enfocó en Dios.  Su descanso solo fue una de sus vanidades de la vida, porque un descanso de trabajar, sin dedicar el día para Dios, no es el verdadero propósito del descanso.  Un descanso que no glorifica a Dios, es solamente una vanidad que evidencia el egoísmo de vivir para uno mismo.  Si ese es su caso, recuerde usted que el apóstol Pablo les comparte a los Filipenses su convicción personal, diciéndoles que: “para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21), ya sea de lunes a viernes, incluso sábado, pero también el domingo.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, aprendamos a descansar del trabajo para la gloria de Dios, dedicando nuestros momentos diarios de descanso para nuestro provecho personal, y para fomentar la armonía, comunicación, y convivencia con la familia.   Aprendamos a descansar para la gloria de Dios, dedicando nuestro día de descanso para los deberes propiamente de nuestra fe cristiana (obviamente, excepto los tiempos propios y necesarios para dormir, comer, y asearse). Mucho mejor si es acompañado de toda la familia.  Aprendamos a descansar, evitando trabajar innecesariamente en exceso,

I.- PORQUE DESCANSAR ES UNA NECESIDAD,

II.- PORQUE LA FAMILIA NECESITA NUESTRO TIEMPO,

III.- PORQUE SE OBEDECE EL MANDAMIENTO DE DIOS,

IV.- PORQUE REPRESENTA NUESTRA SALVACIÓN EN CRISTO, y

V.- PORQUE PODEMOS DEDICAR TIEMPO ENFOCADO EN DIOS.

     Recordemos las palabras del Salmo 127, que dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  Hay que tomarse, no opcionalmente, sino obligatoriamente los tiempos de descanso diario, y dominicalmente necesarios de manera integral para nosotros, para la familia, y para Dios.  Hacer esto, le glorifica a Él.

   Que Dios nos conceda hermosos tiempos de verdadero descanso, en espera de entrar al verdadero y eterno reposo al que Dios nos está conduciendo.

Sep 09

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD (II), Por: Diego Teh.

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD, (II)

 Hebreos 11:24-28.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 09 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 09 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN:  En el mensaje anterior, les dije que: “Hebreos capítulo 11 es un capítulo bastante hermoso que tiene que ver con la vida de personas que se mantuvieron fieles en el servicio a Dios que en su momento les correspondió”; pero en esa fidelidad y servicio que prestaron a Dios, todos ellos tuvieron que desechar de su vida muchas cosas que no valían la pena en consideración con lo que esperaban de Dios tanto aquí en la tierra como después en la eternidad.  Esperaban nada menos que “la ciudad que tiene fundamentos” (Hebreos 11:10), esperaban “el galardón” de Dios (Hebreos 11:26b).  Esperaban a Dios y a su Cristo.

   Para nosotros en la actualidad, esperamos lo mismo con respecto a lo eterno, y se nos exhorta a hacer lo mismo que todos aquellos antiguos temerosos de Dios hicieron para enfocarse en lo eterno.  ¿Qué hicieron para enfocarse en lo eterno?  Después de la larga lista de los considerados héroes de la fe, mencionados en el capítulo 11, inmediatamente a nosotros se nos dice: “nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1).  Sí, la instrucción es clara: “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia”.  Sin duda que el pecado es la primera cosa pesada contra lo que estamos luchando para que no nos impida servir a Dios, pero también hay otras muchas cosas pesadas que no nos conviene cargarlas, sino que es necesario despojarnos de ellas.  ¿De qué cosas se habrán despojados los antiguos?

   En el texto bíblico que leímos, se relata las experiencias de Moisés, un gran siervo de Dios, que vivió unos hace unos 3,500 años, y hallamos que en su caso tuvo que deshacerse, despojarse, o renunciar ciertas cosas que le hubieran sido un estorbo si su decisión era realmente servir a Dios quien le llamó para servirle, y enfocarse en lo que es eterno.  Basado en su caso, voy a predicarles que, una persona que enfoca su vida en lo que es eterno, debe necesariamente despojarse de los estorbos terrenales cuando se presenten en su vida como oportunidades. / ¿Cuáles son los estorbos terrenales de los cuáles una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ellos, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno? / Permítanme compartirles algunos de estos tremendos estorbos terrenales que podrían perjudicar hasta al más aparentemente consagrado cristiano, por lo que por eso es mejor despojarlos de nuestra vida.

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   El primer estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

I.- EL PODER PREPOTENTE.

   Una de las primeras descripciones que leemos acerca de Moisés es que: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón” (Hebreos 11:24).  Ser el hijo de la hija de Faraón, le ponía en posibilidad de incluso ser heredero del trono imperial de Egipto.  Si eso no fuese posible porque hubiese otro heredero legítimo, hijo propio del Faraón, entonces, por lo menos tendría otra función en buena posición que le aseguraría no solamente buenos ingresos por estar en la familia real, sino que también le aseguraría el uso del poder para someter a la gente de su reino e imperio.  Así lo hacía su ‘abuelo-padre’ el faraón, padre de la muchacha que lo adoptó.  Así lo habían hecho algunos de los faraones que les precedieron.  Y si Moisés seguía escudado bajo la tutela de aquella familia, aun mientras su ‘abuelo-padre’ era el legítimo faraón, él tendría que hacer uso de su poder prepotente en contra de los israelitas, su propia raza y familia.  Y sin duda que iba a ser obligado por su propia función en servicio del rey egipcio, a tratar de manera prepotente y servil en primer lugar en contra de los israelitas, pero también a los propios egipcios, y en realidad a cualquier persona.  Pero, antes que cometer tal obra de injusticia contra los suyos, y hasta contra los extraños (los egipcios) que Dios usó para preservarle la vida, prefirió renunciar a su derecho de apellido, de dinastía, y de poder.

   Amados hermanos, muchas veces en el trabajo que uno desempeña, le es confiada la administración de muchas cosas, la supervisión de personal de trabajo.  Uno tiene la autorización y poder para administrar y supervisar, siempre y cuando sea en beneficio del dueño, de la familia, o de la organización para la cual uno trabaja.  Pero, si un poder superior corrupto, ordena que uno haga algún tejemaneje ilegal, en el cual uno perdería su honestidad, su buen testimonio de ser cristiano, e incluso uno perjudicaría a otras personas al tomar decisiones incorrectas por ejecutar órdenes injustas; lo mejor es renunciar antes que ser involucrado en casos injustos, incluso ante la justicia, y salir culpable por obedecer órdenes perversas.  Eso fue lo que a tiempo hizo Moisés, y salió limpio, y agradable delante del Dios que le llamó a servirle.  La persona que está enfocando su vida en lo que es eterno, no debe procurar ser una gran persona poderosa con el fin de causar daño a sus semejantes.  Cuando alguna circunstancia le presente a usted ésta indigna posibilidad, lo mejor es renunciar porque hacer semejante prepotencia no es agradable delante de Dios.  Cuando somos puestos en alguna responsabilidad somos puestos por Dios para servir a los demás. Nuestro Señor Jesucristo, así lo hizo antes que usar su poder con prepotencia.  A sus discípulos les dijo a manera de observación y recordatorio: “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27).

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   El segundo estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

II.- LOS DELEITES DEL PECADO.

   Acerca de la decisión de Moisés al rehusarse a llamarse hijo de la hija del Faraón, o sea de su renuncia a su inminente posibilidad de ejercer poder o autoridad sobre personas que pudieron haber sido los suyos a quienes por ello pudo haberles causado daño, leemos que su decisión fue: “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25).  Seguir bajo los criterios egipcios, sin duda que eso le garantizaba “gozar de los deleites temporales del pecado”.  No es que Dios no esté de acuerdo que uno disfrute lo sano de la vida y de sus generosidades.  Sino lo que no es sano que uno tenga como fuente de su gozo es el “PECADO”.  Todo lo que sea pecado.  Apropiadamente el apóstol explica que ciertamente son cosas que uno podría gozar.  Uno podría gozar un dinero ilícito.  Uno podría gozar sexo prohibido.  Uno podría gozar una venganza pendiente.  Uno podría gozar algo que fue un robo.  Uno podría gozar otras muchas cosas, pero mientras ello sea un fruto o una manifestación de entrega al “PECADO”, no deja de ser todo ello, únicamente “deleites temporales”.   Moisés, se dio cuenta por la gracia de Dios que mucho de lo que podría erróneamente gozar solamente serían los “deleites temporales del pecado”, y al darse cuenta de lo dañino y peligroso que todo ello era para él, prefirió despojarse, deshacerse, renunciarlos, para que todo ello no fueran estorbos en su decisión de servir a Dios y enfocar a su vida en lo que es eterno y que más vale la pena.

   Amados hermanos, sepan esto: Hay deleites no temporales sino esencialmente eternos, deleites que valen la pena porque de verdad porque no traen gozo falso sino verdadero, deleites que no son fruto del pecado sino de la provisión de Dios.  Estos son los deleites que debemos procurar buscar en nuestra vida.  David un rey que vivió unos 600 años después de Moisés, antes de renunciar a los “deleites temporales del pecado”, cometió inmoralidades y otros pecados, pero cuando se dio cuenta de lo dañino y ofensivo que todo ello era para Dios, él se arrepintió, y se dio cuenta que hay un gozo más apropiado que se debe anhelar.  Se llama: El gozo de la salvación.  David, había perdido ese gozo, pero al darse cuenta que lo temporal solo causa más insatisfacción en la vida, oró a Dios diciéndole: “Vuélveme el gozo de la salvación” (Salmo 51:12a).  Nosotros también deberíamos desear, obtener, y permanecer en este “gozo de la salvación”.  Pero eso, hace necesario que renunciemos a los “deleites temporales del pecado” como hicieron Moisés y David.  Pero nuestro mejor ejemplo es nuestro Señor Jesucristo, de quien nos dice el autor de la epístola a los hebreos que Jesús: “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15b).

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   El tercer estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

III.- LAS RIQUEZAS SIN CRISTO.

   Ahora, también observemos en nuestro texto bíblico que Moisés “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26).  Una de las grandes renuncias que Moisés hizo fue “los tesoros de los egipcios”.  Aunque no era el dueño, o el administrador, tendría derecho de vivir de ello por ser casi un faraón, por la adopción que hiciera de él la hija del faraón.  Iba a ser como el junior consentido, que sin duda tendría acceso a derecho no escaso sino abundante de las finanzas de la tesorería egipcia.  En un antiguo documento egipcio conocido como Enseñanzas para Merikare, último de los faraones de la X dinastía, más o menos de la época de Abraham, su padre Jety VII[1], le aconseja lo siguiente: Deberás pagar muy bien a tus funcionarios públicos, para evitar la corrupción y tener el poder de exigirles honradez[2].  Solamente con esta instrucción, imagínese qué bien pagados estaban los funcionarios, y el faraón debería recibir mucho más, y no hay duda que sus familiares en servicio recibirán un buen sueldo.  Aunque con Merikare, se acabó la X dinastía faraónica de los tiempos de Abraham, y 500 años después en los tiempos de Moisés, la dinastía reinante era la dinastía XIX, pero la política económica para beneficio de los gobernantes y sus funcionarios no era nada menor sino seguramente más abundante con sus respectivos incrementos constantes.  Así que Moisés podría tener un futuro de riquezas abundantes y hasta quizá extravagantes aseguradas de por vida, pero también lo renunció.  Sería un estorbo para el plan de Dios para su vida y servicio a Dios.

   La descripción apostólica acerca de Moisés dice claramente que él tomó esa decisión: “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo”.  En otras palabras, su mayor riqueza fue Cristo en quien esperaba, aunque todavía faltaban unos 1500 años para que viniese a nacer y hacer su ministerio aquí en la tierra.  Esto indica que él estaba pensando en la eternidad, en lo eterno, y en el eterno, porque Cristo es El Eterno que vendría de la eternidad.  Otra razón de Moisés que describe porque prefirió a Cristo y no a las riquezas de los tesoros egipcios, fue porque “tenía puesta la mirada en el galardón”.  Y el galardón real en el que él tenía puesta la mirada no era ni siquiera la tierra prometida que en unos años después sería entregado por Dios a los israelitas, pero esto no era eterno, pues era solamente un bien inmueble que Dios les prestaba para vivir.   El galardón que él miraba era eterno, era su entrada al eterno cielo de Dios donde la vida es perfecta y totalmente centrada en Dios.  Por eso Moisés, como quiso enfocarse en lo eterno y no en lo terrenal, decidió por ello despojarse de las riquezas terrenales que solamente le serían un estorbo en su servicio a Dios y en espera de El Eterno y los bienes de la eternidad.  De qué le hubiese servido el tener a su disposición todos los tesoros de aquel antiguo poderoso imperio egipcio, si él mismo hubiese hecho a un lado a Cristo de su esperanza eterna.

   Amados hermanos, Jesús nuestro Señor, enseñó acerca de la necesidad de renunciar a las riquezas como objeto de confianza.  Por supuesto que no está mal tener dinero, bienes, y propiedades, etc… pero no pueden ser la seguridad del ser humano, mucho menos de uno cristiano que se enfoca en lo eterno.  Jesús dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24; Lucas 16:13), y también dijo con certeza que: el engaño de las riquezas ahogan la palabra” (Mateo 13:22). En otro momento dijo a sus discípulos: “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Marcos 10:24; cf. Lucas 18:24). Así que las riquezas podrían no ser la mejor opción para el cristiano, a menos que las riquezas sean consagradas al servicio de los planes de Dios.  Moisés analizó bien su caso, y tomó la mejor decisión para él.  Hoy nos toca a nosotros no confiar en el dinero, los bienes, y otras riquezas, haciendo un lado a Cristo.  Las riquezas no son malas en sí, pero deberíamos tener a Cristo como la mejor riqueza para nuestra vida, y las riquezas terrenales pueden ser consagradas también a su servicio juntamente con nuestra vida personal.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, sin duda que hay otras cosas de las cuales es necesario que uno se despoje o las renuncie.  Si hemos decidido enfocarnos en lo que es eterno, entonces necesariamente hay que despojarse “de todo peso” dice el apóstol, o sea, de todo estorbo.  Pueden aparecer como oportunidades, pero serán solo tentaciones para desviarnos de nuestro enfoque.  Las palabras instructivas del apóstol de despojarnos “de todo peso y pecado que nos asedia”, es un llamado a estar alertas en nuestra vida.  ¿Qué es lo más importante para usted? ¿Lo que es temporal, o lo que es eterno?  Recordemos todos que debemos mirar siempre hacia la eternidad, a Jesús, El Eterno, y su correspondiente galardón igual de eterno disponible para los creyentes para toda la eternidad.

   Dios nos ayude a no perder el enfoque de nuestra vida con respecto a la eternidad celestial.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Merykara

[2] https://www.sdpnoticias.com/sorprendente/2014/04/02/consejo-de-faraon-egipcio-buenos-sueldos-a-funcionarios-publicos